Hacer cosas por los demás hace feliz —y por qué hemos donado un desfibrilador para nuestro pueblo

¡Hola colegas!

Hace tiempo que no me paso por aquí. Mi tiempo de escritura lo estoy dedicando últimamente a una pequeña guía que publicaré en breve donde explico de forma muy sencilla cómo poder ahorrar en la factura de la luz (¡la guía definitiva para no regalar nuestro dinero a las eléctricas! 🙂 ).

Donación de desfibrilador de INTERLEMON al Ayto. de Cehegín. 11 de marzo de 2020. Centro Cultural Adolfo Suarez.

Donación de desfibrilador de INTERLEMON al Ayto. de Cehegín. 11 de marzo de 2020. Centro Cultural Adolfo Suarez. De izq. a dcha.: Juan Martínez, Alicia del Amor y Francisco Abril.

Pero no quería dejar pasar la ocasión de compartir unas reflexiones con vosotros respecto al tema, a veces muy polémico, de las donaciones realizadas por empresas a entidades sin ánimo de lucro.

Como algunos de vosotros sabéis (muy pocos, al ser una actividad mayorista que pasa desapercibida al no requerir instalaciones físicas para ser realizada —nuestra herramienta es el teléfono, el ordenador y el coche), desde 2013 «en la familia» explotamos una pequeña y humilde empresa comercial. Somos lo que en el mundillo se conoce como brokers comerciales especializados en cítricos ecológicos: compramos por un lado naranjas a fincas y almacenes (principalmente en Andalucía) y por el otro lado vendemos a otros almacenes o a industria de zumos en la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana. Nuestra unidad mínima de compra o venta es de un trailer (veintitantos mil kilos). El año pasado (2019) facturamos aproximadamente 1,2 millones de euros (operamos en venta directa por encima de 3,5 millones de kilos de naranja y unos 8 millones en venta indirecta), moviendo entre cobros y pagos poquito más de 3 millones de euros (somos muy pequeñitos, como digo).

Lo cierto es que en esta familia, cada uno a su estilo, siempre hemos tenido cierta vocación por los demás (el mayor de los hermanos con su dedicación política, el resto con nuestras acciones privadas —somos donantes de sangre, de médula, colaboramos con UNICEF, con Cruz Roja y yo tengo un placer especial por ayudar a los demás a hacer su vida más próspera, ya lo sabéis por los vídeos de mi canal de Youtube, jeje). Así la cosa, hace unos meses en una comida familiar (que son también consejo de administración de la empresa, jajaja), planteamos la posibilidad de destinar parte del beneficio del año a hacer un bien social, por ejemplo en forma de donación a alguna entidad, algo que a todos nos pareció una magnífica idea.

Semanas atrás en mi barrio habíamos tenido un caso de urgencia: un vecino, mientras comía en un conocido restaurante de la zona, comenzó a sufrir un ictus. Afortunadamente un familiar que compartía mesa con ellos es profesional sanitario y rápidamente identificó lo que pasaba, acudió a un centro cercano a por un desfribrilador para poder usarlo mientras venía la UCI móvil y así minimizar el daño cerebral que esta parada podía ocasionarle. Aquello me dejó pensativo.
También sabéis que estoy muy identificado con las enfermedades relacionadas con la obesidad (esta fue una de las motivaciones de mi tesis doctoral) que desemboca en enormes problemas cardiovasculares. Entre unas motivaciones y otras pensamos que dotar al Ayuntamiento de nuestro pueblo de más desfibriladores era una acción que podía resultar extremadamente útil —hemos de tener en cuenta que en una parada cardiorespiratoria, 30 segundos más o menos a la hora de actuar puede ser la distancia entre la vida y la muerte, o entre la vida normal o la vida con terribles secuelas (por el daño que la ausencia de oxigeno ha podido hacer en el cerebro).

Realmente lo ideal sería que al menos cada edificio público y cada coche de policía contase con un desfibrilador. En grandes empresas es obligatorio desde hace un tiempo y son cada vez más los lugares (en Madrid, por ejemplo, los tenemos en el metro), donde ves los desfibriladores para que cualquiera pueda usarlos en caso de urgencia.

Así que decidimos informarnos y comprar de momento uno (más su cabina) para donarlo. La semana pasada mis padres (socios de la empresa) hicieron la entrega a las autoridades municipales (en la foto de arriba aparece mi padre haciendo la entrega a las autoridades del Ayuntamiento de nuestro pueblo).

Aparte de la cuestión del crecimiento personal que se logra haciendo cosas por los demás (es evidente que hacer cosas por los demás nos ayuda a alcanzar la plenitud en la vida: lo hacen las grandes fortunas, siempre pongo de ejemplo la filantropía de Bill y su mujer Melinda Gate, o los misioneros que dan su vida por los demás en países lejanos, o voluntarios al lado de casa…), no sería franco por mi parte dejar de hacer notar que las donaciones también conllevan unas ventajas fiscales.
Cuando haces una donación (como persona física o como empresa), no es que dejes de pagar impuestos por hacerla, ¡como algunos piensan cuando hablan de Amancio Ortega! Yo lo veo como una forma de elegir uno mismo a quién o qué va destinado el dinero que de una u otra forma vas a tener que pagar en el impuesto de sociedades; en realidad pagas el 100% de lo que donas, pero luego te ahorras un 30% en el impuesto, por lo que lo donado te cuesta un 70%: si donas una cosa que cuesta 100€, en realidad es como si te hubiese costado 70€ porque 30€ te los vas a descontar de lo que tengas que pagar en el impuesto de sociedades. Es algo así como decir: «Señores de Hacienda, sé que tengo que pagar tropecientosmil euros de impuesto (nosotros unos 25.000€ este año), pero en lugar de dárselo todo a ustedes le voy a dar un poquito a tal o cual organización porque me siento identificado con su misión, y el resto para vosotros». Está claro que si alguien hace esto no es por el ahorro fiscal, porque no te ahorras tanto, pero la idea resulta fascinante: decidir en qué se va a destinar el dinero de nuestros impuestos(*).

Desde aquí animo a todas las empresas a considerar esta vía de las donaciones como una forma de hacer un «bien social». Es cierto que podríamos haber hecho la donación de forma anónima, sin dar ninguna publicidad (aunque en nuestro caso concreto la Ley marca que debía discutirse en un pleno municipal), pero decidimos hacerlo sin opacidad por si nuestro ejemplo anima a otras empresas a hacer algo similar; está muy bien patrocinar un equipo de fútbol o las fiestas del barrio, pero este tipo de donaciones (u otras destinadas a aumentar el potencial de los niños, a la salud, al bienestar de nuestros mayores…) creo que aportan una gran utilidad a nuestro entorno social —personalmente creo que poder salvar la vida a alguien o contribuir a un futuro mejor para un niño (regalándole un ordenador portátil, por ejemplo) es bastante útil y gratificante.

En mi obsesión por la transparencia y la sinceridad (que tantos problemas me trae en mi día a día), tenía ganas de contar la historia —por si alguien se había montado alguna paja mental sobre por qué hacíamos la donación 😅.

Espero que nunca haya que usar el desfibrilador (creo que lo van a instalar en el Centro Cultural Adolfo Suarez), pero si alguna vez hay que usarlo será gratificante saber que nuestra donación fue útil para ayudar a alguien.

¡Abrazos!
Angel.

(*) El texto que hace referencia a las donaciones a entidades sin ánimo de lucro es la Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo. Ahí encontraréis cómo operativizar una donación.




¡Gracias 2019! —y un autodiagnóstico de felicidad 🤔😅

Angel y Ventura en la cumbre del Buitre (04ENE20) - Gracias 2019 —y autodiagnosis de felicidadEsta Nochevieja tenía mucho que celebrar. Lo comentaba hace unas semanas con unos colegas mientras estábamos de cerveceo por Murcia, que hacía años que no celebraba Nochevieja pero este año sí tenía motivos para hacerlo. Realmente 2019 ha sido un año insuperable para mí —aunque quizá no haya sido excepcional en términos absolutos, sí lo ha sido en términos relativos por comparación con los anteriores donde tuve algún que otro altibajo.

Hace unas semanas tuve la ocasión de conversarbreves minutos con mi colega F. Hacía bastante tiempo que no hablaba con él. Durante muchos años fue uno de mis mejores amigos; supongo que en cierta forma para mí lo sigue siendo aunque entiendo que yo no para él, lo digo por el hecho de que ni él ni gran parte de su familia me saluda desde que escribí mi primer libro «Personalidades múltiples…» (las cosas de los pueblos). Yo sí les saludo a ellos, ¡líbreme Dios de negar el saludo a alguien!, pero ellos no me saludan a mí. Los psicólogos llaman a este tipo de conductas ostracismo (negarle el saludo a alguien, ignorar su presencia, no colaborar con alguien en el grupo…) y hay que tener cuidado porque la víctima del ostracismo, si no tiene recursos suficientes para hacerle frente, puede pasarlo mal por agresión a su autoestima (afortunadamente no es mi caso, procuro cada día trabajar para tener las reservas de capital psicológico altas y así poder soportar estos embates). La cuestión es que durante nuestra fugaz conversación, F. me sorprendió afirmando que «yo hacía lo que hacía porque era un infeliz en la vida, y esta infelicidad la estaba descargando contra personas inocentes».

Esta pensamiento de mi amigo F. provocó cierta disonancia en mi consciencia. Por un lado, F. decía que yo era un infeliz, pero por otro, mantengo la creencia de que estoy pasando por una época especialmente buena en mi vida (estabilidad personal sumada a logros y superación frecuente de pequeños retos). Así que no me quedó otra que ponerme a reflexionar.

Hace unos años dediqué varios meses al estudio del concepto de felicidad. Definiciones hay muchísimas. Recomiendo especialmente los trabajos del psicólogo premio Nobel de Economía Daniel Kanheman —aquí una interesante conferencia TED en 2010 sobre el tema.

Y tras dedicar algunos ratos de rumia, hasta ahora mi diagnóstico es que actualmente tengo bastantes motivos para ser feliz, especialmente en este 2019, por las siguientes razones:

Mi familia está bien:
Tanto mi padre como mi madre son los mayores de sus hermanos. Ambos han pasado ya los 70. Aunque con los achaques de la edad, en general están bien de salud. A mi padre le operaron del colon hace varios años y afortunadamente solo quedó en un susto (nos asustó mucho, pero quedó ahí). Mi madre tuvo un percance hace tres años (resbaló y se rompió el pie por tres o cuatro sitios) y se recuperó milagrosamente pudiendo caminar de nuevo en menos de un año (tras una operación donde le metieron un montón de «hierro» dentro, eso sí 😅). Todos mis tíos y tías por parte de madre y padre están vivos y todos mis primos están bien (aunque a mi tío Antonio y a mi tía Encarna les han operado recientemente, todo les ha salido bien); en la fase de la vida que nos pilla, esto es un gran motivo para estar feliz. Se lo digo a mis padres de vez en cuando: papá, mamá, somos muy afortunados por tener tanta salud. Yo pienso en esto cada día y me pongo feliz.

Trabajo por placer:
Tengo pendiente escribir un libro sobre ello, sobre la libertad o independencia financiera. Gracias a una gran dosis de suerte y a mi habilidad y estrategia en la vida, desde hace unos años puedo decir que he logrado casi la plena independencia financiera. Eso quiere decir básicamente que puedo vivir sin estar obligado a «trabajar» como comúnmente entendemos el concepto de trabajar. La independencia financiera se alcanza cuando con tus ingresos pasivos cubres tus costes fijos y parte de los variables, algo que conseguí hace unos años (con mis propios recursos sin haber heredado nada de mis padres, aún), y se supone que salvo catástrofe, podrás mantener hasta el día de tu muerte. Esto no quiere decir que no trabaje, porque la realidad es que trabajo algunas horas al día en un trabajo «serio» (principalmente como administrador de una empresa familiar) y muchas horas en «otros trabajos», pero lo hago «por placer», no «por obligación», y eso da bastante felicidad (bueno, y no tener un jefe que te toque las pelotas cada día, jejeje). El resto del tiempo lo empleo en estudiar/investigar. Haber conseguido la independencia financiera antes de los 40 años es un motivo para estar muy feliz (dormir tranquilo cada día es lo que más valoro desde hace varios lustros).

Carrera de ratas - Imagen obtenida de: https://latinmoney.net/sal-de-la-carrera-de-las-ratas-antes-de-convertirte-en-una-rata/

Carrera de ratas – Imagen obtenida de: https://latinmoney.net/sal-de-la-carrera-de-las-ratas-antes-de-convertirte-en-una-rata/

Poder desayunar durante una hora leyendo la prensa:
Hace muchos años mi primo Paquico, en una de las muchas visitas que me hizo a Madrid, me comentó que una de sus aspiraciones era poder levantarse por las mañanas y desayunar tranquilamente, sin estrés, sin «una hora a la que entrar a trabajar», mientras leía la prensa. Yo creo que tanto él como yo lo hemos conseguido. Sí, algunos días tenemos que viajar y no lo podemos hacer, pero al menos yo la mayoría de los días tengo el placer de levantarme y poder dedicar alrededor de tres cuartos de hora a desayunar tranquilamente porque de una u otra forma, la realidad es que no tengo que fichar a ninguna hora porque el día me lo organizo yo, y la verdad que tampoco madrugo mucho (como soy búho, suelo acostarme tarde porque mi máxima creatividad es por la noche). Empezar el día sin estrés, desayunando con tranquilidad y sin pensar en los marrones que me esperan me hace muy feliz 😊.

Correr una hora a medio día todos los días:
Cuando estaba metido en la carrera de ratas durante mi primera época en Madrid, recuerdo que pasaba mucha envidia cuando veía a la gente correr Arturo Soria para arriba Arturo Soria para abajo en horas de trabajo. Pensaba que esas personas eran afortunadas por poder correr con el sol. Yo no podía porque, al contrario, trabajaba de sol a sol. Cuando dejé el trabajo en Orange ciertamente esta fue una de las cosas que más valoré: poder salir a correr a la hora que me diese la gana. Y desde el 2007 que dejé aquel trabajo eso vengo haciendo cada día, correr antes de comer para poder disfrutar del Sol que tanto me gusta. Esto me hace muy, muy feliz.

Estadísticas Endomondo - Angel Abril Ruiz

Llevar una vida sencilla:
En mi primera fase en Madrid no pensaba como pienso ahora. Sí, yo también viví la etapa de los veintitantos treintaypocos en la que eres joven, estás fuera de casa y ganas mucha más pasta de la que te hace falta. Esta etapa en la que estas intentando hacerte un hueco en la sociedad y compites por el estatus. Compraba bastantes tonterías. Pero no me duró demasiado. Antes de dejar Orange me di cuenta que para lograr ser feliz (y poder salir de la carrera de ratas), debía minimizar mis necesidades. En realidad yo siempre había sido muy austero desde pequeño así que no me costó demasiado volver al redil del vivir con lo justo y necesario. Mi primer Camino de Santiago Mi primer Camino de Santiago (2003)me hizo entender que para vivir no necesitamos mucho más que las cosas que nos caben en una mochila. Cuando en 2008 conviví durante una semana con una familia de refugiados saharauis en su haima, en Tindouf (Argelia), me di cuenta de lo afortunados que somos por el simple hecho de tener agua corriente. Y otra vez me di cuenta de que no necesitamos tantas cosas para vivir. Intento llevar una vida muy sencilla, sin grandes lujos. Intento reducir mi consumo al mínimo, no por una cuestión de economía doméstica, que también, sino más bien por un respeto a nuestro ecosistema. Campo refugiados Tindouf (2009)Más que reciclar intento no consumir, y cuando no hay más remedio, intento reutilizar. Tener la casa grande (vivo en un apartamento de 60m2), el coche grande (tengo un Fiat Panda), el último modelo de teléfono (tengo una Blackberry del 2009) o muchos electrodomésticos, ropa o stuff puede complicar la vida y creo que aumenta tus preocupaciones (bueno, a no ser que verdaderamente tu poder adquisitivo sea realmente alto y consolidado). Según diversos estudios sociológicos (noticia en prensa), un problema (o error) de la actual clase media (cada vez más difícil de definir) es llevar un nivel de vida por encima de sus posibilidades sensatas. Eso les obliga a vivir como esclavos: trabajar para ganar el dinero que necesitan para poder consumir cosas, la mayoría innecesarias, aunque interesantes cuando se trata de competir por el estatus frente al cuñado, el compañero de club o el vecino.
Por el contrario, una vida sencilla y mínima permite, a mí por ejemplo, no necesitar demasiado dinero y así poder vivir sin estar metido en la carrera de ratas, algo que me hace ser bastante feliz.

Poder ir andando al trabajo:
Otra cosa muy sencilla que me hace feliz desde hace años es no tener que desplazarme cada mañana para ir al trabajo. En algunas etapas de mi paso por Orange (no siempre trabajé en la misma sede) tardaba entre 45 minutos y una hora para ir a la oficina y otros tantos para volver. Sentía que mi vida se escapaba en el transporte. Además, el desplazamiento me hacía empezar el día muy estresado; ya llegabas de mala leche al trabajo, cada día, si no conseguías evitar el atasco. Viví aquello y por eso ahora valoro tanto lo que tengo: poder trabajar desde casa, o ir a la oficina andando o en bicicleta, me hace realmente feliz —soy aún más consciente cuando alguna vez veo los atascos y las caras de los que aún están en la carrera de ratas.

He escrito ya un par de libros y tengo claro cuál es mi propósito en la vida:
Este 2019 he escrito mi segundo libro. La experiencia ha sido muy gratificante. Lleva ya unas 3000 descargas en PDF y no llega al centenar de ventas la edición papel en amazon. Lo de escribir los libros fue un gran hito para mí. Realmente esto es a lo que quiero dedicar gran parte de mi vida, a investigar, a escribir libros y a hacer vídeos en Youtube (que también me genera ingresos pasivos, dicho sea de paso 😉). Como no tengo hijos (ni creo que los tenga), esta será mi forma de dejar mi semilla en el mundo (ya que no se propagarán mis genes, al menos quedarán mis memes). Estos dos libros simplemente han sido un piloto, han demostrado cómo lo puedo hacer y que lo puedo hacer. Tengo un punto en el horizonte y un propósito en la vida y eso me hace feliz.

Ver tu objetivo cumplido:
Uno de los objetivos del libro Manzanas podridas era llegar con su mensaje a los jóvenes que se están iniciando en el mundo de la investigación (a las vacas sagradas ya no hay quien las cambie, digo en alguna ocasión). Por un golpe de suerte, en junio de este año 2019, a las pocas semanas de publicar el libro los organizadores del congreso de predocs del CNIC me invitaron como ponente en las sesiones plenarias para la edición de este año. Para mí esto ha sido cerrar el círculo: tener la oportunidad de contar a decenas (¿cientos?) de jóvenes investigadores lo que me condujo a renunciar a defender mi tesis doctoral y toda la investigación sobre malas prácticas de investigación que realicé a partir de entonces. Esto me hizo muy feliz. Pensar en ello me hizo llorar varias veces de felicidad durante este año.

Limitar los contactos sociales:
Quizá para mi amigo F., como para tantas otras personas, tener una amplia red de amigos/contactos sociales sea una clave para la felicidad. Es cierto que algunos estudios hablan sobre la correlación positiva entre la calidad/cantidad de los contactos sociales y la felicidad, aunque esto depende en gran medida de la personalidad de cada cual. En mi caso nunca he tenido gran cantidad de contactos (soy muy individualista). De hecho, desde joven no he mantenido el contacto con las personas que he ido conociendo. Tengo grandísimos amigos, y cuando los he vuelto a ver hemos comprobado que esa amistad se sigue manteniendo, pero sin la necesidad de contactarnos regularmente. Esto tiene que ver con mi alta dosis de individualismo mezclada con la introversión. Los contactos sociales que mantengo son mínimos. Los contactos sociales me generan estrés. Probablemente dentro de unos años esto me haga infeliz, pero de momento me hace feliz porque puedo dedicar más tiempo a conocerme a mí mismo. No usar wasap es un gran punto para mi felicidad 😉.

Estudiar Psicología:
Llevo estudiando el grado de Psicología desde hace tres cursos. Me encanta conocer el comportamiento humano. Ya estudiando teleco recuerdo que decía que al final de mi vida terminaría estudiando Psicología porque me gustaba mucho observar el comportamiento de la gente y preguntarme el porqué. No es que esté llegando mi final y por eso esté estudiando Psicología, ¡jajaja espero que no!, solamente que para seguir avanzando en mi conocimiento creo que esta fase es necesaria. Tener que hacer exámenes y ponerte a prueba de vez en cuando viene muy bien para seguir sintiéndote joven y vivo y para mantener la autoestima nivelada. Estudiar Psicología me hace feliz (bueno, me hace feliz lo que aprendo y aprobar exámenes, estudiar en realidad no me hace feliz 😂).

Ah, y durante este 2019 he roto una barrera que tenía desde hace más de 15 años y que me ha hecho también especialmente feliz (pero esto es muy largo y os lo contaré en mi autobiografía, no os quiero aburrir más hoy 😜).

Es cierto que puedo ser víctima de algún sesgo psicológico, esos que nos hacen modular la realidad para proteger nuestra autoestima (cambiando nuestra perspectiva, actitudes y juicios sobre las cosas para pintarlas de forma positiva), y en realidad si me sometiera a algún cuestionario para evaluar la felicidad podría resultar que no soy tan feliz como me pinto. De todas formas, si os soy franco, creo que mis hábitos y estado psicológico son muy similares a los que podrían esperarse de un individuo con un moderado estado de felicidad: miro a mi alrededor y no puedo quejarme porque soy (como la mayoría de vosotros) muy afortunado por muchísimas cosas.

Así que por todo esto y algo más, no me queda otra que dar gracias al 2019, un año que me ha hecho especialmente feliz y que muy probablemente nunca volveré a superar. ¡Gracias 2019 por haber sucedido!

Angel.

PDTA: por supuesto que cualquiera de vosotros puede ser plenamente feliz por cosas totalmente diferentes a las mías, e incluso yo mismo, ahora soy feliz por estas, pero hace 10 años lo era por otras y dentro de 5 probablemente serán otras distintas. La felicidad es un proceso muy dinámico que varía cada día, sobre todo por la actitud que tengamos hacia la vida.




Pedí un préstamo para estudiar un master y algunos lo llaman suerte

Twitter es ese sitio donde dices «buenos días» y tienes a 20 que te dan las gracias, 50 que lo leen y no dicen nada y 10 que te increpan e insultan por desear buenos días: porque no tienes derecho a ello, porque eres un superficial, porque atentas contra los derechos de los gusanos de seda o vete tú a saber por qué… ?

En esas estábamos el otro día, comentando un titular del diario Cinco Días que decía: «Un master o un doctorado eleva el salario de un graduado hasta en un 32%», cuando se me ocurrió responder en el hilo diciendo algo así como que «correlación no implica causalidad». Básicamente me refería a que si los profesionales que han hecho un master o un doctorado ganan un 32% más, la causa no tiene por qué ser haber cursado esos estudios, sino que puede ser cualquier otra que también mantenga correlación (personalidades, entorno socioeconómicos, variables culturales…) —es realmente difícil construir modelos que aíslen totalmente la causa de un efecto.

A todo esto, un colega me respondió: «O los de ciencia como tu, que igual tuvo la suerte de entrar en el mundo laboral antes de 2012 y no ha pasado las penurias a las que el resto esta sometido gracias a un par de leyes patrioticas que entraron en vigor ?»
Tuit de Dario Vázquez
Esta respuesta de Dario (por lo que conozco de él, es un gran investigador que trabaja fuera de España), me tocó un poco la fibra. Primero: por achacar al factor suerte lo que alguien consiga o deje de conseguir durante su vida; segundo: por achacarlo también a las «leyes patrióticas».

En el hilo también saltaban otros que decían que: solo los ricos pueden permitirse la educación, o que los niños de papá son los únicos que van a poder estudiar… —interesante punto de vista.

Una de las ventajas de ser una persona multidisciplinar (a ratos soy ingeniero de telecomunicación, otros investigador de ciencias del comportamiento, economista, agricultor, empresario, estudiante, youtuber, escritor, programador, panadero…) es que estás obligado a tener la mente muy abierta, algo que tampoco es complicado al beber de tantos afluentes; otra de las ventajas es que tratas con personas de un rango sociocultural muy amplio, lo que te permite conocer diferentes realidades sociales (y eso enriquece).

Entre todos los entornos donde me muevo, hay uno que me llama especialmente la atención: el de aquellos que consideran que por el hecho de haber nacido en España tienen una mochila llena de derechos incuestionables que papá Estado debe facilitarles —en Psicología este perfil de personalidad suele correlacionar con las llamadas culturas colectivistas, integradas por personas que con mucha facilidad se ven a sí mismas como miembros de grupos y aceptan que haya un poder superior que ordene sus vidas, frente a las personalidades más individualistas: las que se consideran dueñas de su vida y su destino.

Lo cierto es que la frasecita de Dario me ha tenido entretenido mientras corría hoy y pensaba: «Claro, yo he tenido mucha suerte en la vida, por eso tengo trabajo, porque me lo he encontrado todo hecho».

Por esto me gustaría reflexionar en voz alta un poco sobre la suerte que he tenido en la vida, en la que me lo he encontrado casi todo regalado. Empecemos con mis regalos:

Desde pequeño «tuve la suerte» de poder ayudar a mi padre de vez en cuando en el campo y saber lo que era cavar cornejales o irme yo solo a regar cualquier día (mientras él estaba de viaje en su trabajo) o labrar con el tractor o con la mula mecánica, o tirando de las mangueras mientras mi padre y mi tío sulfataban los árboles con la pistola, o estar los fines de semana o por las tardes cogiendo las ramas de la poda, haciéndolas haces, cargándolas en la máquina y llevándolas a casa para tener leña para encender la lumbre el resto del año. Fue una suerte poder hacer esto.

Crecí, y con 16 años, mientras otros chicos pasaban parte de su verano de ocio y en la piscina, unos cuantos amigos más y yo aprovechábamos para trabajar al jornal cogiendo albaricoques; nos levantábamos a las cinco de la mañana todos los días porque durante algunas semanas teníamos que ir en autobús a las fincas donde trabajábamos (Mula, Caravaca), aunque otras «teníamos la suerte» de trabajar en nuestro mismo pueblo y podíamos levantarnos a las cinco y media. Fue una gran suerte poder saber lo que es trabajar muy duro desde bien pequeño y conseguir con mi propio esfuerzo, entre otras cosas, pagar la primera bicicleta de montaña que tuve —y que aún hoy conservo.

Con 18 años me fui a estudiar a Valencia. Durante aquel tiempo mis padres me ayudaron económicamente un poco, aunque «como tuve suerte» conseguí algunos años la beca del Estado. Durante alguno de esos años, en los veranos, «como tuve mucha suerte», trabajé en una fábrica de conservas (pongo aquí un detalle de la consulta de mi vida laboral, que va por 19 años y cuatro meses, que gracias a la firma digital acabo de hacer en tiempo real a la Seguridad Social ?).

vida laboralEn esta fábrica de conservas «tuve la suerte» de que muchas veces se rompía la máquina de poner las tapas a los botes, y yo, como era el más joven (y el nuevo), solía ser el elegido habitualmente para pasar los botes de 5 kilos de tomate, hirviendo, de la llenadora a la cerradora (con dos pares de guantes de plástico puestos, claro). Quemaba tanto aquel invento que entre bote y bote tenía un caldero al lado con agua fría donde poder meter las manos para bajarles un poco la temperatura, ¡qué gran suerte que tenía! Además, si te caía algo de líquido a los brazos, como iba de manga corta, tenía la suerte de poder gritar, total, con el ruido de las máquinas pasaba totalmente desapercibido.

En la fase final de mi carrera (teleco), vi que el boom de las telco parecía que se estaba deshinchando, así que decidí intentar incorporarme al mundo laboral antes de terminar, no fuese a llegar tarde. Me dio por buscar trabajo en todas partes, y tuve la suerte de ser contratado por una multinacional en Madrid. Con 23 años me fui para Madrid, yo solito, con una mano delante y otra detrás, con el dinero justo para poder pagar un mes de alquiler y la esperanza de que mi primer pago de nómina llegase pronto para poder mantenerme. Tuve mucha suerte teniendo el valor de dejarlo todo atrás y aventurarme en aquella gran ciudad.

Durante mis dos primeros años trabajé en un departamento 365x24x7. Hacía noches, fines de semana… y tuve la suerte de ser el responsable de supervisar la red nacional de France Telecom durante la nochevieja del 1999 al 2000 y pasar todos los protocolos para controlar que todo se mantenía en pie durante el «efecto 2000». Trabajar en nochevieja con esa gran responsabilidad, ¡qué suerte!

Mientras trabajaba a turnos, estudiaba para sacarme las dos últimas asignaturas que me quedaban de la carrera. También el trabajo fin de carrera. Tuve la suerte de conseguir aprobarlo todo y así obtener mi primer título.

Para no quedarme atascado, como tenía la suerte de que me quedaban unas horas libres al día y los fines de semana estaba a 400 kilómetros de mi familia, decidí estudiar en la Complu Ciencias Empresariales. Desde 2004 al 2007 estuve levantándome a las 6 de la mañana y llegando a mi casa alrededor de las once de la noche. Trabajaba en Pozuelo, estudiaba en Islas Filipinas (parada de metro de Madrid) y vivía en García Noblejas. Durante los fines de semana y vacaciones tuve la suerte de poder estudiar, también la suerte de no poder viajar a ningún sitio porque todo era trabajar y estudiar —por supuesto que durante este tiempo no tenía becas y yo lo pagaba todo, lógicamente.

Entre el 2009 y el 2010, ya con mi primera empresa creada (porque tuve la suerte de renegar del dinero seguro de una multinacional y emprender mi propio negocio), decidí estudiar un master de gestión en una de las mejores escuelas de negocios del mundo (entre el top 5), en la IE Business School. Entre la matrícula del master, la residencia en Shanghai, los viajes todas las semanas de Murcia a Madrid, de Madrid a Murcia y demás cosas, tuve que desembolsar unos 30.000€ (TREINTA MIL EUROS). Lógicamente no los tenía, por lo que saqué un préstamo. ¡Sí, tuve la suerte de poder sacar un préstamo para pagar mis estudios! Y aún lo sigo pagando. Aquí el detalle de cómo está ahora mismo:

Préstamo ICO

 

Entre todo esto, tuve la suerte de hipotecarme para comprar un piso en Madrid con la que por entonces era mi pareja. Rompimos (¡gran noticia!) y me quedé con su parte de la casa y de la hipoteca. Aquí sí que tuve suerte, porque afortunadamente mis padres pudieron prestarme 800.000 pesetas (4.800€) que me faltaban para poder pagarle a ella su parte. La semana de la firma de la escritura mi cuenta bancaria se quedó tiesa, con 30 euros y la esperanza de que la nómina de ese mes viniese pronto. Recuerdo que en aquella época planificamos un colega y yo una escapada a la montaña y como no tenía ni botas de montaña ni dinero, tuve la suerte de que mi colega me vendió unas botas suyas que ya no usaba y se las compré de segunda mano. ¡Qué suerte tuve por poder comprar ropa y calzado de segunda mano!

Los años pasaron, fundé con otros colegas alguna empresa más, alguna que otra aventura laboral adicional y decidí estudiar un doctorado. Tuve la suerte de no recibir ninguna beca (pagarme yo todos los gastos), además de la suerte necesaria para poder dedicar 4 años de mi vida exclusivamente a los estudios de doctorado (sin ingresar nada) agotando prácticamente todos los ahorros que tenía. ¡Qué gran suerte que tuve! Donde sí tuve realmente suerte es dando con un director de tesis que realizaba prácticas cuestionables de investigación (manipulación fraudulenta de datos), causa por la cual me negué a defender mi tesis ante el tribunal, después de tenerla prácticamente finalizada.

En fin… que como veis, en la vida he sido un niño de papá al que todo se lo han regalado y que todo se lo ha encontrado hecho —ironía, claro ?—. Por supuesto que mi caso no es el único de esfuerzo y perseverancia; afortunadamente el mundo está lleno de personas luchadoras, a las que las cosas no le fueron fáciles y que han conseguido abrirse un hueco profesional en la vida y tener un presente más o menos de plenitud.

Por supuesto que también existe el azar en la vida. Desde que nacemos somos fruto del puro azar: justo aquel espermatozoide entre millones fecundó el óvulo de nuestra mamá y mientras estábamos en el interior de ella decenas de acontecimientos aleatorios (una discusión, que estuvo en una oficina donde la gente fumaba, la enfermedad que tuvo durante el embarazo…) sucedieron y provocaron que nosotros seamos hoy lo que en gran parte somos.

Pero además de esta predisposición genética (algo que es pura «suerte», lo admito), desde el momento que somos seres autónomos podemos elegir qué camino tomar e ir modulando la programación que llevamos insertada. Somos nosotros los dueños de nuestro destino (aparte de la predisposición innata con la que contamos) y la mayoría de veces podemos elegir qué hacer; incluso cuando físicamente no podemos elegir qué hacer, sí que podemos elegir qué pensar y cómo interpretar y asumir la realidad que estamos viviendo (como proponía el doctor Viktor E. Frankl tras su experiencia de años en un campo de concentración nazi).

Afortunadamente llevo unos años estudiando Psicología para comprender los entresijos del pensamiento y el comportamiento humano y eso me permite inferir el cómo y el porqué de muchas actitudes y conductas de las personas con las que me cruzo cada día.

Es increíble que la miopía sea una enfermedad tan extendida en esta sociedad.

¡Gracias por pasarte por aquí!
Angel.

PDTA: cuando sí que tuve auténtica suerte fue cuando de niño me operaron de apendicitis con peritonitis aguda. El cirujano le dijo a mis padres que si hubiesen tardado dos horas más en llevarme al hospital hubiese muerto. Estuve 27 días ingresado. Aquello sí que fue realmente suerte ?.




Lo que nunca antes había contado a nadie sobre mi vida low cost

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Hola chicos!! Hace tiempo que no os cuento nada por aquí. Hoy toca 🙂 .
Quiero hacer un pequeño paréntesis en mi concentración en los estudios de doctorado y elaboración de la tesis, que como muchos de vosotros sabéis, me está haciendo pasar unos meses muy malos, no la peor época de mi vida, porque he tenido alguna peor, pero sí la época en la que psicológicamente me he sentido más herido —humillación, anulación total de mi propia voluntad—, hasta el extremo de llegar a tener crisis agudas de ansiedad que me han llevado a replantearme mi propia existencia en este mundo. Una mala época… pero tenemos que ser positivos!! (ya os contaré con más detalle en un blog específico que he ido escribiendo sobre ello). Así que creo que me viene muy bien desconectar un par de horas y compartir esta reflexión con vosotros 🙂 (por cierto, gracias a todos los que me estáis apoyando en estos malos momentos!!)

 

Citroen 2 caballos Ibiza Love

 

Os cuento. Hoy, aprovechando la visita de Sheila estos días, con la que he charlado largo sobre esto, os voy a contar algo que nunca antes había contado a nadie: las ideas que me llevaron a adoptar mi forma low cost de vida.
Sheila vive en el sur de Inglaterra, en la región de Dorset, y ha recorrido gran parte del mundo. Ha estado unos días de visita en España porque van a comprar una pequeña casa por aquí, donde el clima es mucho mejor que en Portland, su ciudad de residencia actual —como padece de asma, no lleva muy bien la humedad—. Ella ama el Sol, la luz y la libertad, como yo. Ha sido realmente un placer poder charlar con ella 🙂
Durante nuestras conversaciones en los desayunos, nos dimos cuenta que nuestro modo de afrontar la vida coincidía en muchos aspectos, y también nos dimos cuenta de lo raro que a veces esta idiosincrasia de vida podía resultar para la mayoría de personas, aunque parece que cada vez más personas están uniéndose a esta corriente. Esta filosofía que paso a contar, es la que define bastante mi forma de ser desde hace unos años —bueno, más bien, es uno de los pilares de mi vida—, y aunque en mis actos diarios queda reflejada, hasta ahora no la había compartido expresamente con nadie, así que ahora que he reflexionado con Sheila al respecto y lo tengo calentito, creo que estaría genial compartirlo también con vosotros.

La idisosincrasia a la que me refiero la llamo «filosofía de vida low cost». Más o menos por el nombre podéis imaginar de qué se trata, pero no quiero quedarme solo en el nombre, os quiero contar y justificar porqué decidí que esta fuese mi forma de vida (como veréis, no es algo nuevo ni inventado por mi). Quizá por esta forma de vivir, me consta que muchos de vosotros me véis como a un bicho raro (algo que por otro lado, me satisface enormemente 😛 ). No pensad que intento decir que esta forma de vida es mejor que otra —¡seguro que hay otras mucho mejores!—, tampoco quiero convencer a nadie; solo quiero compartir con vosotros porqué yo decidí llevar una vida low cost. Aquí va:

1. La vida es limitada en el tiempo. Cada día que nos levantamos puede ser nuestro último día. Ser conscientes de esto, cada día, nos puede ayudar a otorgar a cada cosa la importancia que realmente se merece. A veces nos preocupamos por gilipolleces que probablemente no tendríamos en cuenta si supiésemos que solo nos quedan dos meses de vida en este mundo (la realidad es que para algunos de nosotros, esto será efectivamente así). No vamos a estar aquí para toda la vida, aunque nuestro legado sí lo estará —algunos dejan su legado a través de hijos (forma inconsciente a la que la biología ha recurrido para conseguir que perpetuemos nuestros genes en el mundo), quizá otros a través de obras físicas o ideas; lo normal es que cada cual intente dejar «un legado» que le haga sentirse realizado.

2. Ser feliz. No hay que ser un lince para escribir esto: cuando somos felices estamos a gusto 🙂 . Nuestros estados corporales y mentales encuentran un bonito equilibrio cuando estamos en felicidad. Ya que la vida es limitada, y ser feliz es tan bonito, tal vez lo más inteligente sería desear ser feliz durante el tiempo que estemos en la vida, ¿no?
Hay decenas de estudios que hablan sobre la felicidad. Daniel Hilbert en su Stumbling on Happiness, Daniel Kanheman en su Thinking Fast and Slow, Sir Ken Robinson en su The Element, Mihaly Csikszentmihalyi en su Flow, nos aportan en algún momento su punto de vista a propósito de este bien tan preciado que es la felicidad. El instituto americano Gallup, con quienes colabora habitualmente el nobel Kanheman, se encarga de hacer encuestas en todo el mundo y de aclararnos un poco más sobre lo que nos hace felices. Los bienes materiales nos hacen felices, es cierto, pero durante un periodo muy corto de tiempo. La habituación a un bien material es rápida y por tanto su efecto en nuestra felicidad es breve —nos habituamos muy pronto a tener el último modelo de Aifon o un coche deportivo—. Otra cosa que nos hace felices es el dinero. El dinero nos hace felices, pero a partir de cierto umbral (una mínima cantidad asociada a los niveles básicos de supervivencia), ya no consigue hacernos más felices.

3. El mundo y los que nos rodean. Pero por encima del dinero, hacer buenas obras por los demás, ser «un buen ciudadano», realizar acciones positivas que sabes que van a tener un impacto a largo plazo sobre las generaciones posteriores, aportan una felicidad más duradera, según ha sido demostrado en diversos estudios. Diríamos que los objetos materiales son como tomarse un Red-Bull, que te da alas en «0,» pero las pierdes también en «0,», y hacer buenas obras por los demás y por el entorno que te rodea sería como llevar una dieta mediterránea, que no te da el subidón, pero te asegura una buena salud a largo plazo 🙂

Así la cosa, con solo estos tres puntos, lo que habitualmente pienso es que si tenemos en cuenta el poco tiempo que vamos a estar en este mundo, y que lo más guay para el conjunto de genes que conforma nuestro cuerpo es ser feliz, lo más inteligente sería intentar ser felices la mayor parte del tiempo, ¿no? El dinero, a partir de cierto umbral, no aporta felicidad, pero sí que podemos crecer en felicidad haciendo cosas buenas por los demás y por el mundo. Haciendo un paralelismo con el mundo del «running», podríamos decir que la felicidad que conseguimos con nuestras buenas acciones por nuestro entorno, es una felicidad de ultrafondo, y la felicidad que conseguimos con bienes materiales, es una felicidad de pista de atletismo 🙂

De esto me di cuenta, digamos, que a partir de los treinta, más o menos. Cuando era más joven —y había leído menos— quizá pensaba de otra forma (cuando somos más jóvenes la motivación de estatus nos hace buscar un hueco en la jerarquía social, y pretendemos éxitos que reflejen nuestra valía ante el resto de personas), pero lo cierto es que los pensamientos, prioridades y deseos cambian a lo largo de la vida, por más que de jóvenes nos cueste reconocerlo, la ciencia ha demostrado que es así.

Buscando el equilibrio tiempo/dinero/felicidad
Recuerdo mis primeros años trabajando en Madrid (Orange), y recuerdo a mis compañeros de oficina, mayores que yo, que me decían que «no iba a heredar la empresa», y me preguntaban porqué trabajaba tanto. Trabajaba hasta tarde en la oficina, buscaba libros para aprender más, y me tiraba estudiando TCP/IP los fines de semana, para conseguir dar soluciones a las necesidades de conectividad a internet de nuestros clientes. Muchos días no salía a comer y me quedaba trabajando en la oficina. Algunos me decían: «Angel, el trabajo envilece» y yo les decía que para mi era todo lo contrario, el trabajo era mi fuente de inspiración y crecimiento personal. En aquel momento, creo que realmente lo era y en muchas ocasiones lo ha sido. Pero llega un día en el que ves que quizá no merece la pena currar tanto; ganas mucho dinero, sí, pero con el coste de dejarte otras cosas en el camino. Por supuesto que el trabajo es necesario, no estoy hablando de eso, y es cierto que hay muchísima gente que su trabajo la hace feliz, porque han encontrado en él «su elemento» y «fluyen» en él cada día. Esto está genial y no deberían cambiarlo por nada, ya que el objetivo de ser feliz, lo tienen cumplido. Pero hay otras personas a las que quizá el trabajo no les hace tan felices, y realmente éstas sí están dejando pasar un tren con vagones llenos de posibles fuentes de felicidad, pero «aguantan» en el curro porque necesitan dinero para mantener su «tren de vida».

La clave en este punto, está en darse cuenta de si todas esas «necesidades» que tenemos, son necesidades reales, básicas, o son necesidades creadas por patrones sociales, quiero decir: como el vecino tiene un Volvo XC60, yo tengo que tener otro, al ser posible el XC60 sport full equipt megachachi; como el vecino ha ido a París de viaje, yo tengo que ir a Nueva York; como mi cuñado se ha comprado el último smartphone de Samsung (el que se quema), yo voy a comprar el Aifon 8…

Las marcas, por supuesto, tienen probablemente la mayor responsabilidad por crear esta necesidad de «gastar» constantemente. Con su obsolescencia inducida, nos hacen pensar que realmente necesitamos el último modelo de cada cosa: necesitamos el último modelo de teléfono o de ordenador o de televisor; necesitamos las últimas zapatillas con suela de mega-super-hiper-gominola, necesitamos el último GPS, necesitamos probar las últimas galletas hiperenergéticas que no engordan, necesitamos… gilipolleces, vamos. Y las marcas están felicísimas con que nosotros entremos al trapo.

Obviamente, para estar a la última en todo, necesitamos mucho dinero, y para conseguir mucho dinero, o somos unos genios, o bien tenemos que trabajar mucho, por lo que nos queda poco tiempo para hacer otras cosas que quizá podrían hacernos más felices. Supongo que ya sabéis hacia donde quiero ir, ¿no?… La clave está en encontrar aquel equilibrio entre dinero y tiempo que consiga maximizar nuestra felicidad.

Consume más, consume distinto, compra, tira compra
Pero esto no siempre fue así. A principios de siglo —y desde el comienzo de la historia humana— consumiamos productos principalmente por necesidad. Necesitábamos una vaca, la comprábamos; rompíamos unos pantalones, los cosíamos, se rompían de nuevo, y los volvíamos a coser; se rompía el Ford-T (bueno, en España años después el SEAT 600), íbamos al taller y lo arreglábamos 50 veces; comprábamos alimentos a los productores de la zona; comprábamos harina y hacíamos nuestro propio pan; hacíamos matanza una vez al año y fabricábamos nuestros embutidos… Y esto era así, consumíamos por necesidad.

Pero en Estados Unidos algo cambió a principios del siglo pasado. Para salir de la crisis de los 20, algunos gurús tuvieron la genial idea de «inventar el marketing» y la manipulación de masas (algunos ven a Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, como el padre de la propaganda y la manipulación), y del marketing vino la diferenciación, estimulando directamente la parte irracional de los individuos y sus necesidades psicológicas fundamentales. Ahora lo que comprabas era una parte más de ti, de tu personalidad, y te definía como individuo social (como aún sigue siendo).
Ya no todos los productos eran similares, sino que el cliente podía elegir qué producto deseaba. Incluso le hicimos creer al consumidor que debía exigir productos diferentes para conseguir diferenciarse del vecino, y lo más importante, que lo que consumías decía mucho de lo que eras. Ya no tenías que comprar el Ford-T negro, porque General Motors te permitía elegir entre rojo, gris, amarillo, granate, verde e incluso el negro. Había comenzado la era del consumismo.
Incrementar el consumo a través de la creación de necesidades «no reales» en los consumidores, era el bálsamo de fierabrás para sacar al mundo de la recesión. La industria necesitaba más mano de obra para hacer más tipos diferentes de productos, más gente trabajaba, la renta aumentaba, el consumo aumentaba, y así todos «felices». Pero esta espiral creó en nosotros necesidades artificiales, no reales, que las empresas estaban encantadas de satisfacer. Esto pudo estar bien cuando éramos  menos de 2 500 millones de habitantes en el mundo (en los años 20), pero la población mundial se ha disparado de forma exponencial en las últimas décadas. Ahora somos unos 7 500 millones. Y continuar con este nivel de consumo (sobre todo con el nivel de consumo de Estados Unidos), parece conducirnos a un punto sin retorno.

Crecimiento insostenible
Aquí podemos ver cómo los humanos hemos ido poblando nuestro planeta Tierra.

Fuente: Wikipedia

Fuente: Wikipedia

De por sí, todo esto del consumo no es tan malo. Las personas compran, tiran, compran y con ello creen ser felices (recordemos que el punto de partida que hemos puesto es que la pretensión es conseguir ser lo más feliz posible en el poco tiempo que cada uno de nosotros vamos a estar en este mundo). A mayor consumo, más trabajo, hay más dinero y la gente es aparentemente más feliz. Esto sería ideal, sí, si los recursos fuesen infinitos, pero no lo son. Estamos acercándonos a unas tasas de explotación de los recursos disponibles nunca antes conocidas en la historia. Sobre esto hay multitud de teorías. Thomas Malthus (1766-1834) ya hipotetizó sobre la escasez de recursos a la que nos íbamos a enfrentar en el planeta, debido al crecimiento de la población. La predicción malthusiana no se ha cumplido, probablemente debido a los avances tecnológicos —agricultura intensiva— que nos han permitido sobreexplotar los recursos disponibles, es decir, producir más cantidad en menos espacio.

Pero un grave peligro nos acecha. De los 7500 millones, más de 3000 millones (1250 India, 1350 China…) son países que se están aproximando cada vez más al nivel de consumo de los países más desarrollados. Si India y China, y algún día los países de África, alcanzan el nivel de consumo de Estados Unidos, nos cargaremos sin duda el planeta Tierra, y desgraciadamente, sobre esta afirmación sí que hay un consenso mundial de toda la comunidad científica. Stephen Hawking ha escrito reciéntemente que la humanidad tendrá que poblar otros planetas si desea sobrevivir…

La obsesión por crecer
Y el problema está en la obsesión por crecer. En un sistema donde los recursos son limitados, no es posible crecer de forma permanente. Las escuelas de negocios han enseñado a los directivos de las empresas que la forma de garantizar el «éxito» es creciendo. Cada trimestre hay que facturar más, hay que tener más clientes, más volumen… y si algún año no superas las cifras del año anterior, el mercado te castiga devaluando tu cotización en bolsa. Pero no solo pasa en las empresas. Como individuos, la cultura actual parece arrastrarnos también a crecer de forma permanente. Vives con tus padres cuando eres pequeño, compartes piso cuando estudias en la universidad, luego te vas a vivir solo de alquiler, luego compras un pequeño apartamento, luego un piso más grande, hasta que por fin consigues tener un pequeño chalet en la urbanización de las nuevas parejas jóvenes y exitosas (¡enhorabuena a todas las parejas jóvenes y exitosas que vivís en esa urbanización tan chula, sois lo más de la sociedad!). Después del chalet, vendrá la casita en la sierra o en la playa y luego tal vez, otro chalet ya no adosado sino independiente, con una gran parcela alrededor y con una gran piscina, muy probablemente climatizada, para poder usarla también en invierno.

¡Crecer, crecer, crecer!, sí, crecer está bien, siempre y cuando no agotemos los recursos disponibles y no estemos creando más perjuicio que beneficio al mundo que nos rodea.

Si volvemos al inicio, podemos comprender porqué nos obsesionamos con crecer. Obtener bienes, comprar cosas, es una fuente de felicidad; pero la felicidad que conseguimos con estos bienes materiales es de paja, de esa felicidad que se viene abajo con dos soplidos del lobo feroz.

La fórmula que me ilumina
Así que con todo lo que hemos visto hasta ahora, la fórmula no parece demasiado complicada. A saber: por un lado, hemos visto que probablemente lo inteligente es intentar ser felices el poco tiempo que vamos a estar en este mundo; para esto, la ciencia nos dice que los bienes materiales no dan una felicidad de calidad, pero que sí que nos puede llenar de felicidad y propósito en la vida hacer buenas acciones por los demás y por el mundo —conseguir dejar un legado positivo que nos trascienda—. También hemos visto que para llevar el elevado nivel de consumo que supuestamente nos hace felices, necesitamos mucho dinero, pero a no ser que seamos unos genios —o unos estafadores— conseguir ese dinero nos va a llevar mucho tiempo, tiempo que vamos a dejar de disfrutar de nuestra familia, de nuestros amigos, o de otras actividades con las que quizá podríamos maximizar mejor nuestra felicidad.
También hemos hablado sobre el daño que este nivel de consumo está ocasionando al planeta. Los recursos son finitos, y a pesar de la tecnología, si seguimos así, las próximas generaciones nos acusarán de nuestra avaricia y nuestra codicia, y de nuestra hambre voraz e inconsciente que está desolando el planeta.

¿Cuál es la fórmula entonces? Sencilla: ¡disminuir nuestro nivel de consumo!

Si disminuimos nuestro nivel de consumo, necesitaremos menos dinero. Si necesitamos menos dinero, tendremos más tiempo libre para estar con nuestra familia y con nuestros amigos o con nuestra/o amante y disfrutar de las cosas que nos hacen felices, porque tendremos que trabajar menos. A la misma vez, disminuyendo nuestro nivel de consumo, convirtiéndolo en un consumo responsable, contribuimos a mejorar la salud del planeta y aportamos nuestro grano de arena al objetivo de conseguir dejar un mundo mejor a las futuras generaciones. Esta buena labor que realizamos incrementará nuestra felicidad de largo plazo, porque estamos ayudando a los demás, estamos ayudando al mundo y son buenas acciones que nos trancenderán en el tiempo —dejamos un legado y tenemos un buen propósito de vida.

Por todo esto —y por alguna cosa más, pero tampoco quiero extenderme demasiado—, desde hace unos años decidí adoptar esta filosofía de vida «low cost» en mi día a día, y creo que de momento no me va demasiado mal y estoy consiguiendo unos niveles de felicidad aceptables (aunque últimamente, los hombres de negro de mi doctorado, estén consiguiendo disminuir mis tasas de felicidad a cero, pero esto será algo puntual que pasará pronto!!).

Con estas explicaciones espero haber aclarado cuál es la causa de mi frugal estilo de vida y cada vez el de más gente (ahora ya podéis criticarme con argumentos!! 😀 ) . Pensad en vuestro nivel de consumo y en la cantidad de cosas que compramos de forma absurda. El mercado nos ha comido el tarro haciéndonos creer que multitud de productos son necesarios, cuando en realidad no lo son. Es una realidad que estamos trasvasando parte de nuestra personalidad a los objetos que nos pertenecen, porque pensamos —de forma inconsciente la mayoría de veces— que esos objetos dicen mucho de nosotros(**). Y no nos damos cuenta que con nuestro elevado consumo, nos estamos cargando el mundo y sobre todo, estamos consiguiendo una felicidad de paja. Probablemente, si disminuyésemos nuestro nivel de consumo, encontrando un equilibrio entre tiempo y dinero, conseguiríamos ser mucho más felices. Piénsalo 😉 .

Una besa y un beso para todos y gracias por estar ahí!
Angel.

PDTA: si quieres saber de forma práctica en qué consiste mi forma de vida low cost, déjame un comentario, escríbeme por twitter o facebook y así me motivarás para seguir desvelando mis secretos 🙂

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Epílogo: Las corrientes
Como ya os dije al principio, aunque todo esta locura que os he contado he ido rumiándola de forma pausada y sosegada con el paso de los años, leyendo muchísimo y observando el entorno y a las personas que nos rodean (me fijo mucho, como un búho), sí que es cierto que no os he contado nada original que no esté inventado ya (¡siento no ser original, jaja!), puesto que hay diversas corrientes que aglutinan de una u otra forma parte de lo que os he contado (aunque en realidad ninguna de ellas refleja fielmente la idea que he compartido con vosotros). Aquí van algunas:

· La Economía del Bien Común: la economía del bien común es un proyecto económico parido por el austriaco Christian Felber (habla español perfectamente, menos mal, jeje), que basa su idea en ciertos principios como el de maximizar el bien común que las organizaciones brindan a la sociedad, frente a la búsqueda constante de beneficios económicos (ver más aquí).

· Frugalidad: Según Wikipedia, «frugalidad es la cualidad de ser ahorrativo, próspero, prudente y económico en el uso de recursos consumibles (como la comida o el agua), así como optimizar el uso del tiempo y el dinero para evitar el desperdicio, el derroche y la extravagancia. En la ciencia del comportamiento, la frugalidad ha sido descrita como la tendencia a adquirir bienes y servicios de manera restringida, así como el uso optimizado de los bienes económicos y servicios que ya se poseen con la finalidad de lograr uno o varios objetivos a largo plazo.»

· Decrecimiento: El decrecimiento es una corriente que apuesta por encontrar un nuevo equilibrio entre los recursos naturales y el sistema económico: https://es.wikipedia.org/wiki/Decrecimiento

· Economía circular: Es una nueva forma de considerar la producción de bienes y servicios. Trata de diseñar los productos de forma tal que se minimice el uso de recursos, y que todos los recursos utilizados puedan volver al inicio de la cadena una vez consumidos: https://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_circular

· Movimiento slow: Johnjo Ortega me apunta por facebook que el movimiento slow también está bastante relacionado con esta filosofía y así es. Es una propuesta que aboga por vivir la vida de una forma más pausada que la actual, saboreando los instantes y valorando mucho más el tiempo que pasa, que nunca volverá a pasar. Aquí sobre el movimiento en la wiki en Inglés: https://en.wikipedia.org/wiki/Slow_movement_%28culture%29

· (22DIC16) Incorporo a las referencias este artículo titulado La economía del bien común: en busca de un nuevo paradigma económico», de Joan Ramón Sanchís. > http://nuevarevolucion.es/la-economia-del-bien-comun-busca-nuevo-paradigma-economico/

· Vida sencilla: (13ENE17) Incorporo como referencia el enlace al concepto de «vida sencilla» (o minimalismo), como un estilo de vida en el que las personas eligen vivir con pocas cosas para disfrutar más del tiempo que les deja el hecho de necesitar poco dinero para vivir: https://es.wikipedia.org/wiki/Vida_sencilla

(**) Que los objetos que poseemos dicen mucho de nosotros es un hecho real (un sesgo cognitivo bien estudiado por la psicología social). En realidad, es cierto que juzgamos a los demás por su forma de vestir, por el coche que tienen o por el teléfono que poseen. Pero como digo, es un sesgo cognitivo, un mal funcionamiento de nuestro sistema de inferencias, del que la evolución nos ha dotado; hace miles de años era una ventaja para sobrevivir, pero hoy, nos puede llevar a engaño con mucha facilidad (y si no, recuerdo el caso del pequeño Nicolás o del español Francisco Javier González Álvarez, que estafó cientos de millones de dólares haciendo creer que era un magnate del petróleo, porque «aparentaba ser un magnate del petroleo».)

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Cala Salada IBIZA SUNSET. Una explosión emocional para los sentidos.

Estuve unos días recorriendo la isla de Ibiza en bici y corriendo (ver aquí el track de la semana).

Es una experiencia preciosa para «el alma» y los sentidos. Tenía este deseo latente desde hace bastantes años: disfrutar de atardeceres con el mar por línea de horizonte. Supongo que es algo añorado por todos los que residimos «en el Levante», donde tenemos el mar al Este frente a aquellos que viven «en Poniente», con el mar al Oeste. Nosotros disfrutamos de bellos amaneceres de mar, ellos de preciosos atardeceres.

 

Y como es naturaleza humana, uno desea lo que no tiene.

Os dejo este vídeo con uno de los atardeceres más preciosos que podemos vivir en España. Una puesta de Sol desde Cala Salada, en San Antonio de Portmany (Isla de Ibiza). Espero que nos anime en las grises tardes de invierno que nos esperan (si os cansa, pasad al minuto del final donde la música y la fotografía es very nice 😛 )

Sed felices :),
aabrilru

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Cómo te echo de menos – Alejandro Sanz – Lo hice aún peor

En mi primer vídeo cover corporal, de tan malo que fue el resultado, dije que resultaría imposible hacerlo peor, y eso era lo bueno. Os he de pedir disculpas porque me equivoqué: ¡este ha salido peor que el primero! 😀

De todas formas, aunque artísticamente es una castaña, os lo dejo por aquí… Lo produje hace varias semanas. Es el cover corporal de la canción «Cómo te echo de menos» (versión unplugged) de Alejandro Sanz.

Como veis, no tengo miedo al ridículo 🙂 . El miedo al ridículo lastra la creatividad.

Una besa y un beso,
aabrilru.

 




A veces podemos volar…

Cruzando Los Claveles/Peñalara en el GTP2013 (110Km 3000d+). A veces podemos volar.

Cruzando Los Claveles/Peñalara en el GTP-2013 (110Km 3000d+).
A veces podemos volar.




Explorando nuevos territorios…

A veces, cuando veo cosas que me sorprenden, deseo intentar hacerlas yo mismo y ver si soy capaz de realizarlas.
Esto me ha pasado con unos vídeos musicales que vi hace unos meses, creo que muy de moda en Arabia Saudí (solo los he visto hechos por gente de allí).
La gracia del estilo está en hacer música usando solo el cuerpo; no vale usar ningún instrumento o utensilio externo, solo el cuerpo (se puede frotar, golpear, usar la voz…).

Hace unas semanas, decidí invertir un poco de tiempo de ocio en el experimento y resultó esto que os pongo a continuación. Aviso: cantar no es lo mio 🙂 .

PDTA: debemos dejar los prejuicios y la vergüenza a un lado y dar rienda suelta a la imaginación. Si tenemos ataduras impediremos que fluya la creatividad. ¡Cantemos como si no hubiese otro amanecer! 😀

Enróllate y dale al me gusta del vídeo… que hace ilusión ver cómo crecen los «me gusta» y no te cuesta nada 😉 .

Abrazos y abrazas!,
aabrilru




Punto y seguido. Vendí las acciones de mi empresa de Madrid. ¡A reinventarse de nuevo!

Mi amiga @anaborg -que es muy sabia- me dijo hace 3 o 4 años algo así como que «la manzana cae del árbol cuando está en su punto»; es una frase que guardo con mucho cariño desde entonces.

Los melocotoneros de papá florecen cada año

Aunque la virtud de la naturaleza es provocarnos preguntas constantes, a veces también nos regala respuestas. Cuando el invierno muere, la sabia primaveral despierta con latente y vigorosa energía. Es así, año tras año, y así debe ser para que la evolución siga abriéndose paso. Una renovación constante.

La semana pasada cayó una manzana importante en mi vida. Tras varios meses de negociación, vendí las acciones de «mi empresa» de Madrid. Es la empresa donde he estado trabajando principalmente durante los últimos 6 años, aunque con esta salida no he puesto fin a mi vena emprendora/empresarial, ya que aún sigo participando en otras dos sociedades: Esdide -ayudé en su nacimiento y luego pasé a ocupar una labor de inversor no ejecutivo- e Interlemon, que es la empresa familiar, donde echo una mano como administrador de la sociedad.

Han sido unos meses bastante duros y desequilibrados -peor lo segundo que lo primero-. He aprendido mucho de abogados, de cómo funcionan los burofax, de la buena constumbre que sería realizar el documento no habitual de «pacto de socios» al inicio de una sociedad, de todos los pormenores legales en las luchas de poder societarias y de la importancia de los valores y los principios, aunque esto último, ya lo tenía aprendido de antes.

Ahora toca reinventarse de nuevo.
En el siglo pasado esto de la reinvención era una causa de temor: las personas por naturaleza social -y biológica- tenemos miedo al cambio. Pero en la sociedad poscapitalista, esto ya no tiene sentido. La reinvención constante -o aprendizaje constante, o tener una actitud que nos aleje del estancamiento- mejora la sociedad por partida doble.
Por el lado social, los individuos en constante reinvención contribuyen a generar una sociedad más competitiva -no en el sentido de ganar más dinero, sino de generar más conocimiento- que nos conduce a un mundo mejor(1).
Por el lado personal, también con evidencia científica (2), la investigación -o simplemente mirando a nuestro alrededor- ha demostrado que las personas en permanente inquietud de mejora y aprendizaje alcanzan mayores índices de felicidad en la vida, que al fin y al cabo es de lo que se trata, ¿no?, !!de ser felices!!.

NOTA: si no te apetece leer entero todo este artículo al menos no te pierdas la breve historia del final. ¡Es muy buena!.

En 1994 dejé la casa de mis padres para estudiar Teleco en Gandía (Valencia). Antes de terminar la carrera encontré trabajo «indefinido» en Madrid -donde también fui arrastrado por una chica, África, suele ocurrir 🙂 -. Estuve trabajando en UNI2/Wanadoo/Orange durante ocho años. En esta época, mientras trabajaba, y ya habiendo terminado Teleco, siguiendo mis inquietudes, comencé a estudiar Ciencias Empresariales en la Complutense; durante tres años, el sistema era levantarme a las siete menos cuarto, ir a la oficina, por la tarde a clase, llegar a mi casa a las once de la noche y así; fines de semana estudiar, vacaciones estudiar…

Era un trabajo muy bueno donde ganaba mucha pasta (mucha más pasta que he ganado seguramente en todos los años siguientes), pero me hacía sentir alienado; no soportaba ver todas las mañanas la imagen de las unidades de producción -nosotros- caminando hacia el parque empresarial de La Finca; no veía personas grises, que lo éramos, sino vacas en el corral siendo ordeñadas, o gallinas hacinadas en los ponederos. Eso es lo que veía cada mañana. Individuos programados para satisfacer las necesidades de Matrix.

Y lo dejé. Y me reinventé. Creé junto con otros dos socios la empresa que ahora he vendido y nos pusimos a emprender. El mundo de la pequeña empresa está en el polo opuesto al de la gran multinacional. Es más divertido.
En este intervalo, ayudé al Ayuntamiento de mi pueblo a ganar un concurso de Ciudad Digital (1,3M€ de inversión) y estuve poco más de un año como director. Por ciertas circunstancias y siguiendo de nuevo con la reinvención constante, durante esta misma época estudié en Madrid el máster de Dirección Comercial y Marketing de una de las escuelas de negocios «big four» del mundo, la IE Business School.
Estos fueron con diferencia los meses más duros de mi vida. Demasiada tensión, demasiada presión, demasiados muros que derrumbar. Pero mereció la pena, sobre todo por la pasión y la juventud del equipo de personas que coordinamos todo aquel cotarro. Demostramos a las catervas de consultores encorbatados que frente a sus obsesivas P&L, había otra forma de hacer las cosas: conocimiento, energía y pasión.
Me consta que todos los miembros del equipo alcanzábamos estados de flujo casi diarios, y eso te engancha tanto como la cocaína -no es una metáfora, es científico, se estimulan zonas del cerebro similares (3)-.

El proyecto de Ciudad Digital terminó y volví a reincoporarme operativamente a la empresa de Madrid, con energías renovadas.
Al principio estuvo bien; nuevos proyectos, nuevas destrezas que adquirir, nuevos contactos,…. Obtuvimos la autorización como operador de telecomunicaciones en varios subgrupos e incluso lanzamos la versión descafeinada de un nuevo producto -descafeinada, porque no tuve el visto bueno de la dirección para desarrollar la parte que realmente lo diferenciaba respecto a la competencia-. Fue divertido mientras me limité a realizar mis tareas y a observar sin criticas las acciones directivas de mis socios. Pero claro, ¡ver cómo se daban tantas pataditas a los manuales de management me corroía el corazón!.

Podría hacer una larga lista de mejores prácticas en la gestión, ¡pero ese será otro artículo!… En resumen, podríamos dejarlo en que teníamos un sencillo problema: los valores y los principios.

Los valores son el mapa que cada uno tenemos para interpretar el territorio. Los principios son el propio territorio, las reglas universales, el origen.

El primer abogado con el que hablé me dijo: – Angel, esto es como la pareja y los divorcios. Cuando ya no hay química, lo mejor es divorciarse porque lo otro es una mala vida-. Y así lo hemos hecho. Y el pasado viernes vendí mis acciones a Eugenio y Miguel.

Es importante extraer el lado positivo de las circunstancias y de ésta, ¡me llevo mucho positivo!; he aprendido multitud de cosas que no las podría haber aprendido ni en la mejor escuela de negocios del mundo.


Ahora llegan nuevos retos. Comencé el doctorado en Economía y Empresa, probablemente vaya a vivir unos meses fuera de España,…; me encataría encontrar alguna forma de aportar lo máximo de mi a la sociedad en aquellas áreas donde ahora estoy centrado: management y marketing (ya tengo algún proyecto arrancado, claro 🙂 ) y probablemente me inminscuya en el mundo de la formación y la consultoría (si crees que te puedo ayudar, avísame 😉 )

Para finalizar, me gustaría dejaros con esta genial historia. No es una leyenda, sino algo que está ocurriendo ahora. Es sobre una tribu india de la Columbia Británica, en la región de Shushwap (4). Aquí va:

«Resulta que Shushwap era una región muy rica y afortunada: rica en salmón y caza, rica en alimentos del subsuelo, rica en agua; una tierra generosa. Un día, hace siglos, los mayores de la tribu que habita esta región dijeron que, en cierta época, el mundo llegaría a ser demasiado predecible y el desafío desaparecería de sus vidas. Sin el desafío, la vida no tendría significado. Así, decidieron que la aldea debía trasladarse de lugar -dentro de Shushwap- cada 25 o 30 años.
La población se trasladaría de lugar y encontraría nuevos desafios que los haría más felices. Habría nuevos arroyos que conocer, nuevos rastros de caza que aprender, nuevas áreas donde abundarían las raíces comestibles. Todos se sentirían rejuvenecer y más sanos. La vida recobraría su significado y valdría la pena seguir viviendo. Y así lo hacen desde entonces».

Piensa ahora, antes de que sea demasiado tarde, si necesitas trasladar tu poblado 😉 .

Un beso y nos tomamos una manzanilla o cerve cuando quieras,
Angel.

(1) «La sociedad poscapitalista», Peter Druker; «Calidad, productividad y competitividad», W. Edwards Deming.
(2) «Flow», Mihaly Csikszentmihalyi
(3) «Y el cerebro creó al hombre», Antonio Damasio
(4) Richard Kool, etnógrafo británico.

 




Sobre la admiración a los famosos y sobre Pencho

Bajaba por la Cuesta del Parador, camino de la biblioteca, absorto en el artículo de este mes.

– Voy a empezar contando la situación personal que me ha evocado el tema y luego pasaré a explicar que como siempre, las leyes de la gestión, son las mismas para la vida personal que para las organizaciones -pensaba mientras caminaba- y entonces, contaré la teoría de Covey de las «cuentas corrientes» que cada uno de nosotros tenemos en el otro… y que no siempre debemos pretender ganar en todas las transacciones, que debemos ver las relaciones y los negocios con una perspectiva a largo plazo que integre cada una de las minitransacciones diarias, que debemos invertir en las personas… -seguía estructurando el artículo en mi cabezota.

En esas iba cuando al dar la curva para meterme en Ginés de Paco y de Gea he visto un papel con mala pinta colgado en la puerta de la casa de los padres de mi amigo Fernando. Ayer murió en Madrid su tío Pencho, con 72 años.

Ya no voy a escribir este mes sobre la teoría de Covey.

Pocas veces en mi vida he sido seguidor de la gente «famosa». A veces, en alguna conversación surge el nombre de Fulano de Tal, campeón de marathon, de Mengano de Pascual, famoso ultrafondista o de Federico de Maspallá, reconocido empresario. Qué queréis que os diga, no conozco a ninguno.

Normalmente mi atención no suele centrarse en las estrellas que producen titulares, en los que son protagonistas de impresionantes vídeos o en los que suben al podium (deportivo, académico o profesional), sino más bien en los que hay detrás.

Prefiero conocer la historia del último que ha cruzado la meta antes que la del primero.

También admiro a algunos famosos, claro -sobre todo a científicos-, pero suelo preferir tener como referente a personas con historias cercanas y sencillas (que no por no ser famosos, dejan de ser tan grandes como los famosos).

Una de las personas por las que desde hace años he sentido admiración es por Pencho. Si os digo la verdad nunca conversé con él. Algún saludo de vez en cuando. Lo cierto es que tampoco necesité una conversación profunda para olfatear la esencia de su persona. Hay un sexto sentido –inteligencia interpersonal lo llaman algunos- por el que a veces no necesitamos palabras para entender la substancia de las personas, solo necesitamos observarlas.

Lo veía andar de vez en cuando a ritmo de «relampagú» por la carretera de Murcia, alguna vez de madrugada, a punto de amanecer. En verano lo veía en el Poly: siempre recordaré su ritmo pausado de nado, largo va y largo viene, como a cámara lenta, transmitiendo esa paz y sosiego en cada brazada. Me gustaría aprender a nadar así -pensaba cada vez que le veía-. Y leía. Salía de la piscina y mientras esperaba, leía.

Según tengo entendido, era ingeniero industrial -de los buenos, de los de antes…; vivía en Madrid aunque viajaba a Cehegín con regularidad y pasaba allí buenas temporadas. Creo que estudió también la carrera de farmacia y estos últimos años había comenzado los estudios de teología -sí, con setenta años.

Se veía una persona sencilla, cercana, sana. Andaba, nadaba, leía, estudiaba. Y sobre todo, se veía una persona activa, sin un minuto qué perder, con la vista puesta siempre en el futuro y en el crecimiento personal.

Este verano le saludé varias veces. Observar sus ojos era recibir un mensaje mezcla de paz, bondad, inteligencia, tranquilidad, sosiego, juventud y experiencia…

Probablemente admiraba a Pencho porque reflejaba muy bien aquellos principios y valores -columnas que sostienen a las personas y sus relaciones- con los que me siento plenamente identificado. O tal vez, por la ecuación con la que había decidido enfrentar la vida.

Me gustaba pensar que Pencho era la encarnación del dicho: «una edad es la que tienes en el carnet y otra distinta la que marcan tus hábitos».

Pencho y otras personas como él son las que entran en mi círculo de admiración. Ronaldo no.

PDTA: Y ahora te hablo directamente a ti, Pencho, y te digo que me has hecho una gran faena muriendo con 72 años. Pensaba que los que elegían tu fórmula de vida estaban abocados a largos años en este mundo. Tú te has ido demasiado pronto, echando por tierra mi hipótesis. ¿Cómo voy ahora a convencer a la gente para que viva en equilibrio y armonía si tú, uno de mis referentes en esta teoría, te has ido tan joven?. Me hubiese gustado observarte al menos hasta los 95 años.

Abrazos,
aabrilru

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Emprender no significa (solo) crear una empresa, es una actitud: «Ambel, la película». ¡Hazte micromecenas!

La semana pasada asistí en Murcia a la presentación del libro de Manuel Bermejo «Gente emprendedora, gente de calidad».

Me alegró escuchar de nuevo la idea de que «emprendedor no es sinónimo de empresario», la cual comparto a pies juntillas; emprender es una actitud ante la vida. Uno puede tener una actitud emprendedora siendo profesor, carpintero, médico, ama de casa, albañil y cómo no, empresario…

Ambel: La película

Hace unas semanas comencé a ver por las redes sociales de mi pueblo (Cehegín, en Murcia) cierto revuelo ante algo que se llamaba «Ambel: la película«. Comencé a investigar un poco (no tuve que investigar mucho, debido al gran despliegue de comunicación con el que cuentan) hasta dar con la clave de la iniciativa: un grupo de estudiantes de allí, se había propuesto grabar una «super producción» girada entorno a un personaje del Cehegín del siglo XVII, Martín de Ambel, que «tras cometer un asesinato, se vió obligado a vivir durante 38 años encerrado en los muros de una ermita».

El proyecto está capitaneado por José María Oñate, un joven emprendedor de 22 años, que ha conseguido liderar a un gran equipo y movilizar cientos de recursos. Algo como esto es emprender.

En algún sitio he leido que el proyecto fue presupuestado por una productora en 400.000€, pero que el reto era realizarlo por unos 28.000€.

Comentaba el otro día con un amigo que este proyecto me hacía doblemente feliz: uno, por demostrar como con pasión y esfuerzo uno es capaz de movilizar el mundo, y dos, por ver cómo desde la iniciativa privada (o ciudadana) era posible iniciar «pequeños grandes proyectos» (a veces, en los pueblos pequeños o incluso en grandes, parece que las iniciativas tengan que venir casi siempre del lado de la administración pública).

Estos días que he estado por allí, he tenido la oportunidad de ver el trasiego que llevan con la confección del vestuario (tienen el centro logístico frente casa). Creo que llevan ya cientos de trajes de época… (aquí podéis ver algunas imágenes de los trajes de época).

¿Y de dónde saldrá todo el dinero para la producción?. Cabe destacar que nadie de las centenas de personas que participan (se ha volcado todo el pueblo) cobrará un duro (sí, el voluntariado/altruismo existe 🙂 ). Pero a pesar de eso, se necesitan ciertos fondos para la infraestructura. Algunas fuentes de financiación, según comentan en la página, son la venta de objetos promocionales, apoyo de empresas locales, financiación pública (creo que el Ayuntamiento y la CARM aportan fondos también, además de la logística de tener que remodelar ciertos entornos de rodaje y organizar el trasiego de la ocupación del espacio público) y la más guay, la del mecenazgo (de moda hace siglos, y también ahora 🙂 ).

¿Verdad que estás deseando aportar tu granito de arena?. Si quieres ser un MICROMECENAS (o crowdfunding, como dicen los modernos), entra en esta página. Es muy fácil poder donar desde 5€ hasta 1000€. Como donante, tendrán bastantes detalles contigo (desde una entrada para la premier, hasta un DVD con una copia, DVD con material extra, aparecer en los créditos…)

La situación económica no está muy boyante, lo sé, pero también sé que muchos de vosotros sois afortunados asalariados que «no tenéis crisis» (jeje) y podéis colaborar un poquito por un proyecto pata negra del emprendedurismo.

Aquí os dejo un pequeño vídeo donde lo explican todo!!:

 ¡Venga y anímate a donar unos euretes de cine! 🙂

PDTA: Enhorabuena a todos los emprendedores del mundo y en especial, y en esta ocasión, a todos los que están consiguiendo este sueño de peli.

Una besa y un beso para todas y todos,
@aabrilru.




RecuERDoS del VErAnO 2012 (y algo más…)

El otro día limpiando tarjetas de memoria, encontré varios clips que grabé este verano. Fueron unos recuerdos muy buenos y no quería borrarlos así que los metí todos en este pequeño vídeo. Este verano aprendí a nadar (sí, con 35 años y no sabía nadar… ¿te ries?, qué pasa, ¿tú sabes hacer integrales volumétricas o convolucionar funciones…? anda, tira, tira y no me tires que te arreo 😀 )

Besas y besos,
Sé feliz,
aabrilru




Ideas, empresas y gente a recordar del Salón Mi Empresa 2013 (Sala desarrollo & consolidación)

Escribo en este post las referencias que he sacado del Salón Mi Empresa de este año, celebrado el 12 y 13 de febrero en Madrid. Las dejo aquí que no quiero que se pierdan.

Había varias salas temáticas. Sobre todo estaba interesado en la de «Desarrollo & Consolidación», que es de donde he aspirado la mayoría de conocimiento.

Casi todas las ponencias este año han girado entorno a los siguientes temas:

  • Capital riesgo y otros tipos de inversores alternativos (BAs, otras empresas…)
  • Estrategias de inversión como Business Angel.
  • Cómo valorar una empresa tanto desde el punto de vista del comprandor como del vendedor
  • Pasos a seguir en la compra/venta de una empresa, entendiendo compra venta desde el out al 100% hasta la entrada de socios capitalistas en porcentaje mayoritario o minoritario
  • Toda la terminología manejada en los procesos de variación de capital en la empresa: due diligence, deal (deal, sí, ya sé lo que significa, pero es que es la palabra que todo el mundo mete en dos de cada tres frases, así que hay que decirla mucho para dar confianza al interlocutor 😀 ), LOI,…

Comenzamos.

Me pareció muy interesante la ponencia de José Martí Pellón, profe en la Complutense (además de otras cosas) dirige la web www.webcapitalriesgo.com. Para comenzar a moverte en el mundo de las inversiones en empresas, tanto si tienes dinero ocioso para invertir como si buscas que te inviertan, es una buena referencia.

Luis Rivera (por todos conocido en Madrid en el mundo de la emprendeduría (Tetuan Valley, Startup Spain, escuela de inversores…) nos dió su pragmático punto de vista sobre «Cómo no arruinarse invirtiendo en negocios de internet«; sobre todo, desde el punto de vista del inversor que está pensando entrar a jugar la partida de las startups. Aquí las típicas directrices a la hora de dar el salto a inversor: invertir en al menos 10 porque solo 2 saldrán bien, la relación con los emprendedores…

(si quieres más info sobre este tema, puedes consultar directamente a Luis Rivera o leer los consejos de Carlos Blanco en su post «Cómo debemos invertir los Business Angels» o consultar las guías de Rodolfo Carpintier o los hermanos Cabiedes)

En este mismo entorno, el de la búsqueda de inversores, escuchamos a Sergio López Calzada, de addquity. Es una sociedad de inversiones «creada para participar en el capital de empresas y proyectos fundamentados en la creación de valor». Tenía clara la existencia de empresas que su core es invertir en empresas y obtener una rentabilidad, pero en este abanico, hay muchas. Algunas son unos simples inversores financieros: te doy 2 millones de euros a cambio de obtener un 15% cada año, y no se meten en la gestión. Otras, entran en el accionariado pero sin limitarse solamente a poner el capital (como haría un banco), sino que se involucran en la gestión de la empresa (al fin y al cabo, empresa invertida e inversor están en el mismo barco y es interés mutuo maximizar la generación de valor de la organización). En éstas es donde está addquity. Invierten en ti y te acompañan para generar valor juntos.

Es evidente que no invierten en cualquier empresa, solo en aquellas en las que ven que realmente hay un modelo de negocio sólido detrás y sobre todo «un equipo de emprendedores cualificado y en sintonia». La sensación fue bastante buena. Acudiría a ellos en caso de que tuviese un buen modelo de negocio con necesidad de capital para conseguir apalancarnos juntos. A Sergio le pongo un asterisco bueno 🙂 .

Un inciso: está claro que para entrar en este mercadillo tienes que tener un concepto de «empresa» bastante particular, al menos en España. Si eres empresario (el que ha puesto la pasta), eres el que dirije la empresa y además trabajas en ella, probablemente veas la empresa como «tuya», como «un hijo». Si es así, probablemente este mundo de inversores no sea para ti.
Este mundo de inversores es para aquellos empresarios que ven la empresa como una máquina generadora de valor, donde ellos pusieron la idea, un capital inicial para arrancar la máquina, tienen unos inputs a los que la empresa le aplica su know how y salen unos outputs con un valor mayor que cuando entraron y con suerte (buen hacer) obtienen un margen.

Ese empresario «no tiene miedo» a un inversor externo que entre a formar parte del capital si de esta forma va a incrementar la capacidad de la organización a la hora de generar valor. La empresa no es un hijo (y aquí, rectifico mi opinión de hace años, cuando siempre afirmaba lo contrario 🙂 ).

Un típico escenario son las empresas familiares, muy comentadas en el foro, por la complejidad de evolución en el capital en segunda o tercera generación.

Este «mercadillo» es para aquellos empresarios con «mente abierta», que no tienen miedo a salir de su círculo de confort, que están dispuestos a escuchar y a admitir que puede haber otros gestores que aporten más en ciertas circunstancias que ellos mismos… en definitiva, que como toda flor del jardin, hay a quién le irá bien y hay a quien le irá menos bien. Me parece interesante este inciso porque (hablo bastante con empresarios de «arriba» y de «abajo») no todos los empresarios tienen una visión lateral tal como para entrar en este escenario. En Estados Unidos es lo común, en España aún nos queda un poquito.

Gonzalo M. de Ulloa, de U&Law me aportó un concepto nuevo: el pacto de socios.

El pacto de socios es un documento privado (se rige por el derecho civil, no por el derecho mercantil),  por lo tanto no se inscribe en el registro mercantil, entre todos o algunos de los socios, donde se pueden acordar multitud de aspectos referentes a las relaciones entre socios entre otros:

  • Regulación de la inversión y desinversión
  • Protección antidilución
  • Nombramientos de consejeros delegados u otros cargos de dirección
  • Derecho de información: establecimiento de mayor periodicidad para las reuniones y emisión de informes. Presupuestos anuales y fijación de objetivos estratégicos
  • Derecho de adquisición preferente (aquí la Ley ya habla de ello, perso se puede complementar)
  • Pactos de vinculación de voto
  • Claúsulas de estabilidad
  • Derecho de venta conjunta (Tag Along) y obligación de venta conjunta o arrastre (Drag Along)

Especial atención al concepto de Drag Along, bastante oido durante varias ponencias; es un derecho que puede obligar la venta de sus acciones a socios minoritarios si algún socio mayoritario decide vender. El socio minoritario siempre podría comprar (por Ley) si igualase la oferta del tercero.

A Gonzalo le pongo otro asterísco de los buenos, como abogado asesor en los temas legales a tener en cuenta en la compra/venta. Sobre todo por sus buenos valores (la sintonía en valores es primordial a la hora de cualquier relación).

En la sala de internacionalización asistí a la charla de Ezequiel Triviño (creativo del marketing, profe del IE, emprendedor y más…); lo escuché por primera vez hace un par de años en una charla sobre creatividad en publicidad en el OMExpo Madrid y desde entonces le sigo la pista a él y al ClubDeCreativos (del que es presidente).

El protagonista institucional ha sido ENISA. No muy conocido en el ambiente de la pequeña empresa (que a veces lo único que conoce es la financiación tradicional de los bancos), pero es una fuente real de financiación. Desde su creación en 1996 y hasta el 2012 ha participado en 1097 proyectos con más de 350 millones de inversión. Begoña Cistero, Consejera delegada de ENISA, comentó que este año contaban con un presupuesto de unos 150M€ para «repartir».

Claro, ENISA no invierte en cualquiera que vaya y les venda la moto. Invierten en proyectos sólidos con gente cualificada detrás (que probablemente, no sean tantos…). Son préstamos participativos.

Si hemos visto posibles inversores, abogados que nos asesoren en los temas legales (que son muchos, sobre todo para no ser engañados), ahora toca una referencia para un posible «marchante» durante todo el proceso de compra/venta.

¿Cuándo recurrir a una empresa «marchante»? (este nombre se lo he puesto yo, no se llaman así!). Imaginemos que por diversas circunstancias necesitamos vender el total o parte del capital de nuestra empresa, pero no tenemos comprador. Podemos hacer algo tan descabellado como poner un anuncio en el periódico diciendo «Se vende empresa bla, bla, bla, precio a negociar. Oportunidad», nada recomendable; tal vez tengamos un comprador en mente, puede ser incluso nuestra propia competencia, o un cliente que quiera integrar verticalmente o un proveedor; pero puede ocurrir que no tengamos a nadie.
En este caso, una buena opción es recurrir a empresas que te lo hacen todo, como la división de Angel Bravo de PwC (no quiero pensar lo que cobrarán…) o Jordi Bellobí de Argentum Finanzas Corporativas.

Jordi nos ha aportado muchísimo. Ha sido claro, conciso al grano y sin paja, (catalán él, muy en mi concepto personal que tengo sobre los catalanes: eficaces a tope 🙂 ). Contaría con él si alguna vez necesitase una empresa que ofreciese estos servicios.

Por último (y no por ello menos importante), destaco la empresa Aboo partners. Almudena García Calle ha sido la encargada de compartir con nosotros su punto de vista. Hace unos meses tuve la primera referencia de Aboo a través de Ana Borrego (que había coincidido con la otra pata de Aboo, Margarita García de la Calle, en el IE). Ambas tienen una trayectoria envidiable en el sector (os invito a ver sus fichas en la web de Aboo).
Aboo no son «especialistas financieros», no te van a hacer una valoración de la empresa, sino que asesoran más bien en el sentido legal (son abogados, vamos), pero pueden ser unos buenos acompañantes durante todo el proceso, de inicio a fin. También contaría con ellos si alguna vez necesitase entrar en este mundo.

Lo que me llevo como conclusión es:

  • Hay capital disponible para invertir en empresas. Si tienes un proyecto bueno (y tú estás cualificado), no tienes problema para encontrar capital. Tal vez el problema está en que no todos los proyectos son buenos y no todos los emprendedores cualificados. Es obvio que la gente no ponga su dinero (ni bancos, ni inversores privados) en proyectos mediocres.
  • Las fases de compra/venta de una empresa: primero saber lo que tú quieres > tener un análisis financiero y de negocio interno > ponerlo en bonito y darle la capa de marketing para presentarlo a los compradores > hacer el LOI > negociar (no olvidar, siempre win-win) > Due Diligence…
  • Ser Business Angel es una buena oportunidad para invertir si conocemos el sector en el que vamos a invertir. Por desgracia, parece que fiscalmente aún la legislación española está a años luz de la americana (no hay incentivos fiscales). Esperemos que la regulación vaya en ese sentido lo que incentivaría esta fuente de inversión (que sería bueno tanto para inversores como para invertidos).
  • Es necesario contar con el acompañamiento de gente cualificada si te embarcas en un proceso de reestructuración de capital con la entrada o salida de accionistas.
  • Un listado de personas de referencia a las que acudiría.

Y aquí dan fin las notas del Salon Mi Empresa 2013 (no aporto ningún conocimiento nuevo, lo siento, como dije al inicio, tan solo es un post para no olvidar las referencias que he conseguido).

Besas y besos para todas y todos,
aabrilru

Edición posterior al 14FEB13:
A la hora de invertir o buscar inversión, en el foro rememoré la interesante afirmación: no es lo mismo una empresa viable que una empresa invertible. Una empresa, puede ser viable para unos emprendedores, que con ella ganan un par de sueldos para medio vivir: esa empresa es viable. Pero no tiene por qué ser invertible: sacan tan poco rendimiento, que no aportarían interés significativo al capital de un inversor.

Otra cosa: del tema de la valoración de una empresa no he comentado nada. Aquí hay varios métodos clásicos. Podéis googlear y encontraréis bastante info. De todas formas, si el tiempo lo permite, escribiré un micropost resumen en unos días y os lo cuento (que creo que es un tema bastante interesante).




Cuando ves tu trabajo en una web del MIT…

Hace una semana salió publicado en youtube el gran vídeo resumen del TED 2012. Fue el domingo día 4 por la mañana.

Lo descubrí pronto (a las ocho de la mañana) vía @martinvars. Cuando lo ví (desde el ipad en la cama aún), me quedé realmente flipadísimo, por la técnica de producción que habían usado: salían los ponentes del TED 2012 «cantando» (supuse que hacían algo de «auto-tunning», ¡¡vaya trabajazo!!).

Cuando ví el vídeo tenía solo 10 o 12 visitas (hoy lleva más de 30.000, en solo una semana); me satisface pensar que fuí de las primeras 12 personas del mundo que vió el vídeo (pioneros).

El contenido no lo entendía al 100% (mi Inglés escuchado no es demasiado bueno); pensé que un material tan bueno debía llegar a la mayor cantidad de gente posible. En lugar de esperar que algún día alguien lo subtitulase, pensé hacerlo yo mismo, primero a una versión Inglés, y luego a Castellano (como buen estratega marketiniano, «ví una necesidad clara y me dispuse a cubrirla 🙂 )

Durante una semana, no he podido parar de escucharlo: lo cargué en el móvil, Ipod, Ipad, ordenador… lo he estado escuchando en casa, mientras andaba, en el coche, en la ducha… No sé qué tiene este son, pero no podía dejar de escucharlo…

El vídeo subtitulado lleva ya unas 1.000 visitas (muy bien para los vídeos que normalmente edito, que no sobrepasan las decenas al cabo de meses…), aunque lo realmente curioso, es la procedencia de las mismas: la inmensa mayoría, son de fuera de España (sobre todo Estados Unidos).

Analizando las estadísticas, he flipado, viendo que recibía visitas del MIT (Massachusetts Institute of Technology) (el MIT es el sitio donde a todo ingeniero nos gustaría morir. Lo conocí por primera vez a raíz del proyecto OLPC, de Nicolás Negroponte).

Efectivamente, he seguido el rastro, y el vídeo ha sido embebido en una de las web del MIT (http://sadoway.mit.edu/2012/03/02/ted-2012-remix-its-time-for-ted).

Vídeo TED 2012 remix Subtitle English version en web del MIT

Tal vez parezca algo insignificante, pero desde mi punto de vista es una «pequeña victoria». Creo que una de las claves del éxito está en saber disfrutar de las pequeñas victorias. Las necesitamos en nuestra estrategia de vida para conseguir superarnos día tras día de forma positiva.

Yo no he estado en el MIT físicamente, pero sí mi trabajo. Soy feliz.

Sé feliz tú también,
aabrilru.

Si quieres, puedes seguirme en twitter: @aabrilru

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Y si quieres ver el vídeo, lo pongo aquí:

Aquí subtitulado en Castellano (español)




Hoy es uno de esos días, en los que me gustaría ser energía

Niños que mueren de hambre


Hoy es uno de esos días del año, en los que desearía ser solo energía,
abandonar el cuerpo que me enlaza a esta sociedad, y pulular por el universo, libre de ataduras culturales.

Hoy es uno de esos días del año, en los que querría ser pureza ermitaña,
renegar del binómio espacio/temporal que el azar me trajo a ocupar.

Hoy es uno de esos días del año, donde muchos confunden amor con hipocresía,
y mi vínculo emocional con esta sociedad, se hace más débil.

La hipocresía me vence, el consumismo me vence, los excesos insostenibles me vencen,
las personas que solo piensan con la amigdala, me vencen,
en estas fechas, casi todo me vence…

Hoy es uno de esos días en los que me siento átomo de otro elemento.

Hoy es uno de esos días en los que solo querría ser energía.

PDTA: hay muchísimas cosas positivas de estos días de Navidad. La pena es que el positivismo de la Navidad, no se mantenga durante todo el año, de ahí que estos días, los considere bañados en una hipocresía constante.
Ojalá, de forma certera, las personas asumieran en sus hábitos de todo el año los sentimientos de «paz, amor y felicidad», el positivismo general, la empatía por los demás, el altruismo, el hacer el bien a la sociedad, pero esto no es así; algunas personas a las que hoy se les llena la boca de «paz, amor y felicidad», pasado mañana se sumergen de nuevo en el trasiego diario con su «menos en la frente«. Una pena que vivamos en una sociedad no movida por principios arraigados, sino por modas e imitación no basadas en los principios de la vida y la convivencia social.

Yo sustituiría la cena de esta noche en todas las casas por una sesión de clase de inteligencia emocional: probablemente, el mundo iría mucho mejor mañana.