¡Gracias 2019! —y un autodiagnóstico de felicidad 🤔😅

Angel y Ventura en la cumbre del Buitre (04ENE20) - Gracias 2019 —y autodiagnosis de felicidadEsta Nochevieja tenía mucho que celebrar. Lo comentaba hace unas semanas con unos colegas mientras estábamos de cerveceo por Murcia, que hacía años que no celebraba Nochevieja pero este año sí tenía motivos para hacerlo. Realmente 2019 ha sido un año insuperable para mí —aunque quizá no haya sido excepcional en términos absolutos, sí lo ha sido en términos relativos por comparación con los anteriores donde tuve algún que otro altibajo.

Hace unas semanas tuve la ocasión de conversarbreves minutos con mi colega F. Hacía bastante tiempo que no hablaba con él. Durante muchos años fue uno de mis mejores amigos; supongo que en cierta forma para mí lo sigue siendo aunque entiendo que yo no para él, lo digo por el hecho de que ni él ni gran parte de su familia me saluda desde que escribí mi primer libro «Personalidades múltiples…» (las cosas de los pueblos). Yo sí les saludo a ellos, ¡líbreme Dios de negar el saludo a alguien!, pero ellos no me saludan a mí. Los psicólogos llaman a este tipo de conductas ostracismo (negarle el saludo a alguien, ignorar su presencia, no colaborar con alguien en el grupo…) y hay que tener cuidado porque la víctima del ostracismo, si no tiene recursos suficientes para hacerle frente, puede pasarlo mal por agresión a su autoestima (afortunadamente no es mi caso, procuro cada día trabajar para tener las reservas de capital psicológico altas y así poder soportar estos embates). La cuestión es que durante nuestra fugaz conversación, F. me sorprendió afirmando que «yo hacía lo que hacía porque era un infeliz en la vida, y esta infelicidad la estaba descargando contra personas inocentes».

Esta pensamiento de mi amigo F. provocó cierta disonancia en mi consciencia. Por un lado, F. decía que yo era un infeliz, pero por otro, mantengo la creencia de que estoy pasando por una época especialmente buena en mi vida (estabilidad personal sumada a logros y superación frecuente de pequeños retos). Así que no me quedó otra que ponerme a reflexionar.

Hace unos años dediqué varios meses al estudio del concepto de felicidad. Definiciones hay muchísimas. Recomiendo especialmente los trabajos del psicólogo premio Nobel de Economía Daniel Kanheman —aquí una interesante conferencia TED en 2010 sobre el tema.

Y tras dedicar algunos ratos de rumia, hasta ahora mi diagnóstico es que actualmente tengo bastantes motivos para ser feliz, especialmente en este 2019, por las siguientes razones:

Mi familia está bien:
Tanto mi padre como mi madre son los mayores de sus hermanos. Ambos han pasado ya los 70. Aunque con los achaques de la edad, en general están bien de salud. A mi padre le operaron del colon hace varios años y afortunadamente solo quedó en un susto (nos asustó mucho, pero quedó ahí). Mi madre tuvo un percance hace tres años (resbaló y se rompió el pie por tres o cuatro sitios) y se recuperó milagrosamente pudiendo caminar de nuevo en menos de un año (tras una operación donde le metieron un montón de «hierro» dentro, eso sí 😅). Todos mis tíos y tías por parte de madre y padre están vivos y todos mis primos están bien (aunque a mi tío Antonio y a mi tía Encarna les han operado recientemente, todo les ha salido bien); en la fase de la vida que nos pilla, esto es un gran motivo para estar feliz. Se lo digo a mis padres de vez en cuando: papá, mamá, somos muy afortunados por tener tanta salud. Yo pienso en esto cada día y me pongo feliz.

Trabajo por placer:
Tengo pendiente escribir un libro sobre ello, sobre la libertad o independencia financiera. Gracias a una gran dosis de suerte y a mi habilidad y estrategia en la vida, desde hace unos años puedo decir que he logrado casi la plena independencia financiera. Eso quiere decir básicamente que puedo vivir sin estar obligado a «trabajar» como comúnmente entendemos el concepto de trabajar. La independencia financiera se alcanza cuando con tus ingresos pasivos cubres tus costes fijos y parte de los variables, algo que conseguí hace unos años (con mis propios recursos sin haber heredado nada de mis padres, aún), y se supone que salvo catástrofe, podrás mantener hasta el día de tu muerte. Esto no quiere decir que no trabaje, porque la realidad es que trabajo algunas horas al día en un trabajo «serio» (principalmente como administrador de una empresa familiar) y muchas horas en «otros trabajos», pero lo hago «por placer», no «por obligación», y eso da bastante felicidad (bueno, y no tener un jefe que te toque las pelotas cada día, jejeje). El resto del tiempo lo empleo en estudiar/investigar. Haber conseguido la independencia financiera antes de los 40 años es un motivo para estar muy feliz (dormir tranquilo cada día es lo que más valoro desde hace varios lustros).

Carrera de ratas - Imagen obtenida de: https://latinmoney.net/sal-de-la-carrera-de-las-ratas-antes-de-convertirte-en-una-rata/

Carrera de ratas – Imagen obtenida de: https://latinmoney.net/sal-de-la-carrera-de-las-ratas-antes-de-convertirte-en-una-rata/

Poder desayunar durante una hora leyendo la prensa:
Hace muchos años mi primo Paquico, en una de las muchas visitas que me hizo a Madrid, me comentó que una de sus aspiraciones era poder levantarse por las mañanas y desayunar tranquilamente, sin estrés, sin «una hora a la que entrar a trabajar», mientras leía la prensa. Yo creo que tanto él como yo lo hemos conseguido. Sí, algunos días tenemos que viajar y no lo podemos hacer, pero al menos yo la mayoría de los días tengo el placer de levantarme y poder dedicar alrededor de tres cuartos de hora a desayunar tranquilamente porque de una u otra forma, la realidad es que no tengo que fichar a ninguna hora porque el día me lo organizo yo, y la verdad que tampoco madrugo mucho (como soy búho, suelo acostarme tarde porque mi máxima creatividad es por la noche). Empezar el día sin estrés, desayunando con tranquilidad y sin pensar en los marrones que me esperan me hace muy feliz 😊.

Correr una hora a medio día todos los días:
Cuando estaba metido en la carrera de ratas durante mi primera época en Madrid, recuerdo que pasaba mucha envidia cuando veía a la gente correr Arturo Soria para arriba Arturo Soria para abajo en horas de trabajo. Pensaba que esas personas eran afortunadas por poder correr con el sol. Yo no podía porque, al contrario, trabajaba de sol a sol. Cuando dejé el trabajo en Orange ciertamente esta fue una de las cosas que más valoré: poder salir a correr a la hora que me diese la gana. Y desde el 2007 que dejé aquel trabajo eso vengo haciendo cada día, correr antes de comer para poder disfrutar del Sol que tanto me gusta. Esto me hace muy, muy feliz.

Estadísticas Endomondo - Angel Abril Ruiz

Llevar una vida sencilla:
En mi primera fase en Madrid no pensaba como pienso ahora. Sí, yo también viví la etapa de los veintitantos treintaypocos en la que eres joven, estás fuera de casa y ganas mucha más pasta de la que te hace falta. Esta etapa en la que estas intentando hacerte un hueco en la sociedad y compites por el estatus. Compraba bastantes tonterías. Pero no me duró demasiado. Antes de dejar Orange me di cuenta que para lograr ser feliz (y poder salir de la carrera de ratas), debía minimizar mis necesidades. En realidad yo siempre había sido muy austero desde pequeño así que no me costó demasiado volver al redil del vivir con lo justo y necesario. Mi primer Camino de Santiago Mi primer Camino de Santiago (2003)me hizo entender que para vivir no necesitamos mucho más que las cosas que nos caben en una mochila. Cuando en 2008 conviví durante una semana con una familia de refugiados saharauis en su haima, en Tindouf (Argelia), me di cuenta de lo afortunados que somos por el simple hecho de tener agua corriente. Y otra vez me di cuenta de que no necesitamos tantas cosas para vivir. Intento llevar una vida muy sencilla, sin grandes lujos. Intento reducir mi consumo al mínimo, no por una cuestión de economía doméstica, que también, sino más bien por un respeto a nuestro ecosistema. Campo refugiados Tindouf (2009)Más que reciclar intento no consumir, y cuando no hay más remedio, intento reutilizar. Tener la casa grande (vivo en un apartamento de 60m2), el coche grande (tengo un Fiat Panda), el último modelo de teléfono (tengo una Blackberry del 2009) o muchos electrodomésticos, ropa o stuff puede complicar la vida y creo que aumenta tus preocupaciones (bueno, a no ser que verdaderamente tu poder adquisitivo sea realmente alto y consolidado). Según diversos estudios sociológicos (noticia en prensa), un problema (o error) de la actual clase media (cada vez más difícil de definir) es llevar un nivel de vida por encima de sus posibilidades sensatas. Eso les obliga a vivir como esclavos: trabajar para ganar el dinero que necesitan para poder consumir cosas, la mayoría innecesarias, aunque interesantes cuando se trata de competir por el estatus frente al cuñado, el compañero de club o el vecino.
Por el contrario, una vida sencilla y mínima permite, a mí por ejemplo, no necesitar demasiado dinero y así poder vivir sin estar metido en la carrera de ratas, algo que me hace ser bastante feliz.

Poder ir andando al trabajo:
Otra cosa muy sencilla que me hace feliz desde hace años es no tener que desplazarme cada mañana para ir al trabajo. En algunas etapas de mi paso por Orange (no siempre trabajé en la misma sede) tardaba entre 45 minutos y una hora para ir a la oficina y otros tantos para volver. Sentía que mi vida se escapaba en el transporte. Además, el desplazamiento me hacía empezar el día muy estresado; ya llegabas de mala leche al trabajo, cada día, si no conseguías evitar el atasco. Viví aquello y por eso ahora valoro tanto lo que tengo: poder trabajar desde casa, o ir a la oficina andando o en bicicleta, me hace realmente feliz —soy aún más consciente cuando alguna vez veo los atascos y las caras de los que aún están en la carrera de ratas.

He escrito ya un par de libros y tengo claro cuál es mi propósito en la vida:
Este 2019 he escrito mi segundo libro. La experiencia ha sido muy gratificante. Lleva ya unas 3000 descargas en PDF y no llega al centenar de ventas la edición papel en amazon. Lo de escribir los libros fue un gran hito para mí. Realmente esto es a lo que quiero dedicar gran parte de mi vida, a investigar, a escribir libros y a hacer vídeos en Youtube (que también me genera ingresos pasivos, dicho sea de paso 😉). Como no tengo hijos (ni creo que los tenga), esta será mi forma de dejar mi semilla en el mundo (ya que no se propagarán mis genes, al menos quedarán mis memes). Estos dos libros simplemente han sido un piloto, han demostrado cómo lo puedo hacer y que lo puedo hacer. Tengo un punto en el horizonte y un propósito en la vida y eso me hace feliz.

Ver tu objetivo cumplido:
Uno de los objetivos del libro Manzanas podridas era llegar con su mensaje a los jóvenes que se están iniciando en el mundo de la investigación (a las vacas sagradas ya no hay quien las cambie, digo en alguna ocasión). Por un golpe de suerte, en junio de este año 2019, a las pocas semanas de publicar el libro los organizadores del congreso de predocs del CNIC me invitaron como ponente en las sesiones plenarias para la edición de este año. Para mí esto ha sido cerrar el círculo: tener la oportunidad de contar a decenas (¿cientos?) de jóvenes investigadores lo que me condujo a renunciar a defender mi tesis doctoral y toda la investigación sobre malas prácticas de investigación que realicé a partir de entonces. Esto me hizo muy feliz. Pensar en ello me hizo llorar varias veces de felicidad durante este año.

Limitar los contactos sociales:
Quizá para mi amigo F., como para tantas otras personas, tener una amplia red de amigos/contactos sociales sea una clave para la felicidad. Es cierto que algunos estudios hablan sobre la correlación positiva entre la calidad/cantidad de los contactos sociales y la felicidad, aunque esto depende en gran medida de la personalidad de cada cual. En mi caso nunca he tenido gran cantidad de contactos (soy muy individualista). De hecho, desde joven no he mantenido el contacto con las personas que he ido conociendo. Tengo grandísimos amigos, y cuando los he vuelto a ver hemos comprobado que esa amistad se sigue manteniendo, pero sin la necesidad de contactarnos regularmente. Esto tiene que ver con mi alta dosis de individualismo mezclada con la introversión. Los contactos sociales que mantengo son mínimos. Los contactos sociales me generan estrés. Probablemente dentro de unos años esto me haga infeliz, pero de momento me hace feliz porque puedo dedicar más tiempo a conocerme a mí mismo. No usar wasap es un gran punto para mi felicidad 😉.

Estudiar Psicología:
Llevo estudiando el grado de Psicología desde hace tres cursos. Me encanta conocer el comportamiento humano. Ya estudiando teleco recuerdo que decía que al final de mi vida terminaría estudiando Psicología porque me gustaba mucho observar el comportamiento de la gente y preguntarme el porqué. No es que esté llegando mi final y por eso esté estudiando Psicología, ¡jajaja espero que no!, solamente que para seguir avanzando en mi conocimiento creo que esta fase es necesaria. Tener que hacer exámenes y ponerte a prueba de vez en cuando viene muy bien para seguir sintiéndote joven y vivo y para mantener la autoestima nivelada. Estudiar Psicología me hace feliz (bueno, me hace feliz lo que aprendo y aprobar exámenes, estudiar en realidad no me hace feliz 😂).

Ah, y durante este 2019 he roto una barrera que tenía desde hace más de 15 años y que me ha hecho también especialmente feliz (pero esto es muy largo y os lo contaré en mi autobiografía, no os quiero aburrir más hoy 😜).

Es cierto que puedo ser víctima de algún sesgo psicológico, esos que nos hacen modular la realidad para proteger nuestra autoestima (cambiando nuestra perspectiva, actitudes y juicios sobre las cosas para pintarlas de forma positiva), y en realidad si me sometiera a algún cuestionario para evaluar la felicidad podría resultar que no soy tan feliz como me pinto. De todas formas, si os soy franco, creo que mis hábitos y estado psicológico son muy similares a los que podrían esperarse de un individuo con un moderado estado de felicidad: miro a mi alrededor y no puedo quejarme porque soy (como la mayoría de vosotros) muy afortunado por muchísimas cosas.

Así que por todo esto y algo más, no me queda otra que dar gracias al 2019, un año que me ha hecho especialmente feliz y que muy probablemente nunca volveré a superar. ¡Gracias 2019 por haber sucedido!

Angel.

PDTA: por supuesto que cualquiera de vosotros puede ser plenamente feliz por cosas totalmente diferentes a las mías, e incluso yo mismo, ahora soy feliz por estas, pero hace 10 años lo era por otras y dentro de 5 probablemente serán otras distintas. La felicidad es un proceso muy dinámico que varía cada día, sobre todo por la actitud que tengamos hacia la vida.




Pedí un préstamo para estudiar un master y algunos lo llaman suerte

Twitter es ese sitio donde dices «buenos días» y tienes a 20 que te dan las gracias, 50 que lo leen y no dicen nada y 10 que te increpan e insultan por desear buenos días: porque no tienes derecho a ello, porque eres un superficial, porque atentas contra los derechos de los gusanos de seda o vete tú a saber por qué… ?

En esas estábamos el otro día, comentando un titular del diario Cinco Días que decía: «Un master o un doctorado eleva el salario de un graduado hasta en un 32%», cuando se me ocurrió responder en el hilo diciendo algo así como que «correlación no implica causalidad». Básicamente me refería a que si los profesionales que han hecho un master o un doctorado ganan un 32% más, la causa no tiene por qué ser haber cursado esos estudios, sino que puede ser cualquier otra que también mantenga correlación (personalidades, entorno socioeconómicos, variables culturales…) —es realmente difícil construir modelos que aíslen totalmente la causa de un efecto.

A todo esto, un colega me respondió: «O los de ciencia como tu, que igual tuvo la suerte de entrar en el mundo laboral antes de 2012 y no ha pasado las penurias a las que el resto esta sometido gracias a un par de leyes patrioticas que entraron en vigor ?»
Tuit de Dario Vázquez
Esta respuesta de Dario (por lo que conozco de él, es un gran investigador que trabaja fuera de España), me tocó un poco la fibra. Primero: por achacar al factor suerte lo que alguien consiga o deje de conseguir durante su vida; segundo: por achacarlo también a las «leyes patrióticas».

En el hilo también saltaban otros que decían que: solo los ricos pueden permitirse la educación, o que los niños de papá son los únicos que van a poder estudiar… —interesante punto de vista.

Una de las ventajas de ser una persona multidisciplinar (a ratos soy ingeniero de telecomunicación, otros investigador de ciencias del comportamiento, economista, agricultor, empresario, estudiante, youtuber, escritor, programador, panadero…) es que estás obligado a tener la mente muy abierta, algo que tampoco es complicado al beber de tantos afluentes; otra de las ventajas es que tratas con personas de un rango sociocultural muy amplio, lo que te permite conocer diferentes realidades sociales (y eso enriquece).

Entre todos los entornos donde me muevo, hay uno que me llama especialmente la atención: el de aquellos que consideran que por el hecho de haber nacido en España tienen una mochila llena de derechos incuestionables que papá Estado debe facilitarles —en Psicología este perfil de personalidad suele correlacionar con las llamadas culturas colectivistas, integradas por personas que con mucha facilidad se ven a sí mismas como miembros de grupos y aceptan que haya un poder superior que ordene sus vidas, frente a las personalidades más individualistas: las que se consideran dueñas de su vida y su destino.

Lo cierto es que la frasecita de Dario me ha tenido entretenido mientras corría hoy y pensaba: «Claro, yo he tenido mucha suerte en la vida, por eso tengo trabajo, porque me lo he encontrado todo hecho».

Por esto me gustaría reflexionar en voz alta un poco sobre la suerte que he tenido en la vida, en la que me lo he encontrado casi todo regalado. Empecemos con mis regalos:

Desde pequeño «tuve la suerte» de poder ayudar a mi padre de vez en cuando en el campo y saber lo que era cavar cornejales o irme yo solo a regar cualquier día (mientras él estaba de viaje en su trabajo) o labrar con el tractor o con la mula mecánica, o tirando de las mangueras mientras mi padre y mi tío sulfataban los árboles con la pistola, o estar los fines de semana o por las tardes cogiendo las ramas de la poda, haciéndolas haces, cargándolas en la máquina y llevándolas a casa para tener leña para encender la lumbre el resto del año. Fue una suerte poder hacer esto.

Crecí, y con 16 años, mientras otros chicos pasaban parte de su verano de ocio y en la piscina, unos cuantos amigos más y yo aprovechábamos para trabajar al jornal cogiendo albaricoques; nos levantábamos a las cinco de la mañana todos los días porque durante algunas semanas teníamos que ir en autobús a las fincas donde trabajábamos (Mula, Caravaca), aunque otras «teníamos la suerte» de trabajar en nuestro mismo pueblo y podíamos levantarnos a las cinco y media. Fue una gran suerte poder saber lo que es trabajar muy duro desde bien pequeño y conseguir con mi propio esfuerzo, entre otras cosas, pagar la primera bicicleta de montaña que tuve —y que aún hoy conservo.

Con 18 años me fui a estudiar a Valencia. Durante aquel tiempo mis padres me ayudaron económicamente un poco, aunque «como tuve suerte» conseguí algunos años la beca del Estado. Durante alguno de esos años, en los veranos, «como tuve mucha suerte», trabajé en una fábrica de conservas (pongo aquí un detalle de la consulta de mi vida laboral, que va por 19 años y cuatro meses, que gracias a la firma digital acabo de hacer en tiempo real a la Seguridad Social ?).

vida laboralEn esta fábrica de conservas «tuve la suerte» de que muchas veces se rompía la máquina de poner las tapas a los botes, y yo, como era el más joven (y el nuevo), solía ser el elegido habitualmente para pasar los botes de 5 kilos de tomate, hirviendo, de la llenadora a la cerradora (con dos pares de guantes de plástico puestos, claro). Quemaba tanto aquel invento que entre bote y bote tenía un caldero al lado con agua fría donde poder meter las manos para bajarles un poco la temperatura, ¡qué gran suerte que tenía! Además, si te caía algo de líquido a los brazos, como iba de manga corta, tenía la suerte de poder gritar, total, con el ruido de las máquinas pasaba totalmente desapercibido.

En la fase final de mi carrera (teleco), vi que el boom de las telco parecía que se estaba deshinchando, así que decidí intentar incorporarme al mundo laboral antes de terminar, no fuese a llegar tarde. Me dio por buscar trabajo en todas partes, y tuve la suerte de ser contratado por una multinacional en Madrid. Con 23 años me fui para Madrid, yo solito, con una mano delante y otra detrás, con el dinero justo para poder pagar un mes de alquiler y la esperanza de que mi primer pago de nómina llegase pronto para poder mantenerme. Tuve mucha suerte teniendo el valor de dejarlo todo atrás y aventurarme en aquella gran ciudad.

Durante mis dos primeros años trabajé en un departamento 365x24x7. Hacía noches, fines de semana… y tuve la suerte de ser el responsable de supervisar la red nacional de France Telecom durante la nochevieja del 1999 al 2000 y pasar todos los protocolos para controlar que todo se mantenía en pie durante el «efecto 2000». Trabajar en nochevieja con esa gran responsabilidad, ¡qué suerte!

Mientras trabajaba a turnos, estudiaba para sacarme las dos últimas asignaturas que me quedaban de la carrera. También el trabajo fin de carrera. Tuve la suerte de conseguir aprobarlo todo y así obtener mi primer título.

Para no quedarme atascado, como tenía la suerte de que me quedaban unas horas libres al día y los fines de semana estaba a 400 kilómetros de mi familia, decidí estudiar en la Complu Ciencias Empresariales. Desde 2004 al 2007 estuve levantándome a las 6 de la mañana y llegando a mi casa alrededor de las once de la noche. Trabajaba en Pozuelo, estudiaba en Islas Filipinas (parada de metro de Madrid) y vivía en García Noblejas. Durante los fines de semana y vacaciones tuve la suerte de poder estudiar, también la suerte de no poder viajar a ningún sitio porque todo era trabajar y estudiar —por supuesto que durante este tiempo no tenía becas y yo lo pagaba todo, lógicamente.

Entre el 2009 y el 2010, ya con mi primera empresa creada (porque tuve la suerte de renegar del dinero seguro de una multinacional y emprender mi propio negocio), decidí estudiar un master de gestión en una de las mejores escuelas de negocios del mundo (entre el top 5), en la IE Business School. Entre la matrícula del master, la residencia en Shanghai, los viajes todas las semanas de Murcia a Madrid, de Madrid a Murcia y demás cosas, tuve que desembolsar unos 30.000€ (TREINTA MIL EUROS). Lógicamente no los tenía, por lo que saqué un préstamo. ¡Sí, tuve la suerte de poder sacar un préstamo para pagar mis estudios! Y aún lo sigo pagando. Aquí el detalle de cómo está ahora mismo:

Préstamo ICO

 

Entre todo esto, tuve la suerte de hipotecarme para comprar un piso en Madrid con la que por entonces era mi pareja. Rompimos (¡gran noticia!) y me quedé con su parte de la casa y de la hipoteca. Aquí sí que tuve suerte, porque afortunadamente mis padres pudieron prestarme 800.000 pesetas (4.800€) que me faltaban para poder pagarle a ella su parte. La semana de la firma de la escritura mi cuenta bancaria se quedó tiesa, con 30 euros y la esperanza de que la nómina de ese mes viniese pronto. Recuerdo que en aquella época planificamos un colega y yo una escapada a la montaña y como no tenía ni botas de montaña ni dinero, tuve la suerte de que mi colega me vendió unas botas suyas que ya no usaba y se las compré de segunda mano. ¡Qué suerte tuve por poder comprar ropa y calzado de segunda mano!

Los años pasaron, fundé con otros colegas alguna empresa más, alguna que otra aventura laboral adicional y decidí estudiar un doctorado. Tuve la suerte de no recibir ninguna beca (pagarme yo todos los gastos), además de la suerte necesaria para poder dedicar 4 años de mi vida exclusivamente a los estudios de doctorado (sin ingresar nada) agotando prácticamente todos los ahorros que tenía. ¡Qué gran suerte que tuve! Donde sí tuve realmente suerte es dando con un director de tesis que realizaba prácticas cuestionables de investigación (manipulación fraudulenta de datos), causa por la cual me negué a defender mi tesis ante el tribunal, después de tenerla prácticamente finalizada.

En fin… que como veis, en la vida he sido un niño de papá al que todo se lo han regalado y que todo se lo ha encontrado hecho —ironía, claro ?—. Por supuesto que mi caso no es el único de esfuerzo y perseverancia; afortunadamente el mundo está lleno de personas luchadoras, a las que las cosas no le fueron fáciles y que han conseguido abrirse un hueco profesional en la vida y tener un presente más o menos de plenitud.

Por supuesto que también existe el azar en la vida. Desde que nacemos somos fruto del puro azar: justo aquel espermatozoide entre millones fecundó el óvulo de nuestra mamá y mientras estábamos en el interior de ella decenas de acontecimientos aleatorios (una discusión, que estuvo en una oficina donde la gente fumaba, la enfermedad que tuvo durante el embarazo…) sucedieron y provocaron que nosotros seamos hoy lo que en gran parte somos.

Pero además de esta predisposición genética (algo que es pura «suerte», lo admito), desde el momento que somos seres autónomos podemos elegir qué camino tomar e ir modulando la programación que llevamos insertada. Somos nosotros los dueños de nuestro destino (aparte de la predisposición innata con la que contamos) y la mayoría de veces podemos elegir qué hacer; incluso cuando físicamente no podemos elegir qué hacer, sí que podemos elegir qué pensar y cómo interpretar y asumir la realidad que estamos viviendo (como proponía el doctor Viktor E. Frankl tras su experiencia de años en un campo de concentración nazi).

Afortunadamente llevo unos años estudiando Psicología para comprender los entresijos del pensamiento y el comportamiento humano y eso me permite inferir el cómo y el porqué de muchas actitudes y conductas de las personas con las que me cruzo cada día.

Es increíble que la miopía sea una enfermedad tan extendida en esta sociedad.

¡Gracias por pasarte por aquí!
Angel.

PDTA: cuando sí que tuve auténtica suerte fue cuando de niño me operaron de apendicitis con peritonitis aguda. El cirujano le dijo a mis padres que si hubiesen tardado dos horas más en llevarme al hospital hubiese muerto. Estuve 27 días ingresado. Aquello sí que fue realmente suerte ?.




Cita: comprendiendo el comportamiento último de la mujer – Capítulo I

A Man and a Women- Vía flickr de Ding Yuin Shan - License (CC BY 2.0)

   Por ejemplo, el sistema de «adquisición de compañero» de la mujer puede ser activado durante la fase ovulatoria del ciclo menstrual (Gangestad y Thornhill, 2008). Durante el período de varios días de máxima fertilidad, las mujeres experimentan un mayor deseo de adquirir un compañero. Esto lleva a las mujeres a prestar más atención a los hombres (Anderson et al., 2010), se visten con trajes más sexy (Durante, Li, y Haselton, 2008), compran ropa y accesorios de productos más atractivos (Durante, Griskevicius, Hill, Perilloux, y Li, 2011; Saad y Stenstrom, 2012) y ganan más propinas de los clientes masculinos (Miller, Tybur, y Jordan, 2007).

Fuente:  Griskevicius, Vladas, y Douglas T. Kenrick. «Fundamental motives for why we buy: How evolutionary needs influence consumer behavior». Journal of Consumer Psychology, 11, 2013.

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Cita: la facilidad cognitiva

Causas y consecuencias de la facilidad cognitiva. Fuente: Kahneman, D. "Pensar rápido, pensar despacio", Debolsillo, Barcelona, 2012, p.85

…uno de estos indicadores es la facilidad cognitiva (fluency), y su rango se encuentra entre «facilidad» y «tensión» [..] En un estado de facilidad cognitiva es probable que nos encontremos de buen humor, nos guste lo que vemos, creamos lo que oímos, confiemos en nuestras intuiciones y sintamos que la situación actual es cómoda y familiar. También es probable que nuestros pensamientos sean relativamente informales y superficiales. Pero cuando nuestro estado es de tensión, es más probable que estemos alerta y seamos suspicaces, que dediquemos más esfuerzos a lo que estamos haciendo, nos sintamos menos cómodos y cometamos menos errores, pero también que seamos menos intuitivos y menos creativos de lo normal.

Fuente: *KAHNEMAN, Daniel, «Pensar rápido, pensar despacio», Debolsillo, Barcelona, 2012, pp. 84-85.

(*) Daniel Kahheman Nobel de Economía en el año 2002.

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Cita: sobre la ley general del mínimo esfuerzo…

«Una ley general del mínimo esfuerzo rige en la actividad tanto
cognitiva como física. La ley establece que si hay varias formas de lograr el mismo objetivo, el individuo gravitará finalmente hacia la pauta de acción menos exigente. En la economía de la acción, el esfuerzo es un coste, y la adquisición de habilidad viene determinada por el balance de costes y beneficios. La pereza está profundamente arraigada en nuestra naturaleza»

Fuente: KAHNEMAN, Daniel, «Pensar rápido, pensar despacio», Debolsillo, Barcelona, 2013, p. 54.




Sonríe, alza los brazos… cómo tu actitud corporal modifica tu estado de ánimo

Es habitual pensar que los cambios en el ánimo provocan cambios en el cuerpo: si estamos tristes, ponemos cara triste, si nos sentimos aburridos, nuestra cara y comportamiento del cuerpo dará muestras de aburrimiento. Algo parecido a esto es lo que conocemos como psicosomatismo. Un ejemplo de psicosomatismo podría ser el momento en que una depresión -psique-, comienza a afectar a nuestro cuerpo disminuyendo las defensas del sistema inmunológico -cuerpo-…

Sonrisa - vía flickr Geko78. Thanks!

Desde hace un tiempo los científicos están investigando un hecho sorprendente, y es que el sentido contrario también funciona: el estado del cuerpo (incluso la postura instantánea) afecta al estado anímico.

En la práctica, esto quiere decir que si nos ponemos delante de un espejo y «físicamente» sonreímos, este acto influirá en nuestro estado anímico provocando un aumento de nuestra alegría interior. Si alzamos los brazos -como la señal de victoria- nos dará auto-confianza.

Encontré esta teoría por primera vez hace un par de años en la conferencia de Amy Cuddy en TED y ahora vuelvo a ver la misma idea citada en el artículo de A.Krishna et al (2013) (doi: http://dx.doi.org/10.1016/j.jcps.2013.12.006).

Cuando te encuentres triste, fuerza la sonrisa en tu rostro y tal vez consigas sentirte más feliz.

Un besito y una besita,
Angel (@aabrilru)
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Los tres grupos de personalidades: complaciente, agresiva e independiente

Últimamente estoy profundizando bastante en mis conocimientos de psicología. Esta tarde he descubierto a Karen Horney. Autora considerada neofreudiana se especializó en estudios sobre la personalidad.

Gente en Londres (por aabrilru en flickr)

Horney propuso clasificar las personalidades de los individuos en tres grupos (1):

1. Los individuos complacientes son los que tienden a movilizarse hacia los demás (desean ser amados, deseados y apreciados por sí mismos).

2. Los individuos agresivos son los que se movilizan en contra de otras personas (su deseo es sobresalir y ganarse su admiración).

3. Los individuos independientes son los que se movilizan para alejarse de los demás (desean independencia, autonomía, autosuficencia y estar libres de obligaciones).

Me resulta divertido leer estas clasificaciones que las distintas disciplinas hacen de las personas; mientras leo, voy poniendo dentro de cada grupo a mis conocidos, al final los imagino a todos dentro de grandes cajas de cartón pegando saltitos por salir.

¿Y tú de quién eres?

Besas y besos (si te gusta pínchale a algo!! 🙂 )
Angel (aabrilru)

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(1) Karen Horney, The Neurotic Personality of Our Time (New York: Norton, 1937), referenciado en Schiffman y Lazar, Comportamiento del Consumidor (México: Prentice Hall, 2001)




«La ciencia del sex appeal» (y cómo quitar el romanticismo al amor :) )

Visitar la casa de mis padres es casi siempre una experiencia seductora.
En el salón tienen un aparato negro que con los años ha ido adelgazando -¡ese sí sabe de dieta sana!- al que llaman televisión.
Es un aparato increible, más allá de la ciencia y la estadística. Rompe todas las probabilidades: la probabilidad de encontrar algún contenido interesante en casi 200 canales es de baja a muy baja.

La noche temática - La ciencia del sex appeal

Hace unas semanas, mientras esperaba a mis padres para salir a tomar un helado, con un ojo en el XLSemanal, observaba con el otro cómo @jlabrilru hacía zapping con el mando a distancia en el laureado invento.
Lejos de toda previsión, mis ojos fueron bombardeados por una armoniosa serie de partículas corpúsculo-onda (también conocidas como imágenes), que al ser percibidas por mi cerebrito activaron ciertos circuitos memorísticos que tras unas milésimas de segundo provocaron en mi consciente la sensación y la percepción de un grato recuerdo: «ese documental lo he visto y mola mucho -pensé y dije a mi amiga zapeadora«.

El documental en cuestión lo emitían en el programa de La2 de RTVE «La noche temática». Su título es «La cienca del sex appeal«. Me gusta mucho este documental porque habla de temas tan «pasionales» como el amor desde un punto de vista científico. Presenta distintas perspectivas a través de investigaciones científicas en entornos universitarios.

Nos descubre el estado de la ciencia en cuestiones tan variopintas como: ¿qué pasa en nuestro cuerpo cuando se produce un flechazo?, ¿por qué un rostro me resulta más atractivo que otro?, ¿en qué se fijan las mujeres o los hombres a la hora de elegir pareja?, ¿influye el atractivo de nuestro interlocutor a la hora de tomar decisiones?, ¿cómo influye «el olor» de la otra persona?, ¿nos pavoneamos como el resto de animales cuando estamos en grupo para conquistar a nuestra posible pareja?, ¿existe el amor eterno?, ¿qué sucede fisiológicamente?, ¿qué pasa por nuestra cabeza consciente e inconscientemente?».

Si las películas románticas -sobre todo las de Disney- hicieron mucha mella en la plasticidad de tu cerebro y crees en el amor como algo «mágico y romántico» probablemente no deberías ver este documental; tal vez te pueda producir un shock traumático y no me gustaría ser responsable de ningún marcador somático en tu materia gris.
Si te gustaría conocer el punto de vista de la ciencia sobre lo que ocurre químicamente y eléctricamente en nuestro cuerpo cuando hablamos de «maripositas en el estómago«, ¡este es tu documental!.

NOTA: hace años estaba en el grupo Disney (el primero). Ahora estoy en el grupo «pagafantas» (el segundo), compuesto por esos individuos que arruinan el romanticismo de toda cita cuando hablan del amor como una enfermedad científicamente demostrada 😀 .

Os dejo el enlace.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/noche-tematica-ciencia-del-sex-appeal/1300649/

Muchas endorfinas para todos y para todas 🙂

Abrazos y abrazas,
Angel (@aabrilru)

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