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fabrica, vende, factura: es lo mínimo…

Llevo un par de meses intensos asesorando a potenciales emprendedores, la mayoría de ellos, con grandes proyectos en mente. Es un placer que compartan conmigo sus planes.
También analizo constantemente empresas consolidadas o en periodo de start-up como vicio profesional e intento otorgar a este análisis un punto de vista científico.

No recuerdo con exactitud en qué curso de la EGB estudiábamos el método hipotético-deductivo, pero me dejó marcado para toda la vida :). Aconsejo la reflexión «científica» por este método u otras reglas de investigación científica, a la hora de tomar decisiones.

Una de las hipótesis sobre la que últimamente estoy trabajando es la siguiente: para que una empresa u organización funcione bien ha de ser buena como mínimo en las tres patas fundamentales que componen toda empresa (creo que es el modelo básico de empresa que se estudia el primer día de clase de economía de la empresa), que son: producción, ventas y administración.

Fabrica, vende y factura

Los organigramas de las empresas industriales típicamente estaban compuestos por estas tres cajitas, con sus tres jefes sobre cada una de ellas; teníamos la fábrica, que fabricaba al máximo, en cantidad y/o calidad; teníamos a los de administración, que hacían las nóminas, cobraban las facturas, hablaban con los bancos, gestionaban las quejas de clientes/proveedores, etc.; y luego teníamos a los colegas de ventas, con su director comercial a la cabeza, cuyo trabajo era vender TODO lo que producía la fábrica.

Bien. A pesar de lo obsoleto del modelo (hoy día, se hacen necesarias funciones mucho más avanzadas en la organización empresarial, como el marketing, por supuesto 🙂 ), podríamos considerar éste como un «modelo mínimo» para garantizar el funcionamiento de una empresa: producción, administración y ventas.

Estoy viendo a gente que es muy buena en «la fábrica» (son muy buenos programando, son muy buenos en la cocina, son muy buenos diseñando, son muy buenos como albañiles, son muy buenos arquitectos…); también veo a gente, que podría ser buena en la administración, y otros, que son muy buenos en las ventas (tienen «el toque mágico de la venta»). El problema es cuando estas tres figuras no forman parte del mismo equipo.

Toda empresa que quisiera ser sostenible/rentable a largo plazo, debería contar como mínimo con un líder (el mejor, al ser posible) en cada una de estas cajitas. No tiene que ser socio de la empresa, pero sí formar parte del equipo. A veces los emprendedores (o empresarios en general), no son conscientes de esta necesidad.

El empresario debería ser bueno en al menos una de estas tres cajitas; incluso podría no ser bueno en ninguna, si tiene la capacidad de formar y coordinar de forma excelente un equipo que como mínimo cubra estas tres necesidades de la organización empresarial.

Encuentro empresas donde son los mejores en la fábrica pero no dedican atención a ser los mejores también en las otras patas fundamentales que sustentan la estructura organizacional; no se dan cuenta -metidos en el trasiego diario, en la miopia del empresario- que estos tres pilares son fundamentales. De nada sirve haber conseguido fabricar el mejor motor del mundo, que va a desbancar al diesel, al gasolina, al eléctrico y al de hidrógeno, si lo tienes encerrado en tu garaje y no eres capaz de comunicar a los demás que lo tienes y además conseguir que te lo compren.

Creo que hay empresas dirigidas por «fabricantes» que tienen en el garaje el motor que va a revolucionar la industria, pero ignoran que para desarrollar un negocio no basta con «la fábrica», sino que son necesarias las patas de la «administración» y de las «ventas» para conseguir hacer sostenible el chiringuito.

Si eres fabricante, busca a un buen administrador y a un buen jefe de ventas 🙂

Un placer siempre,
aabrilru

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La gallina de los huevos de oro: busca el equilibrio

Y es que la fábula, vista desde otra perspectiva, tiene su miga…
De entre algunas versiones que he visto, copio aquí una que me ha gustado mucho, de un libro de Stephen R. Covey (copio a manubrio…):

Esopo cuenta que un pobre granjero descubrió un día que su gallina había puesto un reluciente huevo de oro. Primero pensó que debía tratarse de algún tipo de fraude. Pero cuando iba a deshacerse del huevo, lo pensó por segunda vez, y se lo llevó para comprobar su valor.

¡El huevo era de oro puro!. El granjero no podía creer en su buena suerte. Más incrédulo aún se sintió al repetirse la experiencia. Día tras día, se despertaba y corría hacia su gallina para encontrar otro huevo de oro. Llegó a ser fabulosamente rico; todo parecía demasiado bonito como para que fuera cierto.

Pero, junto con su creciente riqueza, llegaron la impaciencia y la codicia. Incapaz de esperar día tras día los huevos de oro, el granjero decidió matar a la gallina para obtenerlos todos de una vez. Pero al abrir el ave, la encontró vacía. Allí no había huevos de oro, y ya no habría modo de conseguir ninguno más. El granjero había matado a la gallina que los producía.

Comparto con vosotros esta fábula de Esopo, que nos abre un interesante tema: el equilibrio entre «producción» y «capacidad de producción».

La gallina de los huevos de oroEntiende estos términos, no solo desde el punto de vista empresarial al que asociamos cotidianamente estos conceptos, sino también desde el punto de vista de la gestión personal. Producción lo podemos interpretar como los resultados deseados en cualquier faceta de nuestra vida, y capacidad de producción como la aptitud o los medios que usamos para conseguir esos resultados.

Piénsalo. Nuestro bien personal económico más importante no son los bienes materiales que podamos poseer en un momento determinado, sino nuestra capacidad para crear valor (y que nos paguen dinero por ello, si es lo que buscamos). Una vez más, el quid está en el equilibrio. Nunca puedes dejar de invertir en tu «capacidad de producción», a la vez que sacas provecho de tu «producción». El dilema está en hallar el equilibrio. Busca el equilibrio, my friend 🙂

Mantener el equilibrio entre los huevos de oro (la producción) y la salud y el bienestar de la gallina (capacidad de producción), suele exigir un juicio delicado.

¿o no?,
aabrilru

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