Lo que nunca antes había contado a nadie sobre mi vida low cost

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Hola chicos!! Hace tiempo que no os cuento nada por aquí. Hoy toca 🙂 .
Quiero hacer un pequeño paréntesis en mi concentración en los estudios de doctorado y elaboración de la tesis, que como muchos de vosotros sabéis, me está haciendo pasar unos meses muy malos, no la peor época de mi vida, porque he tenido alguna peor, pero sí la época en la que psicológicamente me he sentido más herido —humillación, anulación total de mi propia voluntad—, hasta el extremo de llegar a tener crisis agudas de ansiedad que me han llevado a replantearme mi propia existencia en este mundo. Una mala época… pero tenemos que ser positivos!! (ya os contaré con más detalle en un blog específico que he ido escribiendo sobre ello). Así que creo que me viene muy bien desconectar un par de horas y compartir esta reflexión con vosotros 🙂 (por cierto, gracias a todos los que me estáis apoyando en estos malos momentos!!)

 

Citroen 2 caballos Ibiza Love

 

Os cuento. Hoy, aprovechando la visita de Sheila estos días, con la que he charlado largo sobre esto, os voy a contar algo que nunca antes había contado a nadie: las ideas que me llevaron a adoptar mi forma low cost de vida.
Sheila vive en el sur de Inglaterra, en la región de Dorset, y ha recorrido gran parte del mundo. Ha estado unos días de visita en España porque van a comprar una pequeña casa por aquí, donde el clima es mucho mejor que en Portland, su ciudad de residencia actual —como padece de asma, no lleva muy bien la humedad—. Ella ama el Sol, la luz y la libertad, como yo. Ha sido realmente un placer poder charlar con ella 🙂
Durante nuestras conversaciones en los desayunos, nos dimos cuenta que nuestro modo de afrontar la vida coincidía en muchos aspectos, y también nos dimos cuenta de lo raro que a veces esta idiosincrasia de vida podía resultar para la mayoría de personas, aunque parece que cada vez más personas están uniéndose a esta corriente. Esta filosofía que paso a contar, es la que define bastante mi forma de ser desde hace unos años —bueno, más bien, es uno de los pilares de mi vida—, y aunque en mis actos diarios queda reflejada, hasta ahora no la había compartido expresamente con nadie, así que ahora que he reflexionado con Sheila al respecto y lo tengo calentito, creo que estaría genial compartirlo también con vosotros.

La idisosincrasia a la que me refiero la llamo «filosofía de vida low cost». Más o menos por el nombre podéis imaginar de qué se trata, pero no quiero quedarme solo en el nombre, os quiero contar y justificar porqué decidí que esta fuese mi forma de vida (como veréis, no es algo nuevo ni inventado por mi). Quizá por esta forma de vivir, me consta que muchos de vosotros me véis como a un bicho raro (algo que por otro lado, me satisface enormemente 😛 ). No pensad que intento decir que esta forma de vida es mejor que otra —¡seguro que hay otras mucho mejores!—, tampoco quiero convencer a nadie; solo quiero compartir con vosotros porqué yo decidí llevar una vida low cost. Aquí va:

1. La vida es limitada en el tiempo. Cada día que nos levantamos puede ser nuestro último día. Ser conscientes de esto, cada día, nos puede ayudar a otorgar a cada cosa la importancia que realmente se merece. A veces nos preocupamos por gilipolleces que probablemente no tendríamos en cuenta si supiésemos que solo nos quedan dos meses de vida en este mundo (la realidad es que para algunos de nosotros, esto será efectivamente así). No vamos a estar aquí para toda la vida, aunque nuestro legado sí lo estará —algunos dejan su legado a través de hijos (forma inconsciente a la que la biología ha recurrido para conseguir que perpetuemos nuestros genes en el mundo), quizá otros a través de obras físicas o ideas; lo normal es que cada cual intente dejar «un legado» que le haga sentirse realizado.

2. Ser feliz. No hay que ser un lince para escribir esto: cuando somos felices estamos a gusto 🙂 . Nuestros estados corporales y mentales encuentran un bonito equilibrio cuando estamos en felicidad. Ya que la vida es limitada, y ser feliz es tan bonito, tal vez lo más inteligente sería desear ser feliz durante el tiempo que estemos en la vida, ¿no?
Hay decenas de estudios que hablan sobre la felicidad. Daniel Hilbert en su Stumbling on Happiness, Daniel Kanheman en su Thinking Fast and Slow, Sir Ken Robinson en su The Element, Mihaly Csikszentmihalyi en su Flow, nos aportan en algún momento su punto de vista a propósito de este bien tan preciado que es la felicidad. El instituto americano Gallup, con quienes colabora habitualmente el nobel Kanheman, se encarga de hacer encuestas en todo el mundo y de aclararnos un poco más sobre lo que nos hace felices. Los bienes materiales nos hacen felices, es cierto, pero durante un periodo muy corto de tiempo. La habituación a un bien material es rápida y por tanto su efecto en nuestra felicidad es breve —nos habituamos muy pronto a tener el último modelo de Aifon o un coche deportivo—. Otra cosa que nos hace felices es el dinero. El dinero nos hace felices, pero a partir de cierto umbral (una mínima cantidad asociada a los niveles básicos de supervivencia), ya no consigue hacernos más felices.

3. El mundo y los que nos rodean. Pero por encima del dinero, hacer buenas obras por los demás, ser «un buen ciudadano», realizar acciones positivas que sabes que van a tener un impacto a largo plazo sobre las generaciones posteriores, aportan una felicidad más duradera, según ha sido demostrado en diversos estudios. Diríamos que los objetos materiales son como tomarse un Red-Bull, que te da alas en «0,» pero las pierdes también en «0,», y hacer buenas obras por los demás y por el entorno que te rodea sería como llevar una dieta mediterránea, que no te da el subidón, pero te asegura una buena salud a largo plazo 🙂

Así la cosa, con solo estos tres puntos, lo que habitualmente pienso es que si tenemos en cuenta el poco tiempo que vamos a estar en este mundo, y que lo más guay para el conjunto de genes que conforma nuestro cuerpo es ser feliz, lo más inteligente sería intentar ser felices la mayor parte del tiempo, ¿no? El dinero, a partir de cierto umbral, no aporta felicidad, pero sí que podemos crecer en felicidad haciendo cosas buenas por los demás y por el mundo. Haciendo un paralelismo con el mundo del «running», podríamos decir que la felicidad que conseguimos con nuestras buenas acciones por nuestro entorno, es una felicidad de ultrafondo, y la felicidad que conseguimos con bienes materiales, es una felicidad de pista de atletismo 🙂

De esto me di cuenta, digamos, que a partir de los treinta, más o menos. Cuando era más joven —y había leído menos— quizá pensaba de otra forma (cuando somos más jóvenes la motivación de estatus nos hace buscar un hueco en la jerarquía social, y pretendemos éxitos que reflejen nuestra valía ante el resto de personas), pero lo cierto es que los pensamientos, prioridades y deseos cambian a lo largo de la vida, por más que de jóvenes nos cueste reconocerlo, la ciencia ha demostrado que es así.

Buscando el equilibrio tiempo/dinero/felicidad
Recuerdo mis primeros años trabajando en Madrid (Orange), y recuerdo a mis compañeros de oficina, mayores que yo, que me decían que «no iba a heredar la empresa», y me preguntaban porqué trabajaba tanto. Trabajaba hasta tarde en la oficina, buscaba libros para aprender más, y me tiraba estudiando TCP/IP los fines de semana, para conseguir dar soluciones a las necesidades de conectividad a internet de nuestros clientes. Muchos días no salía a comer y me quedaba trabajando en la oficina. Algunos me decían: «Angel, el trabajo envilece» y yo les decía que para mi era todo lo contrario, el trabajo era mi fuente de inspiración y crecimiento personal. En aquel momento, creo que realmente lo era y en muchas ocasiones lo ha sido. Pero llega un día en el que ves que quizá no merece la pena currar tanto; ganas mucho dinero, sí, pero con el coste de dejarte otras cosas en el camino. Por supuesto que el trabajo es necesario, no estoy hablando de eso, y es cierto que hay muchísima gente que su trabajo la hace feliz, porque han encontrado en él «su elemento» y «fluyen» en él cada día. Esto está genial y no deberían cambiarlo por nada, ya que el objetivo de ser feliz, lo tienen cumplido. Pero hay otras personas a las que quizá el trabajo no les hace tan felices, y realmente éstas sí están dejando pasar un tren con vagones llenos de posibles fuentes de felicidad, pero «aguantan» en el curro porque necesitan dinero para mantener su «tren de vida».

La clave en este punto, está en darse cuenta de si todas esas «necesidades» que tenemos, son necesidades reales, básicas, o son necesidades creadas por patrones sociales, quiero decir: como el vecino tiene un Volvo XC60, yo tengo que tener otro, al ser posible el XC60 sport full equipt megachachi; como el vecino ha ido a París de viaje, yo tengo que ir a Nueva York; como mi cuñado se ha comprado el último smartphone de Samsung (el que se quema), yo voy a comprar el Aifon 8…

Las marcas, por supuesto, tienen probablemente la mayor responsabilidad por crear esta necesidad de «gastar» constantemente. Con su obsolescencia inducida, nos hacen pensar que realmente necesitamos el último modelo de cada cosa: necesitamos el último modelo de teléfono o de ordenador o de televisor; necesitamos las últimas zapatillas con suela de mega-super-hiper-gominola, necesitamos el último GPS, necesitamos probar las últimas galletas hiperenergéticas que no engordan, necesitamos… gilipolleces, vamos. Y las marcas están felicísimas con que nosotros entremos al trapo.

Obviamente, para estar a la última en todo, necesitamos mucho dinero, y para conseguir mucho dinero, o somos unos genios, o bien tenemos que trabajar mucho, por lo que nos queda poco tiempo para hacer otras cosas que quizá podrían hacernos más felices. Supongo que ya sabéis hacia donde quiero ir, ¿no?… La clave está en encontrar aquel equilibrio entre dinero y tiempo que consiga maximizar nuestra felicidad.

Consume más, consume distinto, compra, tira compra
Pero esto no siempre fue así. A principios de siglo —y desde el comienzo de la historia humana— consumiamos productos principalmente por necesidad. Necesitábamos una vaca, la comprábamos; rompíamos unos pantalones, los cosíamos, se rompían de nuevo, y los volvíamos a coser; se rompía el Ford-T (bueno, en España años después el SEAT 600), íbamos al taller y lo arreglábamos 50 veces; comprábamos alimentos a los productores de la zona; comprábamos harina y hacíamos nuestro propio pan; hacíamos matanza una vez al año y fabricábamos nuestros embutidos… Y esto era así, consumíamos por necesidad.

Pero en Estados Unidos algo cambió a principios del siglo pasado. Para salir de la crisis de los 20, algunos gurús tuvieron la genial idea de «inventar el marketing» y la manipulación de masas (algunos ven a Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, como el padre de la propaganda y la manipulación), y del marketing vino la diferenciación, estimulando directamente la parte irracional de los individuos y sus necesidades psicológicas fundamentales. Ahora lo que comprabas era una parte más de ti, de tu personalidad, y te definía como individuo social (como aún sigue siendo).
Ya no todos los productos eran similares, sino que el cliente podía elegir qué producto deseaba. Incluso le hicimos creer al consumidor que debía exigir productos diferentes para conseguir diferenciarse del vecino, y lo más importante, que lo que consumías decía mucho de lo que eras. Ya no tenías que comprar el Ford-T negro, porque General Motors te permitía elegir entre rojo, gris, amarillo, granate, verde e incluso el negro. Había comenzado la era del consumismo.
Incrementar el consumo a través de la creación de necesidades «no reales» en los consumidores, era el bálsamo de fierabrás para sacar al mundo de la recesión. La industria necesitaba más mano de obra para hacer más tipos diferentes de productos, más gente trabajaba, la renta aumentaba, el consumo aumentaba, y así todos «felices». Pero esta espiral creó en nosotros necesidades artificiales, no reales, que las empresas estaban encantadas de satisfacer. Esto pudo estar bien cuando éramos  menos de 2 500 millones de habitantes en el mundo (en los años 20), pero la población mundial se ha disparado de forma exponencial en las últimas décadas. Ahora somos unos 7 500 millones. Y continuar con este nivel de consumo (sobre todo con el nivel de consumo de Estados Unidos), parece conducirnos a un punto sin retorno.

Crecimiento insostenible
Aquí podemos ver cómo los humanos hemos ido poblando nuestro planeta Tierra.

Fuente: Wikipedia

Fuente: Wikipedia

De por sí, todo esto del consumo no es tan malo. Las personas compran, tiran, compran y con ello creen ser felices (recordemos que el punto de partida que hemos puesto es que la pretensión es conseguir ser lo más feliz posible en el poco tiempo que cada uno de nosotros vamos a estar en este mundo). A mayor consumo, más trabajo, hay más dinero y la gente es aparentemente más feliz. Esto sería ideal, sí, si los recursos fuesen infinitos, pero no lo son. Estamos acercándonos a unas tasas de explotación de los recursos disponibles nunca antes conocidas en la historia. Sobre esto hay multitud de teorías. Thomas Malthus (1766-1834) ya hipotetizó sobre la escasez de recursos a la que nos íbamos a enfrentar en el planeta, debido al crecimiento de la población. La predicción malthusiana no se ha cumplido, probablemente debido a los avances tecnológicos —agricultura intensiva— que nos han permitido sobreexplotar los recursos disponibles, es decir, producir más cantidad en menos espacio.

Pero un grave peligro nos acecha. De los 7500 millones, más de 3000 millones (1250 India, 1350 China…) son países que se están aproximando cada vez más al nivel de consumo de los países más desarrollados. Si India y China, y algún día los países de África, alcanzan el nivel de consumo de Estados Unidos, nos cargaremos sin duda el planeta Tierra, y desgraciadamente, sobre esta afirmación sí que hay un consenso mundial de toda la comunidad científica. Stephen Hawking ha escrito reciéntemente que la humanidad tendrá que poblar otros planetas si desea sobrevivir…

La obsesión por crecer
Y el problema está en la obsesión por crecer. En un sistema donde los recursos son limitados, no es posible crecer de forma permanente. Las escuelas de negocios han enseñado a los directivos de las empresas que la forma de garantizar el «éxito» es creciendo. Cada trimestre hay que facturar más, hay que tener más clientes, más volumen… y si algún año no superas las cifras del año anterior, el mercado te castiga devaluando tu cotización en bolsa. Pero no solo pasa en las empresas. Como individuos, la cultura actual parece arrastrarnos también a crecer de forma permanente. Vives con tus padres cuando eres pequeño, compartes piso cuando estudias en la universidad, luego te vas a vivir solo de alquiler, luego compras un pequeño apartamento, luego un piso más grande, hasta que por fin consigues tener un pequeño chalet en la urbanización de las nuevas parejas jóvenes y exitosas (¡enhorabuena a todas las parejas jóvenes y exitosas que vivís en esa urbanización tan chula, sois lo más de la sociedad!). Después del chalet, vendrá la casita en la sierra o en la playa y luego tal vez, otro chalet ya no adosado sino independiente, con una gran parcela alrededor y con una gran piscina, muy probablemente climatizada, para poder usarla también en invierno.

¡Crecer, crecer, crecer!, sí, crecer está bien, siempre y cuando no agotemos los recursos disponibles y no estemos creando más perjuicio que beneficio al mundo que nos rodea.

Si volvemos al inicio, podemos comprender porqué nos obsesionamos con crecer. Obtener bienes, comprar cosas, es una fuente de felicidad; pero la felicidad que conseguimos con estos bienes materiales es de paja, de esa felicidad que se viene abajo con dos soplidos del lobo feroz.

La fórmula que me ilumina
Así que con todo lo que hemos visto hasta ahora, la fórmula no parece demasiado complicada. A saber: por un lado, hemos visto que probablemente lo inteligente es intentar ser felices el poco tiempo que vamos a estar en este mundo; para esto, la ciencia nos dice que los bienes materiales no dan una felicidad de calidad, pero que sí que nos puede llenar de felicidad y propósito en la vida hacer buenas acciones por los demás y por el mundo —conseguir dejar un legado positivo que nos trascienda—. También hemos visto que para llevar el elevado nivel de consumo que supuestamente nos hace felices, necesitamos mucho dinero, pero a no ser que seamos unos genios —o unos estafadores— conseguir ese dinero nos va a llevar mucho tiempo, tiempo que vamos a dejar de disfrutar de nuestra familia, de nuestros amigos, o de otras actividades con las que quizá podríamos maximizar mejor nuestra felicidad.
También hemos hablado sobre el daño que este nivel de consumo está ocasionando al planeta. Los recursos son finitos, y a pesar de la tecnología, si seguimos así, las próximas generaciones nos acusarán de nuestra avaricia y nuestra codicia, y de nuestra hambre voraz e inconsciente que está desolando el planeta.

¿Cuál es la fórmula entonces? Sencilla: ¡disminuir nuestro nivel de consumo!

Si disminuimos nuestro nivel de consumo, necesitaremos menos dinero. Si necesitamos menos dinero, tendremos más tiempo libre para estar con nuestra familia y con nuestros amigos o con nuestra/o amante y disfrutar de las cosas que nos hacen felices, porque tendremos que trabajar menos. A la misma vez, disminuyendo nuestro nivel de consumo, convirtiéndolo en un consumo responsable, contribuimos a mejorar la salud del planeta y aportamos nuestro grano de arena al objetivo de conseguir dejar un mundo mejor a las futuras generaciones. Esta buena labor que realizamos incrementará nuestra felicidad de largo plazo, porque estamos ayudando a los demás, estamos ayudando al mundo y son buenas acciones que nos trancenderán en el tiempo —dejamos un legado y tenemos un buen propósito de vida.

Por todo esto —y por alguna cosa más, pero tampoco quiero extenderme demasiado—, desde hace unos años decidí adoptar esta filosofía de vida «low cost» en mi día a día, y creo que de momento no me va demasiado mal y estoy consiguiendo unos niveles de felicidad aceptables (aunque últimamente, los hombres de negro de mi doctorado, estén consiguiendo disminuir mis tasas de felicidad a cero, pero esto será algo puntual que pasará pronto!!).

Con estas explicaciones espero haber aclarado cuál es la causa de mi frugal estilo de vida y cada vez el de más gente (ahora ya podéis criticarme con argumentos!! 😀 ) . Pensad en vuestro nivel de consumo y en la cantidad de cosas que compramos de forma absurda. El mercado nos ha comido el tarro haciéndonos creer que multitud de productos son necesarios, cuando en realidad no lo son. Es una realidad que estamos trasvasando parte de nuestra personalidad a los objetos que nos pertenecen, porque pensamos —de forma inconsciente la mayoría de veces— que esos objetos dicen mucho de nosotros(**). Y no nos damos cuenta que con nuestro elevado consumo, nos estamos cargando el mundo y sobre todo, estamos consiguiendo una felicidad de paja. Probablemente, si disminuyésemos nuestro nivel de consumo, encontrando un equilibrio entre tiempo y dinero, conseguiríamos ser mucho más felices. Piénsalo 😉 .

Una besa y un beso para todos y gracias por estar ahí!
Angel.

PDTA: si quieres saber de forma práctica en qué consiste mi forma de vida low cost, déjame un comentario, escríbeme por twitter o facebook y así me motivarás para seguir desvelando mis secretos 🙂

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Epílogo: Las corrientes
Como ya os dije al principio, aunque todo esta locura que os he contado he ido rumiándola de forma pausada y sosegada con el paso de los años, leyendo muchísimo y observando el entorno y a las personas que nos rodean (me fijo mucho, como un búho), sí que es cierto que no os he contado nada original que no esté inventado ya (¡siento no ser original, jaja!), puesto que hay diversas corrientes que aglutinan de una u otra forma parte de lo que os he contado (aunque en realidad ninguna de ellas refleja fielmente la idea que he compartido con vosotros). Aquí van algunas:

· La Economía del Bien Común: la economía del bien común es un proyecto económico parido por el austriaco Christian Felber (habla español perfectamente, menos mal, jeje), que basa su idea en ciertos principios como el de maximizar el bien común que las organizaciones brindan a la sociedad, frente a la búsqueda constante de beneficios económicos (ver más aquí).

· Frugalidad: Según Wikipedia, «frugalidad es la cualidad de ser ahorrativo, próspero, prudente y económico en el uso de recursos consumibles (como la comida o el agua), así como optimizar el uso del tiempo y el dinero para evitar el desperdicio, el derroche y la extravagancia. En la ciencia del comportamiento, la frugalidad ha sido descrita como la tendencia a adquirir bienes y servicios de manera restringida, así como el uso optimizado de los bienes económicos y servicios que ya se poseen con la finalidad de lograr uno o varios objetivos a largo plazo.»

· Decrecimiento: El decrecimiento es una corriente que apuesta por encontrar un nuevo equilibrio entre los recursos naturales y el sistema económico: https://es.wikipedia.org/wiki/Decrecimiento

· Economía circular: Es una nueva forma de considerar la producción de bienes y servicios. Trata de diseñar los productos de forma tal que se minimice el uso de recursos, y que todos los recursos utilizados puedan volver al inicio de la cadena una vez consumidos: https://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_circular

· Movimiento slow: Johnjo Ortega me apunta por facebook que el movimiento slow también está bastante relacionado con esta filosofía y así es. Es una propuesta que aboga por vivir la vida de una forma más pausada que la actual, saboreando los instantes y valorando mucho más el tiempo que pasa, que nunca volverá a pasar. Aquí sobre el movimiento en la wiki en Inglés: https://en.wikipedia.org/wiki/Slow_movement_%28culture%29

· (22DIC16) Incorporo a las referencias este artículo titulado La economía del bien común: en busca de un nuevo paradigma económico», de Joan Ramón Sanchís. > http://nuevarevolucion.es/la-economia-del-bien-comun-busca-nuevo-paradigma-economico/

· Vida sencilla: (13ENE17) Incorporo como referencia el enlace al concepto de «vida sencilla» (o minimalismo), como un estilo de vida en el que las personas eligen vivir con pocas cosas para disfrutar más del tiempo que les deja el hecho de necesitar poco dinero para vivir: https://es.wikipedia.org/wiki/Vida_sencilla

(**) Que los objetos que poseemos dicen mucho de nosotros es un hecho real (un sesgo cognitivo bien estudiado por la psicología social). En realidad, es cierto que juzgamos a los demás por su forma de vestir, por el coche que tienen o por el teléfono que poseen. Pero como digo, es un sesgo cognitivo, un mal funcionamiento de nuestro sistema de inferencias, del que la evolución nos ha dotado; hace miles de años era una ventaja para sobrevivir, pero hoy, nos puede llevar a engaño con mucha facilidad (y si no, recuerdo el caso del pequeño Nicolás o del español Francisco Javier González Álvarez, que estafó cientos de millones de dólares haciendo creer que era un magnate del petróleo, porque «aparentaba ser un magnate del petroleo».)

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Cómo arreglé el Ipad por menos de 2€ – y la obsolescencia programada

Los que habéis visto el documental «Comprar, tirar, comprar – RTVE» estaréis familiarizados con el tema.
En las últimas décadas nos hemos sumergido en la dinámica del usar y tirar. Compramos cosas que no duran demasiado, se rompen y las tiramos. A veces las tiramos porque nos sale más barato comprar una unidad nueva que reparar la que tenemos. Otras veces las tiramos, no porque se hayan roto, sino por el deseo de cambiar porque han salido modelos nuevos al mercado –obsolescencia inducida hábilmente por mis compañeros profesionales del marketing que inconscientemente nos dice: «¡compra, compra, compra, ha salido el modelo nuevo y si no lo compras estás fuera de onda y los demás te mirarán mal!». Y nosotros vamos y picamos, almas de cántaro… 😛

Otra cosa que perturba mi inquietud es la obsolescencia programadaideada por algunas marcas o por la propia dinámica del mercado actual*: construyen productos adrede para una vida más corta de la que podrían tener.
La cosa es que poco a poco nos hemos ido acostumbrando a esto, pero no siempre fue así (hubo un tiempo en el que los frigoríficos duraban 20 años, las teles 15 años y así…)

Por otra parte y añadido a lo anterior, también pienso en las teorías que indican que estamos inmersos en un crecimiento insostenible. El reloj de la oficina del censo de Estados Unidos (Population Clock) sobrepasa los siete mil doscientos millones (7.200.000.000) de habitantes en el mundo. Los recursos del planeta Tierra son limitados y si continuamos así tal vez no tardaremos mucho en hacer real el pronóstico de Stephen Hawking de que «la humanidad tendrá que colonizar otros planetas si desea salvarse de su propia extinción«.

Pero, ¿qué tiene todo esto que ver con la reparación del Ipad? Pues tiene su relación. Cuando tengo algo que se rompe, pienso en todas estas cosas… (sí, soy así de raro 🙂 ).
Hace tan solo unas décadas eran muy típicos los talleres de reparación en los pueblos y ciudades, los zapateros, las modistas/costureras… Si lo pensamos, las cosas que nos rodean han consumido para su fabricación recursos de nuestro planeta y merecerían una segunda, tercera o cuarta oportunidad adicional. Son recursos que en la mayoría de los casos no podrán volver a usarse. La clave está más allá del reciclaje: es la reutilización. La botella de agua puede ser una maceta, la tapa del ColaCao puede ser una tapa para las infusiones, o un recipiente para guardar cosas. Pensad también en el alto consumo de envases: podríamos ir a comprar productos a granel sin necesidad de usar y tirar los envases cuya utilidad es sencillamente transportar el producto de la tienda a casa. En los países de la Europa desarrollada ya estamos viendo movimientos en este sentido («Un supermercado Alemán prescinde de los envases…). Seguramente nos tocará luchar contra las marcas (contra aquellas marcas sin responsabilidad social, claro) porque los envases se han convertido en un importante factor de diferenciación, pero es una lucha que nuestra generación tendrá que enfrentar en beneficio del planeta.

Como os digo, hace un tiempo el WIFI del Ipad de casa dejó de funcionar. Tras ver que no era un fallo de software, lo llevé al Apple Store de Sol. Allí el máquina de turno -digo «el máquina» y no «la máquina» porque su sexo era hombre 🙂 – que me atendió muy amablemente, me dijo que la antena WIFI estaba rota y que en caso de querer repararla tendría que pagar unos 90€. El tema es que unos días antes había visto por internet que era posible cambiar la antena del IPad por nosotros mismos por poco menos de 2€ más un poco de habilidad; lo que hice fue volver a casa sin reparar el IPad para intentar repararlo yo mismo (2€ frente a 90€, merece la pena la prueba, ¿verdad? 🙂 ).

En el vídeo de arriba os enseño ¡¡cómo lo logré!!

Os animo a todos a pensar en la sostenibilidad de nuestro planeta en vuestras decisiones diarias de consumo. Ya sé -y entiendo porqué, gracias a la Psicología Evolucionista- que la mayoría de nosotros no lo hace, pero en mi lucha está seguir predicando para que al menos mi entorno próximo sí lo haga 🙂

Consume con moderación y alarga la vida de las cosas. El mundo te lo agradecerá, bro!!

Besas y besos (y gracias por intentarlo),

Angel Abril-Ruiz (@aabrilru en twitter)
Researcher ID: P-1190-2014

(*) ver el documental indicado arriba («Comprar, tirar, comprar») si quieres saber más

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Cómo arreglar el Ipad por menos de 2€ (WIFI) - Vídeo




Os cuento los 2 trucos que hice para ahorrar en la factura de la luz: Reducir la potencia + bono social

Habitualmente somos muchos los que nos quejamos de las cosas, pero no tantos los que hacemos algo por cambiar las circunstancias. Probablemente, una de las quejas más habituales de los consumidores sea la de la factura de la luz, esa desagradable amiga que nos visita cada dos meses para recordarnos cuán caro es vivir montado en este loco ritmo de vida consumista.

Sí, nos gusta tener aire acondicionado para estar fresquitos, nos gusta disfrutar del agua caliente en invierno, tener decenas de aparatejos enchufados, estar iluminados por la noche como si fuese de día, conectar varias televisiones en casa, incluso de forma simultánea, incluso una para cada miembro de la familia, el microondas es maravilloso, el frigorífico un avance sin parangón… pero todo ello consume energía.
Es cierto que la tecnología está evolucionando hacia aparatos cada vez más verdes, con un consumo menor, que nos permiten gastar de forma más eficiente. Pero probablemente estemos olvidando que el aparato más avanzado y poderoso lo llevamos de serie -al menos en las afortunadas economías democráticas- y es nuestro poder de decisión. En cada momento somos nosotros los que decidimos cuándo, dónde o cuánto consumir.

Hace unos meses leyendo el muro de un amigo en facebook, un comentarista estaba quejándose de lo mucho que pagaba en la factura de la luz. Por aquel entonces, comenté que los usuarios teníamos a nuestra disposición herramientas para disminuir el montante de nuestra factura mensual, herramientas tales como disminuir la potencia que tenemos contratada o solicitar el bono social.
Ante el aparente desconocimiento generalizado de este tema, me comprometí a contar en unos vídeos cómo podían hacerse ambas cosas, y ¡aquí está el resultado!

En los siguientes vídeos os cuento cómo poder reducir vuestra factura mensual. Probablemente no todos vosotros podáis aplicar ambos trucos, pero sí la mayoría de vosotros. Yo reduje la potencia que tengo contratada en casa (de 4.6KW a 2.3KW) y al tener menos de 3KW (tres kilovatios) contratados y ser mi domicilio habitual, solicité el bono social. Con ambas cosas, voy a ganar unos 300€ al año, que oye, no me sacan de pobre, pero me dan para comprarme la comida durante unas semanas o para pagarme unos días en Ibiza este verano 🙂 . En mi caso ahorraré solo 300€/año porque vivo solo en casa y soy un consumidor muy concienciado con la energía -consumo muy poco- pero en hogares con más miembros el ahorro puede ser muchísimo, muchísimo mayor.

Aquí os dejo la lista con los tres vídeos donde explico cómo lo podéis hacer. Si tenéis dudas podéis ponerlas en los comentarios de los vídeos y las iré respondiendo ahí.

Abrazas y abrazos 🙂


Angel Abril-Ruiz (@aabrilru en twitter)
Researcher ID: P-1190-2014

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PDTA: si hacéis cuentas, disminuir nuestra potencia podría ser un castigo de cientos de millones de euros para las compañías eléctricas. Es muy probable que en la mayoría de los domicilios tengamos un exceso de potencia contratada. Echad cuentas. Si cada hogar disminuyésemos un escalón de potencia, eso nos podría suponer unos 103€/año menos por hogar. 103€ al año por 5 millones de clientes, por ejemplo, que tenga una compañía eléctrica son 515.000.000€ (quinientos quince millones de euros) menos de ingresos al año para esa compañía eléctrica. Por ejemplo, en 2014 Iberdrola tuvo un beneficio neto de unos 2.300M€. 500M€ para Iberdrola supondría un 21,7% de su beneficio neto. ¿Sería una forma de tomar venganza contra las eléctricas por sus prácticas de chicos malos?, ¡seguro! Os invito a todos a disminuir la potencia que tenéis contratada y así dar un azote a nuestras queridas compañías eléctricas, hasta que por fin, aparezca en el mercado una compañía que pueda merecer nuestra confianza (¡PepeEnergy te estamos esperando!)




26th European Regional Conference of the International Telecommunications Society – Call for papers

ITS - International Telecommuniication Society

Socializar y compartir nuestras aficiones, debilidades, inquietudes, pericias o conocimientos es una necesidad propia de los animales sociales. Los humanos no somos una excepción.

Generalmente los individuos necesitan sentirse identificados con otros similares a ellos, verse como parte integrante de un grupo.

Cuando nuestro grupo de pertenencia tiene una temática socialmente común, resulta fácil cubrir esta necesidad. Vamos a un partido de fútbol o a un bar con otros de nuestro mismo equipo, y nos sentimos de una misma familia. Hacemos una concentración de Vespas, de Harley Davidson… Nos apuntamos a una carrera para correr junto a otros. O incluso podemos ir a misa y sentirnos parte integrante del grupo de los que van a misa: «ellos son como nosotros y nos entienden».

Cuando esta necesidad de sentirse perteneciente a un grupo se desencadena en el ámbito profesional, algunos iluminados hace unas décadas inventaron los congresos.

Los congresos son como un paraíso. Normalmente, en el día a día, no puedes hablar de tus cosas friquis con la persona que está junto a ti en la parada del autobús o con la que compartes el asiento en el metro o en el cercanías. Es poco probable que entienda de lo que hablas. En los congresos pasa todo lo contrario. Todo el mundo es tan friqui como tú, y todo el mundo está deseando que otros friquis como ellos les pongan la pata para poder contar sus ideas. ¡Es increíble, puedo hablar con otros que me entienden!

Pues bien, para los friquis del mercado de las telecomunicaciones uno sus congresos más molones es el ITS Conference.

En España tenemos la suerte de que la próxima edición de la conferencia regional europea (26th European Regional Conference of the International Telecommunications Society) va a ser celebrada en San Lorenzo de El Escorial. En concreto, será del 24 al 26 de Junio de 2015.

Para los que no lo conozcáis, debéis tener en cuenta que el core de este congreso no es «la cacharrería teleca», que para eso hay otros eventos más ¿mundanos?, sino temas como la regulación, la convergencia, la estrategia de los operadores, la demanda de los consumidores, big data, desarrollo e impacto socioeconómico…

Hace unos días salió el call for papers (podéis verlo aquí >). Os invito a enviar vuestros trabajos. La gente de la organización local (España) es realmente maja y os facilitarán mucho vuestra participación -sí, lo admito, tengo amigos en la organización, jeje-.

Los profesionales del mercado de las telecomunicaciones no debéis dejar pasar esta interesante cita si deseáis tener vuestra propia reunión de moteros 😛

¡Nos veremos por allí!

Besas y besos,
aabrilru




Cita: sobre la ley general del mínimo esfuerzo…

«Una ley general del mínimo esfuerzo rige en la actividad tanto
cognitiva como física. La ley establece que si hay varias formas de lograr el mismo objetivo, el individuo gravitará finalmente hacia la pauta de acción menos exigente. En la economía de la acción, el esfuerzo es un coste, y la adquisición de habilidad viene determinada por el balance de costes y beneficios. La pereza está profundamente arraigada en nuestra naturaleza»

Fuente: KAHNEMAN, Daniel, «Pensar rápido, pensar despacio», Debolsillo, Barcelona, 2013, p. 54.




Que no te engañen con las nuevas tarifas de la luz. El mercado de las eléctricas en España (Chachi-vídeo-piruli)

¿Os ha visitado ya algún comercial de las compañías eléctricas?… en las últimas semanas, están desplegados por toda España intentando que firmemos unos nuevos contratos con las «nuevas tarifas» eléctricas; probablemente, no tarden mucho en visitarte y hacerte entrar en un mar de dudas.

Yo lo sufrí el otro día. Mientras me hablaba el colega, una sensación de ignorancia comenzó a recorrer poco a poco mi cuerpo. Fui consciente de que estaba bastante «pez». Sobre todo pensaba: -este tío va a dármela con queso como no me ande listo.
Pero tranquilos, que no tengamos ni idea tampoco es para que nos baje la autoestima, ya que es un tema que hasta los propios profesionales del sector consideran un embrollo y no tienen demasiado claro…

Estuve curioseando un poco por internet y consultando con algunos amigos ingenieros industriales para salir de este mar de dudas.
Y para el fomento del bien común, hice el vídeo de aquí arriba (que mola un montón). Y por cierto: ¡no dejéis de verlo porque os aclarará las dudas para cuando os visiten los comerciales de las eléctricas para que no os quedéis con cara de pez como yo y además es un vídeo muy divertido, en un estilo que nunca antes había producido y con un toque de humor especial!.

En este otro vídeo de aquí, aclaran las diferentes tarifas que hay ahora, con el cambio de la normativa desde este mes de abril (2014):

Y aquí os dejo unas referencias muy interesantes si queréis ser auténticos «expertos» 🙂 :

La verdad, es que es un poco lioso, aunque viendo los dos vídeos de arriba queda bastante claro.

De momento el consejo final es mantenerse en la tarifa PVPC -que probablemente sea la que tengamos- con nuestra compañía actual. Este consejo es temporal (a fecha de mayo de 2014), porque lo natural sería que apareciesen nuevos actores en el mercado que realmente quisieran competir y provocar una movilidad de los precios a la baja. En ese caso probablemente lo interesante sería cambiarse. Pero amigos, eso es el futuro, y de momento no soy Marty Mcfly, aunque bien lo quisiera 🙂 .

Cualquier duda o sugerencia, ya sabéis.

Besas y besos,
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PDTA: si te ha servido de algo, dale a los botoncitos estos de aquí abajo de compartir y todo eso, para ver si lo hacemos viral y así me da un subidón de ego que me deja suave 😛 😀

 




La economía del saber, los jóvenes que tienen que emigrar de España y Peter F. Druker

Una forma de interiorizar la lectura -o cualquier nueva experiencia- es relacionarla con circunstancias que vivimos de forma personal. Vivimos con especial intensidad las peripecias del personaje de un libro o del protagonista de una película si nos sentimos identificados con él, piensa como nosotros o le ocurren cosas por las que nosotros también hemos pasado; nos reimos especialmente de un chiste cuando nos recuerda alguna situación vivida en primera persona.

Supongo que a nuestro cerebro le resulta más fácil crear una nueva imagen o recuerdo si conseguimos enlazar esa nueva imagen o recuerdo con alguno ya almacenado en sus mapas mentales(1).

Además, probablemente se trate de algún sesgo cognitivo -de los que soy un fan desmedido.

Iniciando el viaje, vía flickr de Unai_guerra

 

Leyendo «La Sociedad Poscapitalista» (1993) de Peter F. Druker (2) (Viena, 1909 – Claremont, 2005), no puedo evitar realizar permanentes conexiones entre las ideas que Druker transmitía hace 20 años y nuestro entorno actual.

En este caso voy a detenerme en el siguiente párrafo:

El saber se ha convertido en el recurso clave de todo trabajo; la creación de empleos industriales de tipo tradicional, como se está haciendo en Estados Unidos, Gran Bretaña y Europa, es en el mejor de los casos una solución a corto plazo y puede que en realidad empeore las cosas. La única política a largo plazo que promete éxito es que los países desarrollados transformen la industria para que pase de basarse en la mano de obra a basarse en el saber. [pág 81]

que me evoca las siguientes reflexiones (con el zoom puesto en España):

  • ¿la mayoría del tejido productivo español se ha transformado en los últimos años desde una «economía industrial» hasta una «economía basada en el saber»?. Probablemente, no tanto como otras economías de países vecinos.
  • ¿la población activa, los trabajadores españoles, están suficientemente cualificados para el paradigma de la economía global basado en el saber?.
    La evidencia invita a pensar que una gran parte de ellos sí está instruida en la nueva economía del saber.

Atendiendo a este planteamiento, podríamos pensar que tenemos un desequilibrio en el sector productivo español. Si me permitís usar la metáfora de hardware como tejido empresarial/industria y software como mano de obra, es como si tuviésemos un ordenador (un hardware) de hace 10 años donde no podemos ejecutar un programa (software) de este año: la antigua máquina física no es capaz de procesar los modernos algoritmos lógicos.

Desde una perspectiva personal (no baso esta opinión en ninguna estadística científica), parece como si una gran parte de la mano de obra sí hubiese evolucionado hacia la nueva era de la economía del saber (en Japón, por ejemplo, lo hicieron muy bien) pero la maquinaría empresarial, la que debe dar empleo a esos trabajadores, aún estuviese en la época industrial y no fuese capaz de absorber a estos «nuevos trabajadores».

No es un razonamiento nuevo ni original, más bien estamos ante una cuestión ya por todos tratada. Esta evocación a partir de las palabras de Druker no es más que una flecha adicional que apunta a la fuente de la «paticojería» de la economía española.

Probablemente, durante la última década, hayamos producido un gran desequilibrio en la economía española entre «hardware» y «software» .
No nos preocupamos lo suficiente de modernizar el hardware y fuimos tirando con hardware y software viejo, porque «funcionaba y daba resultados».

Mientras esto sucedía, había software que sí se estaba modernizando (nuevos trabajadores basados en la economía del saber); al principio encontraban hardware evolucionado donde trabajar. El número de hardware «de nueva generación» crecía a un ritmo suficiente para soportar el «software» de nueva lógica que entraba al mercado.
Ahora bien, llegó un momento en el que el ritmo de crecimiento del software moderno fue superior al ritmo de crecimiento del hardware moderno: ya no había suficientes máquinas modernas de hardware (empresas de la nueva economía del saber) donde pudiese instalarse todo el software nuevo (los trabajadores nuevos del saber).

Así hemos llegado al «gap» donde ahora nos encontramos: tenemos una bolsa de trabajadores cualificados, programados para la «nueva economía del saber» pero no tenemos un número suficiente de organizaciones que absorban esa capacidad creativa.

Sería largo analizar las causas por las que «el nuevo modelo productivo» no termina de cuajar en España. Unos dirán que el gobierno, otros que los empresarios, otros que los trabajadores, otros que Epi y otros que Blás… yo digo que un mix de todos ellos 🙂 .
Mientras tanto, a los jóvenes cualificados españoles les toca emigrar fuera de España y «buscar un hardware» donde poder instalar su «software»…

Como aventuró Peter F. Druker hace 20 años, las economías -y las organizaciones- de los países desarrollados que no estén basadas en la industria del saber, tendrán que replantearse su papel en el mundo.

Gracias por llegar hasta aquí,
un fuerte abrazo,
Angel (aabrilru)

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Notas:
(1) «Y el cerebro creó al hombre», A. Damasio
(2) «Drucker es el más importante teórico de la dirección empresarial de nuestro tiempo», Harvard Business Review.

 




Ideas, empresas y gente a recordar del Salón Mi Empresa 2013 (Sala desarrollo & consolidación)

Escribo en este post las referencias que he sacado del Salón Mi Empresa de este año, celebrado el 12 y 13 de febrero en Madrid. Las dejo aquí que no quiero que se pierdan.

Había varias salas temáticas. Sobre todo estaba interesado en la de «Desarrollo & Consolidación», que es de donde he aspirado la mayoría de conocimiento.

Casi todas las ponencias este año han girado entorno a los siguientes temas:

  • Capital riesgo y otros tipos de inversores alternativos (BAs, otras empresas…)
  • Estrategias de inversión como Business Angel.
  • Cómo valorar una empresa tanto desde el punto de vista del comprandor como del vendedor
  • Pasos a seguir en la compra/venta de una empresa, entendiendo compra venta desde el out al 100% hasta la entrada de socios capitalistas en porcentaje mayoritario o minoritario
  • Toda la terminología manejada en los procesos de variación de capital en la empresa: due diligence, deal (deal, sí, ya sé lo que significa, pero es que es la palabra que todo el mundo mete en dos de cada tres frases, así que hay que decirla mucho para dar confianza al interlocutor 😀 ), LOI,…

Comenzamos.

Me pareció muy interesante la ponencia de José Martí Pellón, profe en la Complutense (además de otras cosas) dirige la web www.webcapitalriesgo.com. Para comenzar a moverte en el mundo de las inversiones en empresas, tanto si tienes dinero ocioso para invertir como si buscas que te inviertan, es una buena referencia.

Luis Rivera (por todos conocido en Madrid en el mundo de la emprendeduría (Tetuan Valley, Startup Spain, escuela de inversores…) nos dió su pragmático punto de vista sobre «Cómo no arruinarse invirtiendo en negocios de internet«; sobre todo, desde el punto de vista del inversor que está pensando entrar a jugar la partida de las startups. Aquí las típicas directrices a la hora de dar el salto a inversor: invertir en al menos 10 porque solo 2 saldrán bien, la relación con los emprendedores…

(si quieres más info sobre este tema, puedes consultar directamente a Luis Rivera o leer los consejos de Carlos Blanco en su post «Cómo debemos invertir los Business Angels» o consultar las guías de Rodolfo Carpintier o los hermanos Cabiedes)

En este mismo entorno, el de la búsqueda de inversores, escuchamos a Sergio López Calzada, de addquity. Es una sociedad de inversiones «creada para participar en el capital de empresas y proyectos fundamentados en la creación de valor». Tenía clara la existencia de empresas que su core es invertir en empresas y obtener una rentabilidad, pero en este abanico, hay muchas. Algunas son unos simples inversores financieros: te doy 2 millones de euros a cambio de obtener un 15% cada año, y no se meten en la gestión. Otras, entran en el accionariado pero sin limitarse solamente a poner el capital (como haría un banco), sino que se involucran en la gestión de la empresa (al fin y al cabo, empresa invertida e inversor están en el mismo barco y es interés mutuo maximizar la generación de valor de la organización). En éstas es donde está addquity. Invierten en ti y te acompañan para generar valor juntos.

Es evidente que no invierten en cualquier empresa, solo en aquellas en las que ven que realmente hay un modelo de negocio sólido detrás y sobre todo «un equipo de emprendedores cualificado y en sintonia». La sensación fue bastante buena. Acudiría a ellos en caso de que tuviese un buen modelo de negocio con necesidad de capital para conseguir apalancarnos juntos. A Sergio le pongo un asterisco bueno 🙂 .

Un inciso: está claro que para entrar en este mercadillo tienes que tener un concepto de «empresa» bastante particular, al menos en España. Si eres empresario (el que ha puesto la pasta), eres el que dirije la empresa y además trabajas en ella, probablemente veas la empresa como «tuya», como «un hijo». Si es así, probablemente este mundo de inversores no sea para ti.
Este mundo de inversores es para aquellos empresarios que ven la empresa como una máquina generadora de valor, donde ellos pusieron la idea, un capital inicial para arrancar la máquina, tienen unos inputs a los que la empresa le aplica su know how y salen unos outputs con un valor mayor que cuando entraron y con suerte (buen hacer) obtienen un margen.

Ese empresario «no tiene miedo» a un inversor externo que entre a formar parte del capital si de esta forma va a incrementar la capacidad de la organización a la hora de generar valor. La empresa no es un hijo (y aquí, rectifico mi opinión de hace años, cuando siempre afirmaba lo contrario 🙂 ).

Un típico escenario son las empresas familiares, muy comentadas en el foro, por la complejidad de evolución en el capital en segunda o tercera generación.

Este «mercadillo» es para aquellos empresarios con «mente abierta», que no tienen miedo a salir de su círculo de confort, que están dispuestos a escuchar y a admitir que puede haber otros gestores que aporten más en ciertas circunstancias que ellos mismos… en definitiva, que como toda flor del jardin, hay a quién le irá bien y hay a quien le irá menos bien. Me parece interesante este inciso porque (hablo bastante con empresarios de «arriba» y de «abajo») no todos los empresarios tienen una visión lateral tal como para entrar en este escenario. En Estados Unidos es lo común, en España aún nos queda un poquito.

Gonzalo M. de Ulloa, de U&Law me aportó un concepto nuevo: el pacto de socios.

El pacto de socios es un documento privado (se rige por el derecho civil, no por el derecho mercantil),  por lo tanto no se inscribe en el registro mercantil, entre todos o algunos de los socios, donde se pueden acordar multitud de aspectos referentes a las relaciones entre socios entre otros:

  • Regulación de la inversión y desinversión
  • Protección antidilución
  • Nombramientos de consejeros delegados u otros cargos de dirección
  • Derecho de información: establecimiento de mayor periodicidad para las reuniones y emisión de informes. Presupuestos anuales y fijación de objetivos estratégicos
  • Derecho de adquisición preferente (aquí la Ley ya habla de ello, perso se puede complementar)
  • Pactos de vinculación de voto
  • Claúsulas de estabilidad
  • Derecho de venta conjunta (Tag Along) y obligación de venta conjunta o arrastre (Drag Along)

Especial atención al concepto de Drag Along, bastante oido durante varias ponencias; es un derecho que puede obligar la venta de sus acciones a socios minoritarios si algún socio mayoritario decide vender. El socio minoritario siempre podría comprar (por Ley) si igualase la oferta del tercero.

A Gonzalo le pongo otro asterísco de los buenos, como abogado asesor en los temas legales a tener en cuenta en la compra/venta. Sobre todo por sus buenos valores (la sintonía en valores es primordial a la hora de cualquier relación).

En la sala de internacionalización asistí a la charla de Ezequiel Triviño (creativo del marketing, profe del IE, emprendedor y más…); lo escuché por primera vez hace un par de años en una charla sobre creatividad en publicidad en el OMExpo Madrid y desde entonces le sigo la pista a él y al ClubDeCreativos (del que es presidente).

El protagonista institucional ha sido ENISA. No muy conocido en el ambiente de la pequeña empresa (que a veces lo único que conoce es la financiación tradicional de los bancos), pero es una fuente real de financiación. Desde su creación en 1996 y hasta el 2012 ha participado en 1097 proyectos con más de 350 millones de inversión. Begoña Cistero, Consejera delegada de ENISA, comentó que este año contaban con un presupuesto de unos 150M€ para «repartir».

Claro, ENISA no invierte en cualquiera que vaya y les venda la moto. Invierten en proyectos sólidos con gente cualificada detrás (que probablemente, no sean tantos…). Son préstamos participativos.

Si hemos visto posibles inversores, abogados que nos asesoren en los temas legales (que son muchos, sobre todo para no ser engañados), ahora toca una referencia para un posible «marchante» durante todo el proceso de compra/venta.

¿Cuándo recurrir a una empresa «marchante»? (este nombre se lo he puesto yo, no se llaman así!). Imaginemos que por diversas circunstancias necesitamos vender el total o parte del capital de nuestra empresa, pero no tenemos comprador. Podemos hacer algo tan descabellado como poner un anuncio en el periódico diciendo «Se vende empresa bla, bla, bla, precio a negociar. Oportunidad», nada recomendable; tal vez tengamos un comprador en mente, puede ser incluso nuestra propia competencia, o un cliente que quiera integrar verticalmente o un proveedor; pero puede ocurrir que no tengamos a nadie.
En este caso, una buena opción es recurrir a empresas que te lo hacen todo, como la división de Angel Bravo de PwC (no quiero pensar lo que cobrarán…) o Jordi Bellobí de Argentum Finanzas Corporativas.

Jordi nos ha aportado muchísimo. Ha sido claro, conciso al grano y sin paja, (catalán él, muy en mi concepto personal que tengo sobre los catalanes: eficaces a tope 🙂 ). Contaría con él si alguna vez necesitase una empresa que ofreciese estos servicios.

Por último (y no por ello menos importante), destaco la empresa Aboo partners. Almudena García Calle ha sido la encargada de compartir con nosotros su punto de vista. Hace unos meses tuve la primera referencia de Aboo a través de Ana Borrego (que había coincidido con la otra pata de Aboo, Margarita García de la Calle, en el IE). Ambas tienen una trayectoria envidiable en el sector (os invito a ver sus fichas en la web de Aboo).
Aboo no son «especialistas financieros», no te van a hacer una valoración de la empresa, sino que asesoran más bien en el sentido legal (son abogados, vamos), pero pueden ser unos buenos acompañantes durante todo el proceso, de inicio a fin. También contaría con ellos si alguna vez necesitase entrar en este mundo.

Lo que me llevo como conclusión es:

  • Hay capital disponible para invertir en empresas. Si tienes un proyecto bueno (y tú estás cualificado), no tienes problema para encontrar capital. Tal vez el problema está en que no todos los proyectos son buenos y no todos los emprendedores cualificados. Es obvio que la gente no ponga su dinero (ni bancos, ni inversores privados) en proyectos mediocres.
  • Las fases de compra/venta de una empresa: primero saber lo que tú quieres > tener un análisis financiero y de negocio interno > ponerlo en bonito y darle la capa de marketing para presentarlo a los compradores > hacer el LOI > negociar (no olvidar, siempre win-win) > Due Diligence…
  • Ser Business Angel es una buena oportunidad para invertir si conocemos el sector en el que vamos a invertir. Por desgracia, parece que fiscalmente aún la legislación española está a años luz de la americana (no hay incentivos fiscales). Esperemos que la regulación vaya en ese sentido lo que incentivaría esta fuente de inversión (que sería bueno tanto para inversores como para invertidos).
  • Es necesario contar con el acompañamiento de gente cualificada si te embarcas en un proceso de reestructuración de capital con la entrada o salida de accionistas.
  • Un listado de personas de referencia a las que acudiría.

Y aquí dan fin las notas del Salon Mi Empresa 2013 (no aporto ningún conocimiento nuevo, lo siento, como dije al inicio, tan solo es un post para no olvidar las referencias que he conseguido).

Besas y besos para todas y todos,
aabrilru

Edición posterior al 14FEB13:
A la hora de invertir o buscar inversión, en el foro rememoré la interesante afirmación: no es lo mismo una empresa viable que una empresa invertible. Una empresa, puede ser viable para unos emprendedores, que con ella ganan un par de sueldos para medio vivir: esa empresa es viable. Pero no tiene por qué ser invertible: sacan tan poco rendimiento, que no aportarían interés significativo al capital de un inversor.

Otra cosa: del tema de la valoración de una empresa no he comentado nada. Aquí hay varios métodos clásicos. Podéis googlear y encontraréis bastante info. De todas formas, si el tiempo lo permite, escribiré un micropost resumen en unos días y os lo cuento (que creo que es un tema bastante interesante).




Global Competitiveness Report 2012-13: una vez soñé que España era competitiva

El World Economic Forum publicó ayer mi informe anual económico favorito, el Global Competitiveness Report.

Este informe ordena a unos 144 países en función de la puntuación obtenida en una serie de indicadores (centenas de indicadores) que da lugar al Índice de Competitividad (GCI por sus siglas en Inglés).

No sé si los medios de comunicación masivos habrán tenido a cuenta esta publicación (no lo sé, porque no veo/leo los medios masivos desde hace unos 4 meses); probablemente, sería una noticia que resultaría interesante para la mayoría de la población, incluso para los mediocres (sin ser despectivo, en el sentido de amigos que tienen unos gustos medios), porque es de gran relevancia y fácil entendimiento 🙂 .

España ocupa este año la posición 36. En el 2005 ocupabamos la posición 12. En el 2010 estuvimos en la 42. Y este año, volvemos a estar en la 36, como el año pasado.

Aquí tienes a los primeros:

Los 10 primeros del GCI 2011-12

No voy a aburrirte con el análisis de cada uno de los indicadores, porque por probabilidad, te va a resultar más interesante lo que dice la web de Marca.

Solo una cosita: en este informe están las claves para hacer una España competitiva, lo que conduciría a una España con calidad de vida y bienestar social. Sería fácil saber qué palancas hay que accionar, el WEF nos dice cuáles son; nuestros gobernantes solo tendrían que leer y aceptar la evidencia (lo que es evidente que funciona, porque lo vemos en otros países).

Este año me dejo la economía a un lado (ya me encargo de ella en la intimidad, como Aznar hablando Catalán), y me quedo con una nota curiosa:
Resulta que el padre de este informe, es el gran Xavier Sala-i-Martin, todo un personaje. No sabía quién era hasta que lo conocí hace 3 años en un Congreso de la Excelencia de Madrid Excelente (el economista de la chaqueta fucsia). Me pareció un tio cojonudo y desde entonces le sigo bastante de cerca. Algunos lo conoceréis por su época como directivo de un equipo de fútbol que se llama Barça 😛 .

Si estás entre la minoría que se siente interesado por este informe, mira, te dejo aquí las referencias:

# Nota de prensa en castellano resumen del informe y comentando España >>

# Página donde te puedes descargar indicadores, en pdf, hojas de cálculo, el informe completo… >>

Sé bueno y aprovecha el tiempo (aunque sea durmiendo, pero aprovéchalo).
Peace for everyone,
aabrilru on twitter




Vídeo sobre la orgía española (económica)

Juan Carlos Martínez, profesor de entorno económico del IE, fue muy expresivo aquella mañana de clase de Entorno económico de la empresa: España había sido una gran fiesta romana, vino, mujeres, excesos, todos enborrachinados y felices, hasta que el vino se acabó y nos llegó la resaca.

Crecimiento a base de endeudamiento y no de conocimiento.

He recordado sus palabras al ver este vídeo (que a pesar de ser el segundo vídeo con más reproducciones durante el 2011, aún no había pasado por delante de mis ojitos…). Es un interesante punto de vista, no neutral, como buen comic, tal vez un tanto «progresista/izquierdista», que nos puede enriquecer:

Conceptualmente es machacar otra vez en la misma idea de «la crisis made in spain», que tampoco nos aporta mucho de nuevo, aunque es una nueva oportunidad de recordar parte de lo que nos ha conducido a nuestro contexto actual; además, me ha gustado mucho la parte artística, el humor con el que lo cuenta y el acabado (muy buen grafismo).

aabrilru en twitter.




Rodolfo Carpintier: cuál es el emprendedor que necesita ahora España. Empresa invertible vs empresa viable

Si te mueves en el mundo de la creación de empresas, bien como emprendedor o como inversor, te interesará ver esta entrevista a Rodolfo Carpintier (@rcarpintier), dicen que uno de los principales Business Angels de España, junto a Luis Martin Cabiedes y otros.

No había visto nunca a Rodolfo en una entrevista, y he quedado gratamente sorprendido. Durante estas semanas mis sentidos no están hechos a escuchar mensajes coherentes, de calado y con sentido común como las palabras de Carpintier, al tener el oído más acostumbrado a la cantinela de discursos políticos a base de verborrea y palabras vacías (los políticos son eso, políticos, y hablan para «el pueblo», cosas obvias para engatusar a la masa, fáciles de asimilar. Es su estrategia de comunicación, no es que todos sean tontos, sino que es como tienen que comunicar para llegar a su «público objetivo» 🙂 ).

Rodolfo nos habla en esta entrevista concedida a Business TV (de Intereconomía) con muchísimo sentido común, seguridad y natural capacidad de comunicar admirables, sobre la diferencia entre el proyecto «invertible» y el proyecto «viable», en qué empresas invierten ellos, qué estrategia siguen… También se atreve a entrar a comentar las estrategias que desde la iniciativa pública, deberían llevarse a cabo para fomentar la creación de empresas «viables»; compara mercados emergentes con el Español y támbién pasa por encima de proyectos de éxito en los que han invertido (privalia, buyvip…), entre otros comentarios interesantes.

Da gusto escuchar a gente natural, sin prepotencia ni «shows», gente de lo más normal, que habla con mucho sentido común. Si te mueves en este mundillo, invierte 10 minutos de tu tiempo en aprender con Rodolfo, merece la pena la inversión:

Si quieres, puedes seguirme en twitter: @aabrilru




Gastarse 30.000€ en un master, quitar la enseñanza universitaria subvencionada y Esperanza Aguirre

En Julio del año pasado, me gradué en el Master de Dirección Comercial y Marketing del IE.

Estudiar un master mientras trabajas

Sí, me dejé unos 30.000€ (matrícula, viaje a Sanghai, viajar Cehegín-Madrid todos los fines de semana durante 10 meses, otros gastos). Cada año lo suben un poquito más.

tasas-exmdcm-ie-2011

Viene al caso porque mi gran amigo @psemitiel, me comentó hace unas semanas que estaba pensando hacer un MBA o un master en marketing, pidiéndome opinión al respecto, sobre varias posibilidades que había visto. Finalmente, se matriculó y el viernes comenzó las clases.

Estudiar un master mientras trabajas es muy duro. Los 10 meses que estuve en el IE estudiando probablemente fueron los 10 meses peores de mi vida. Estuve al borde de enemistarme con mucha gente, debido a la gran cantidad de estrés que acumulábamos y a mi mal humor constante. Además, la época del master coincidió con mi dirección del megaproyecto Cehegín ciudad digital, ya de por sí estresante por la responsabilidad de gestionar 1,3 millones de euros y tener que ejecutar en tiempo las decenas de proyectos comprometidos. Fue complicado.
En las últimas semanas de clase, en una de las reuniones de grupo donde analizábamos los casos que teníamos que presentar, de la tensión, una compañera sufrió un ataque de estrés y se puso a llorar desconsolada. Fue muy duro.

No conozco el resto de escuelas de negocios, pero pasar por un Executive en el IE, es como pasar por la legión, una vez que lo has vivido, ya nada te da miedo.

No voy a entrar en esta ocasión a comentar el nivel del master; pudo ser mayor en algunos casos, aunque en la mayoría fue excelente (dejémoslo en un 20/80 🙂 ). Con algunas lecciones de algunos profesores, al finalizar la clase, me iba a casa diciendo «tan solo con la clase de hoy, he amortizado los 30.000 €», aunque en otras ocasiones, me mordía las uñas por el bajo nivel.

El valor del conocimiento

En los tres últimos años que estuve en Orange, estuve cursando estudios de Empresariales en la Complutense; estudié la mayoría de asignaturas de primero y segundo y algunas de tercero (sobre todo las de estrategia empresarial, contabilidad, marketing, macroeconomía y microeconomía en profundidad…); más tarde, como el horario ya no me permitía cursar más asignaturas, comencé en Administración y Dirección de Empresas de la UNED, pero solo estudié cinco asignaturas. En Empresariales, iba en horario de tarde, y claro, no podía asistir a todas las clases, ya que salía de La Finca en Pozuelo a las 18:00h y no llegaba a Islas Filipinas hasta las 19h, así que solo podía asistir a las dos últimas clases, cada día.

Como mi conocimiento en economía, contabilidad, finanzas, estrategia era bueno, decidí cursar el master de Dirección Comercial y Marketing, en lugar del MBA completo (que por cierto, eran 50.000€…); tenía miedo de invertir 50.000€, y que la mayoría del tiempo estuviese viendo cosas que ya sabía. Por eso decidí especializarme en marketing (que además, me apasiona).

Tomar una decisión así no fue fácil. Había masters mucho más baratos, bien es cierto, pero yo quería hacerlo en el IE. Aparecía como la segunda escuela de negocios (por su MBA) mejor del mundo en varios rankings internacionales, y eso me gustaba. Conocía a «amigos que tenían amigos» que habían estudiado en el IE, y los posicionaban en su mente como grandes profesionales. Por otra parte, seguían el método del caso, y la mayoría de los que estudiamos, muchos de ellos en Inglés, eran comprados a Harvard o a Berkeley University y eso, era importante para mí.

La incertidumbre por desembolsar 30.000€ en algo «intangible» donde no sabías a priori si te iba a merecer la pena era grande. Cuando comentaba a mis contactos el caso, muchos me miraban como quien mira a un demente: «¿te vas a dejar 5 millones de pesetas en estudiar 10 meses los fines de semana?, ¿tú estás loco?»…

El conocimiento tiene un valor. El conocimiento, no nos lo venden en una cajita con un lazo; no viene con un CD de instalación, o no lo puedes «lucir» en saraos sociales, como las chicas que «lucen unos Manolos» o un bolso de Louis Vuitton. Tal vez esta sea una de las variables por las que en general, no se le da valor, porque es un intangible.
Además, en el modelo económico tradicional en España, tampoco ha servido de mucho que la gente tenga más o menos conocimiento: un modelo sostenido en industrias intensivas en mano de obra o capital y no en conocimiento. De hecho, es un tópico escuchar lo de «el conocimiento se fuga de España» o lo de «la fuga de cerebros»… aquí nos apañamos con la fuerza bruta. Tal vez esta sea otra variable, que deprecia su valor.

Financié el master con ahorros propios (tuve que liquidar un par de pequeños fondos de inversión para dedicar a esto). Al mes de comenzar, el ICO sacó unos préstamos de 11.400€ a interés cero para alumnos que estudiaban masters de al menos 60 créditos ECT y lo pedí, sobre todo por no dejar pasar una oportunidad de contar con un dinero a coste cero 😉 .

Así pues, pagué «gran cantidad de dinero» a cambio de recibir «gran cantidad de conocimiento».

Enseñanza universitaria no subvencionada
Trabajar para estudiar: el valor del esfuerzo

La tercera variable que podría influir en la depreciación del valor del conocimiento en España: desde pequeños, estamos aconstumbrados a que los organismos públicos «regalen» habitualmente la formación. Son muchos los cursos que se dan de forma gratuita o subvencionada. Algunos de estos cursos, al venir de la iniciativa pública (carestías de control de resultados, ausencia de indicadores de eficacia, «como el dinero es de todos»,…), son de mediocre calidad. La gente se apunta al primero, ve que es muy malo, y ya deja de asistir a otros.
Al final, una formación de mala calidad influye en la percepción que el estudiante tiene de la misma, depreciando su valor: «vaya castaña de curso, estoy perdiendo el tiempo…»

Este mes de Septiembre, Esperanza Aguirre salió a la palestra con una de sus habituales declaraciones sinceras: «La educación no tendría porqué ser gratuita en todos los niveles» o algo así. Aquí podemos ver la versión de sus declaraciones según la cadena SER.

Mis padres pagaron todos mis estudios hasta mi primera carrera (IngTecTeleco en la UPV), fuí un afortunado. Incluso siendo así, tuve por constumbre durante los años de BUP, COU y universidad, trabajar en los meses de verano en una fábrica de conservas, para sacarme unas pesetas complementarias.
Tenía un amigo que tenía que dedicar todo el verano a trabajar «en la obra» porque sus padres no podían pagarle los estudios. Él quería estudiar, y hacía lo que fuese necesario para ello (tenía grandes valores, y un fin en mente).

Durante este último año he conocido a bastantes jóvenes que entran al mercado laboral y muy pocos de ellos han trabajado durante su fase de estudios universitarios.
Una constumbre personal cuando recibo un curriculum, es ir directamente a la parte del final, donde solemos indicar estas cosas, para ver si el chaval/vala ha trabajado en algún sitio o ha hecho algo adicional mientras estaba estudiando. Algunos se han limitado a estudiar, y ya está; hay otros que sí han trabajado durante el tiempo que estaban estudiando.
Casualmente, existe una correlación positiva entre los que han trabajado y hecho actividades complementarias durante su fase en la universidad, con la calidad del trabajo como profesionales que demuestran luego. Suelen ser personas con espíritu de superación, «que tienen un fin en mente», que aprecian los frutos del esfuerzo y conocen que las cosas «no son fáciles».

Voy a partir de dos premisas:

  • P1) en el mercado universitario, hay universitarios que «curran» y se esfuerzan «un plus» mientras estudian, y hay otros que no lo hacen.
  • P2) la enseñanza universitaria, no es obligatoria.

Partiendo de estas premisas básicas, llego a la siguiente conclusión: sería una buena opción, por su interés general, que solo fuese «subvencionada» la educación considerada como obligatoria.

La enseñanza universitaria, por ejemplo, tal vez funcionaría mejor si estuviese orientada a costes sin suponer una carga para las arcas públicas. No entro en si la enseñanza debería ser «pública» o «privada», sino en que, siendo «pública» o «privada», las tasas (o precios), no deberían ser «precios públicos», sino precios de mercado, orientados a costes. Probablemente, esto también impactaría en el aumento de la calidad de la enseñanza de las propias Universidades, al tener un mercado «más en libre competencia» que el actual. Es posible que este modelo, hiciese aumentar el valor percibido de la educación por parte de los estudiantes.

Quién ha estudiado economía básica, conoce las inconvenientes que para el mercado implica la «subvención» de los bienes o servicios. La subvención pública es una perturbación indeseable de las reglas del mercado.

La casi «gratuidad» de la educación, devalúa el esfuerzo que los organismos hacen por formar a los universitarios. Es decir, los universitarios no son conscientes del coste total que supone la educación que están recibiendo, por lo que no son capaces de percibir su valor real.
Por otra parte, al ser un servicio subvencionado, hace que sea demandado por algunos jóvenes que carecen de la motivación suficiente para sacarle un buen provecho: holgazanes, vividores, jóvenes con valores inadecuados… de estos, hay bastantes en las universidades (gracias a Dios, hay más que sí lo aprovechan).

Como contribuyente al erario público, me gustaría que el dinero que pongo a disposición «del bien común social» fuese bien administrado y maximizado su valor: ¿por qué hemos de pagar los contribuyentes ni un euro de la educación de personas que no la valoran?. Tal vez, algunos de estos jóvenes, podrían incorporarse al mercado laboral en fases previas a la universitaria, donde probablemente podrían desarrollar muchos de sus talentos, sin necesidad de suponer un gasto social.

Y aquí concluyo otra vez con lo mismo, si la educación universitaria fuese «libre» (sin suponer un cargo para las arcas públicas): el precio para los estudiantes estaría orientado a lo que realmente cuesta. Probablemente, aumentaría la competencia entre las propias universidades. La competencia sería un revulsivo que aumentaría la calidad de la enseñanza: competirían entre ellas para llevarse a la mayor cantidad de clientes/alumnos.
Por su parte, los estudiantes, valorarían lo que realmente cuesta la enseñanza que están recibiendo, y por tanto, aumentaría «el valor percibido por el conocimiento recibido». De esta forma, optarían por cursar estudios universitarios aquellos que realmente lo valorasen. En caso de que entrasen «holgazanes», realmente a mí, no me importaría, ya que lo pagarían de su bolsillo (ahora, cuando tocan mi bolsillo, duele: la pela es la pela, oye tú).

¿Y esos jóvenes que careciesen de recursos para poderse pagar una formación «orientada a costes?, ¿no sería injusto que no pudiesen acceder a la educación de ser mucho más cara?: para esos jóvenes, no hay problema, tendrían dos alternativas:

1) buscarse un trabajo: las películas americanas (y su historia) están llenas de casos de jóvenes brillantes que tenían que trabajar de camareros (o en cualquier otro sitio) para poderse pagar la carrera. Son casos conocidos y es algo totalmente real y al alcance de la mayoría.

2) ¿y si tengo tan mala suerte que no encuentro trabajo?: préstamos a interés cero. Te doy un préstamo para que te pagues tu carrera, y en cinco años, comienzas a devolvérmelo en cómodos plazos.

3) el libre mercado cubriría todos los segmentos de precio: probablemente podríamos estudiar la misma carrera en distintas universidades con rangos entre 30.000 y 60.000 €, obteniendo la misma titulación oficial al final.

Yo valoro el conocimiento que recibí en el master del IE. Me costó 30.000 euracos de mi bolsillo. Pude elegir si estudiar en una escuela de negocios o en otra. La oferta era grande, al tratarse de un mercado no subvencionado en libre competencia. Y algo muy importante: mi decisión, no le costó ni un céntimo a nadie, salvo a mí.

Realmente, creo que un modelo similar a este es el que debería haber en la enseñanza universitaria en España.

PDTA: probablemente haya estudios y datos que me hiciesen cambiar de opinión. Estaría encantado de poderlos leer. Si me lees normalmente, sabes que no pretendo llevar la razón, tan solo razonar. ¡Gracias por tus comentarios!.

aabrilru




¡nene para, para…! fíjate qué ruina tenemos encima…

Mientras corría este medio día por la vía verdevia_verde_cehegin, ya al regreso, a la altura del polígono del matadero, me he tropezado andando contrario a mi sentido con un habitual parroquiano de la vía verde a las tres del medio día (de la familia del de «La leche Pascual», creo que su hermano). Ya preparando el habitual saludo, él al paso en sentido Caravaca, yo al trote en sentido Cehegín, me levanta la mano y me dice «nene, ¿te has dado cuenta?, para, para…», señalando a mi izquierda, a su derecha. Un tanto sorprendido por la interlocución, he parado intrigado para hablar con él.

«Mira, mira, mira allí, normalmente había 5 o 6 camiones todos los días en la puerta y desde hace semanas ya no hay ni uno…, además, me han dicho que ya están echando solo un turno, cuando hace poco trabajaban a tres turnos»…»¿te has dado cuenta?, ¿a dónde vamos a llegar a parar?…».

Amigo mio, «hermano Pascual», compañero de vía verde, como la «empresa que normalmente tenía 5 camiones cisterna en la puerta» también se vaya al agujero, vamos a estar apañados en nuestro viejo Cehegín… Menos mal que los jóvenes cehegineros, son jóvenes cualificados y sabrán salir de esta (la mayoría), o eso espero.
Nos toca vivir épocas de emigrantes, again, aquellas que ahora nos cuentan nuestros padres, nosotros vamos a vivir para contar a nuestros hijos… «Ángel, estuve una semana a latas de sardinas en Barcelona, al volver de la vendímia…» me contaba mi padre hace unos meses, cuando estuvimos tomando el sol un domingo por la tarde, por las minas de yeso del Pateta.

Vámonos pa’Alemania Manolo, que aquí ya no hay jornal.

aabrilru




España, nuevo país de emigrantes, in-competitividad, ninis, universitarios ¿cualificados?

Querría compartir ciertos pensamientos servidos de nuevo sobre mi mesa, tras la lectura de la prensa económica de la semana, y del suplemento XLsemanal. Comienzo por la copia literal de un par de perlitas, que pongo aquí para tenerlas a mano, y no se vayan en el contenedor azul del papel y el cartón.

Paul Krugman, profesor de Princenton, ha trabajdo para los gobiernos de Reagan y Clinton, nos regala esta visión:

«Grecia e Irlanda solo son los entrantes (aperitivo, las tapas); el plato principal es España. España es prisionera del euro. Si hubiera tenido su propia moneda, esta podría haberse devaluado para ganar competitividad. Pero ahora está condenada a sufrir años de deflación y paro. Así que sólo queda recurrir a una depreciación interna: recortar salarios, precios y prestaciones sociales». Vaticina una generación de emigrantes como en los años 60.

Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de Nueva York y acertado en su visión anticipada sobre la crisis de las hipotecas subprime, parece que no tiene a España entre sus mejores plegarias. Comenta:

España, es el elefante en la cacharrería. Si cae, no hay dinero suficiente para rescatarla. Es demasiado grande. El rescate de Irlanda costó 85.000 M€, España necesitaría 351.000 millones. Sanear la economía española va a ser mucho más duro de lo estimado por el Gobierno [..] Que España se prepare para el dolor.

Que la cosa está chunga, no hace falta ser economista para darse cuenta, lo vemos cada día en los datos macro que nos dan por la tele (aunque paradójicamente, no parecen tener un reflejo social en la calle, quiero decir, que para tener unos datos económicos tan, tan malos, parece que «la cosa», socialmente no está tan mal… aquí entra la economía sumergida, y el apoyo familiar, sin lugar a duda).

Pero Krugman, Roubini y otros tantos, no nos hablan de la situación actual, que ya la vemos todos, sino que nos presentan su visión a medio y largo plazo sobre la economía española (aquí sí, mejor ser economista para fundamentar la visión futura a partir de hechos pasados y modelos económicos).

Son varias las ideas que esta semana han estado rondando mi cabeza, en el ámbito económico:

La crisis no es algo nuestro, la culpa es de los americanos…

1) al principio de todo esto de «la crisis», en España había quien decía que estábamos dentro de una crisis global, y que poco podíamos hacer «nacionalmente»; éramos víctimas de una situación con origen en las hipotecas basura americanas, y nosotros no teníamos la culpa. Cuando «todo empezase a recuperarse, España empezaría a recuperarse».

De la 8ª potencia a la 12ª en PIB.
De la 12 a la 42 en competitividad…

2) el hecho es que España en el año 2007 era la 8ª economía del mundo por PIB, y ahora, en el 2011, es la economía número 42.

Si dejamos el PIB, que tampoco aporta mayor información, y entramos en uno de mis índices favoritos, el Global Competitiveness Index, que mide lo competitivo que es cada país en función a ciento y pico variables, vemos otro de los milagros españoles de los últimos años:

  • España ocupaba la posición 12 en el año 2005, en el índice de competitividad mundial.
  • España ocupaba la posición 29 en el 2008-09
  • España ocupaba la posición 33 en el 2009-10
  • España ocupa la posición 42 en el 2010-11

En 5 años, hemos pasado de ser la economía 12 en competitividad, a ser la 42.

Pongo aquí una imagen que saco del último informe:

Spain GCI 2010-11Mientras el resto de economías, también afectadas por el contexto económico global, están mejorando, España ha entrado en caída libre. Lo que me extraña de todo esto, es que en la prensa, partidos de oposición, etc., no den mucha más caña en este tipo de comparaciones.
Parece que fuera de España, ya están creciendo, hay poco paro, las empresas buscan trabajadores, «la crisis es agua pasada»…
Creo que hay una particular idiosincrasia en la cultura española (incultura): no nos han enseñado que es de «competitivos» mirar fuera, para ver cómo lo hacen, e intentar mejorarlos. Aquí, nos creemos tan chulos, que pensamos que no tenemos nada que aprender del exterior, y ni nos molestamos en mirar. Mientras que nosotros nos estamos relamiendo las heridas, nuestros competidores se han tirado a la carrera con obstáculos, con muletas, escayolados, con tiritas, a la pata coja, pero se han tirado a la carrera, mientras nosotros preferimos quedarnos en la salida, diciendo «ay, qué pupita tengo, qué malito estoy, a ver si vienen a por mí…» y esto es la ley de la selva, el que le echa más pelotas de forma inteligente, es el que sobrevive, el resto, muere.

¿que tenga «carrera» quiere decir que sean cualificados?
¿qué necesidad tengo de emigrar si aquí tengo lo que necesito?

3) pues bien, tenemos el caso de Alemania. El año 2010, creció un 3,6 (%PIB) y para este año 2011 su gobierno estima un crecimiento de un 2,3. Tiene las menores cifras de paro tras la reunificación, entorno a un 7%, mientras que en España superamos el 20%.

En las radio tertulias mañaneras de esta semana, llamó mi atención la afirmación que mantenían algunos periodistas sobre «lo preparados y cualificados que están los jóvenes españoles», tanto, que en la próxima cumbre España-Alemania del próximo 3 de febrero, Merkel traía en su cartera un ofrecimiento especial de trabajo a los jóvenes españoles.

Me pregunto:
a) ¿cuántos de los jóvenes españoles estarían dispuestos a emigrar a otro país, siquiera a otra ciudad, o provincia, para buscar un empleo?. Me gustaría disponer de alguna estadística, que mostrase la «predisposición de los jóvenes a cambiar su residencia si le ofreciesen una mayor probabilidad de encontrar un empleo».

b) ¿realmente el calificativo de «jóvenes cualificados» es el más acertado?. Podríamos decir que tenemos la mayor generación de jóvenes españoles con carrera universitaria, ¿quiere decir cualificados?, tal vez no.
También estaría encantado de tener alguna referencia para argumentar mi opinión, que sin lugar a duda, puede estar sesgada por el círculo cercano, que no es más que una muestra que no tendríamos porque extrapolar como representativa, en la que veo «jóvenes sin carrera universitaria» más que cualificados para un entorno profesional altamente competitivio, y «jóvenes con carrera universitaria» que son unos auténticos «incompetentes» (no en el sentido insultante, Dios me libre, sino en el sentido literal de la palabra, por no ser competitivos).

El entorno competitivo actual ha cambiado. En la mayoría de los sectores, no es requerido un profesional con unos conocimientos previos, máxime, cuando esos conocimientos impartidos en la Universidad, no tienen correlación con las necesidades reales del mundo empresarial (aquí la teoría de las dos circunferencias, la universitaria, y la real, que son secantes tan solo en una porción muy pequeña, cuando lo ideal sería que lo impartido en la universidad, fuese al 100% lo requerido por la empresa; no es así).

La materia impartida careceria de importancia, si los jóvenes fuesen adoctrinados al menos sobre técnicas y capacidades para el autoaprendizaje, la automotivación, la gestión, los valores empresariales… pero tampoco.

Hoy en día, vivimos en una era donde tenemos un exceso de información; realmente, el valor de un profesional, radica en su capacidad de autogestión y en su capacidad de aprendizaje, no en que «traiga en la mochila unos conocimientos memorizados en una Universidad», ¿a cuántos jóvenes españoles se les ha instruido en estas capacidades?.

Necesidad

¿Realmente esta generación nini esta dispuesta a migrar a Alemania como hicieron nuestros padres y nuestros abuelos?; ellos pasaban hambre y tenían «valores»; ellos malvivían, por traer unos cuantos «duros» a la casa. Ellos pasaban semanas alimentados a latas de sardinas, durmiendo en el suelo de las obras, en la bendimia, de jornaleros, meses fuera, en Alemania, en Argentina, en Francia… por necesidad, y/o por la inquietud de un futuro mejor para los suyos.

¿Qué necesidad tienen los ninis de hoy?, ¿necesidad, un futuro mejor?, realmente, existe una falta de «necesidad» como ingrediente catalizador del cambio…

Aunque pensándolo bien, mejor que no se vaya nadie a Alemania, que al menos nos quede la locomotora de la UE.

aabrilru




Artículo Óscar Molina: «Vivís de mi dinero»

Mi colega Antonio me ha remitido este artículo. Lo pongo aquí porque quiero conservarlo, dice algunas cosas con las que estoy bastante de acuerdo. Ctrl C -> Ctrl V

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Tremendo y certero articulo de un tal Oscar Molina. Extraodinario.

Vivís de mi dinero

Oscar Molina. Clases Medias.12 de diciembre 2009http://vicentvercher.files.wordpress.com/2008/02/120343338700620080219-969651dn.jpg

Paso fuera de mi casa y lejos de mi familia una media mensual de 360 horas (15 días completos), contribuyo al fisco con un 40% de mi salario; entre impuestos directos, indirectos, tasas obligatorias y demás gravámenes, trabajo más de la mitad del año para el Estado. Pago un colegio a mis hijos, mientras financio un sistema de educación pública; me dejo un turrón en una póliza de sanidad privada, pero abono religiosamente mi correspondiente diezmo para que muchos puedan tener cuidados médicos. De lo segundo no me quejo (a pesar de que nadie me lo reconozca) y de lo primero no me quejaría si no fuese porque la educación pública consiste en meter a los niños en fábricas de ignorantes donde sólo se hace hincapié en su adoctrinamiento en un conjunto de paridas sin sentido.

Muchos están peor que yo. Se levantan a las 6 de la mañana, vuelven a casa cuando sus hijos se van a la cama, conviven con la cotidiana amenaza de perder su trabajo y hacen encaje de bolillos para que el fruto de su sacrificio vital les permita llegar a fin de mes.

Y otros, de número creciente, están aún peor. Han perdido su trabajo y conservan escasas esperanzas de conseguir otro.

Todos, de alguna manera, ponemos un montón de dinero para que vosotros, que sois muchos, os alimentéis de nuestra pasta.

Porque vosotros, incompetentes ejecutivos de la nada, mediocres gobernantes de nuestro Estado central, vivís de nuestro dinero. Sois parte un elefantiásico entramado de Ministros, Secretarios de Estado, Directores Generales, y parásitos varios que contáis con un ejército de asesores, viajáis en coche oficial y reserváis Clase Preferente en vuestros viajes privados, con mi dinero. A cambio, resultáis totalmente incapaces de resolver nuestros problemas, no garantizáis nuestra seguridad ni dentro ni fuera de España, no nos protegéis del desempleo, ni prestáis servicio alguno. Sólo se os ocurren normas para coartar nuestra libertad, para vigilarnos, atemorizarnos y decidir qué es bueno para nosotros. Tomáis posesión de nuestra vida pública, privada y de nuestro dinero para complicarnos la vida, y parís normativas orientadas a seguir siendo necesarios, a no permitirnos deshaceros de vosotros.

Por si fuese poco, inventáis problemas inexistentes, enfrentáis a la sociedad reabriendo debates cerrados, legisláis para cuatro, y tenéis la jeta de pagar un sueldo a majaderas de manual sin el menor sentido el ridículo que nos hablan de “acontecimientos planetarios”. Todo con mi dinero.

Vosotros, prebostes de alguno de los diecisiete gloriosos mini-estados autonómicos, también vivís de mi pasta. Unos subidos a cuentos imposibles como la fábula de Aitor, otros mitificando a unos segadores de hace cuatrocientos años. Los demás, a rueda de éstos, os habéis montado un chiringuito de consejerías, direcciones, subdirecciones, patronatos, embajadas y demás máquinas de gastar. Con mi dinero, claro está. Usáis la pasta que yo gano trabajando para fomentar la insolidaridad y sembrar el odio a España; reclamáis la parte que vuestros inverosímiles derechos históricos os adjudican para poder aumentar la pléyade de vuestros deudos, para comprar votos con empleos a dedo. Vivís en la reivindicación permanente que haga andar a una bicicleta que se caería si parara. Vosotros, garrapatas, no resistiríais el mínimo ejercicio de competencia para la obtención de un puesto de trabajo en el ámbito privado, vuestro único mérito es haber medrado en la estructura de un partido político. Y ahora, vivís de mi dinero.

¿Y qué decir de vosotros? Sabandijas de los sindicatos de clase. Liberados del trabajo, la responsabilidad y el cumplimiento del deber. ¿Cuántos sois? Sólo en Madrid, 3200; sólo en Madrid vuestro chollo nos sale a los contribuyentes por 77 millones de euros. ¿Para qué? Para que tengáis el uniforme, el mono o la bata sin estrenar. Para que viváis de una novela en la que sois los únicos personajes, porque no representáis a nadie, sin acudir a vuestro puesto de trabajo. No tenéis afiliados, no defendéis nada, firmáis condiciones laborales de miedo para vuestros presuntos representados, cobráis un canon por los ERE´s, o lo que es lo mismo, sangráis al currito en concepto de “asesoramiento” cuando le ponen en la calle; os dedicáis a hacer política, calláis cuando miles de currantes pierden su empleo por no molestar a otros chupones de vuestra cuerda, y ejercéis la protesta asimétrica según quien gobierne. No valéis para nada, no arregláis nada, no solucionáis nada, no defendéis a nadie, algunos habéis conseguido llevar tan lejos vuestros tejemanejes que acabáis de directivos en vuestras empresas…y vivís de mi pasta.

Y no me olvido de vosotros. Engreídos “creadores”, apoteósicos mediocres del arte presunto, vividores del mérito subvencionado y subvencionable. Vosotros también vivís de mi pasta. Os señaláis la ceja para apoyar sin disimulo a quien os ha puesto en casa, alimentáis vuestra vida regalada de mis impuestos, y además me insultáis. Si no voto al partido que os gusta, podéis llamarme “hijo de puta”; si no comulgo con el Gobierno que os pone el pesebre pedís que se me encierre en un cinturón sanitario; si voto a quien no os mola, me llamáis asesino…todo eso después de que este hijo de puta, asesino y carne de sanidad progre os haya dado de comer con su dinero, a cambio de que produzcáis bodrios infumables que tratan de ganar una guerra 70 años después o que sólo sirven para que alguno pueda liberarse de sus complejos, algunos sexuales.

Habéis conseguido que todo hijo de vecino sea considerado delincuente preventivo y tenga que pagaros cada vez que se compra un teléfono móvil, una impresora, un ordenador…Habéis forzado la máquina de quien tanto os debe como para permitiros reclamar el tributo a quien se bautiza, hace la comunión, se casa o baila en la plaza del pueblo; cualquier día nos sangraréis en nuestro entierro. Vosotros, bucaneros de la creación de medio pelo, no venderíais ni uno sólo de vuestros estofados en el mercado privado, no conseguiríais financiación ni para la décima parte de vuestras piltrafas. La inmensa mayoría de los que vivís de mi contribución y de sirlarme, no seríais capaces de engañar a un inversor para que sufragase las medianías que nos colocáis. Vivís del cuento, y encima os ponéis chulos mientras me metéis la mano en la cartera. Firmáis manifiestos para los que no tenéis la menor legitimidad ni altura moral, y os auto designáis como el “mundo de la cultura”; entregáis rosas por la Paz a los asesinos, os vestís de palestinos entre playa y casino, y no tenéis una puñetera palabra para los que cayeron muertos de un tiro en la nuca, sin poder oler esas rosas que entregabais, mientras pagaban vuestros saraos y se retrataban cada vez que compraban un CD.

Todos vivís de mi pasta y sois muchos, cada vez más. Y nosotros cada vez menos.

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