Lo que nunca antes había contado a nadie sobre mi vida low cost

(Descárgate aquí este artículo en PDF. Probablemente lo leerás más cómodo y lo podrás guardar ¡¡para consultar cuando quieras!!)

Hola chicos!! Hace tiempo que no os cuento nada por aquí. Hoy toca 🙂 .
Quiero hacer un pequeño paréntesis en mi concentración en los estudios de doctorado y elaboración de la tesis, que como muchos de vosotros sabéis, me está haciendo pasar unos meses muy malos, no la peor época de mi vida, porque he tenido alguna peor, pero sí la época en la que psicológicamente me he sentido más herido —humillación, anulación total de mi propia voluntad—, hasta el extremo de llegar a tener crisis agudas de ansiedad que me han llevado a replantearme mi propia existencia en este mundo. Una mala época… pero tenemos que ser positivos!! (ya os contaré con más detalle en un blog específico que he ido escribiendo sobre ello). Así que creo que me viene muy bien desconectar un par de horas y compartir esta reflexión con vosotros 🙂 (por cierto, gracias a todos los que me estáis apoyando en estos malos momentos!!)

 

Citroen 2 caballos Ibiza Love

 

Os cuento. Hoy, aprovechando la visita de Sheila estos días, con la que he charlado largo sobre esto, os voy a contar algo que nunca antes había contado a nadie: las ideas que me llevaron a adoptar mi forma low cost de vida.
Sheila vive en el sur de Inglaterra, en la región de Dorset, y ha recorrido gran parte del mundo. Ha estado unos días de visita en España porque van a comprar una pequeña casa por aquí, donde el clima es mucho mejor que en Portland, su ciudad de residencia actual —como padece de asma, no lleva muy bien la humedad—. Ella ama el Sol, la luz y la libertad, como yo. Ha sido realmente un placer poder charlar con ella 🙂
Durante nuestras conversaciones en los desayunos, nos dimos cuenta que nuestro modo de afrontar la vida coincidía en muchos aspectos, y también nos dimos cuenta de lo raro que a veces esta idiosincrasia de vida podía resultar para la mayoría de personas, aunque parece que cada vez más personas están uniéndose a esta corriente. Esta filosofía que paso a contar, es la que define bastante mi forma de ser desde hace unos años —bueno, más bien, es uno de los pilares de mi vida—, y aunque en mis actos diarios queda reflejada, hasta ahora no la había compartido expresamente con nadie, así que ahora que he reflexionado con Sheila al respecto y lo tengo calentito, creo que estaría genial compartirlo también con vosotros.

La idisosincrasia a la que me refiero la llamo «filosofía de vida low cost». Más o menos por el nombre podéis imaginar de qué se trata, pero no quiero quedarme solo en el nombre, os quiero contar y justificar porqué decidí que esta fuese mi forma de vida (como veréis, no es algo nuevo ni inventado por mi). Quizá por esta forma de vivir, me consta que muchos de vosotros me véis como a un bicho raro (algo que por otro lado, me satisface enormemente 😛 ). No pensad que intento decir que esta forma de vida es mejor que otra —¡seguro que hay otras mucho mejores!—, tampoco quiero convencer a nadie; solo quiero compartir con vosotros porqué yo decidí llevar una vida low cost. Aquí va:

1. La vida es limitada en el tiempo. Cada día que nos levantamos puede ser nuestro último día. Ser conscientes de esto, cada día, nos puede ayudar a otorgar a cada cosa la importancia que realmente se merece. A veces nos preocupamos por gilipolleces que probablemente no tendríamos en cuenta si supiésemos que solo nos quedan dos meses de vida en este mundo (la realidad es que para algunos de nosotros, esto será efectivamente así). No vamos a estar aquí para toda la vida, aunque nuestro legado sí lo estará —algunos dejan su legado a través de hijos (forma inconsciente a la que la biología ha recurrido para conseguir que perpetuemos nuestros genes en el mundo), quizá otros a través de obras físicas o ideas; lo normal es que cada cual intente dejar «un legado» que le haga sentirse realizado.

2. Ser feliz. No hay que ser un lince para escribir esto: cuando somos felices estamos a gusto 🙂 . Nuestros estados corporales y mentales encuentran un bonito equilibrio cuando estamos en felicidad. Ya que la vida es limitada, y ser feliz es tan bonito, tal vez lo más inteligente sería desear ser feliz durante el tiempo que estemos en la vida, ¿no?
Hay decenas de estudios que hablan sobre la felicidad. Daniel Hilbert en su Stumbling on Happiness, Daniel Kanheman en su Thinking Fast and Slow, Sir Ken Robinson en su The Element, Mihaly Csikszentmihalyi en su Flow, nos aportan en algún momento su punto de vista a propósito de este bien tan preciado que es la felicidad. El instituto americano Gallup, con quienes colabora habitualmente el nobel Kanheman, se encarga de hacer encuestas en todo el mundo y de aclararnos un poco más sobre lo que nos hace felices. Los bienes materiales nos hacen felices, es cierto, pero durante un periodo muy corto de tiempo. La habituación a un bien material es rápida y por tanto su efecto en nuestra felicidad es breve —nos habituamos muy pronto a tener el último modelo de Aifon o un coche deportivo—. Otra cosa que nos hace felices es el dinero. El dinero nos hace felices, pero a partir de cierto umbral (una mínima cantidad asociada a los niveles básicos de supervivencia), ya no consigue hacernos más felices.

3. El mundo y los que nos rodean. Pero por encima del dinero, hacer buenas obras por los demás, ser «un buen ciudadano», realizar acciones positivas que sabes que van a tener un impacto a largo plazo sobre las generaciones posteriores, aportan una felicidad más duradera, según ha sido demostrado en diversos estudios. Diríamos que los objetos materiales son como tomarse un Red-Bull, que te da alas en «0,» pero las pierdes también en «0,», y hacer buenas obras por los demás y por el entorno que te rodea sería como llevar una dieta mediterránea, que no te da el subidón, pero te asegura una buena salud a largo plazo 🙂

Así la cosa, con solo estos tres puntos, lo que habitualmente pienso es que si tenemos en cuenta el poco tiempo que vamos a estar en este mundo, y que lo más guay para el conjunto de genes que conforma nuestro cuerpo es ser feliz, lo más inteligente sería intentar ser felices la mayor parte del tiempo, ¿no? El dinero, a partir de cierto umbral, no aporta felicidad, pero sí que podemos crecer en felicidad haciendo cosas buenas por los demás y por el mundo. Haciendo un paralelismo con el mundo del «running», podríamos decir que la felicidad que conseguimos con nuestras buenas acciones por nuestro entorno, es una felicidad de ultrafondo, y la felicidad que conseguimos con bienes materiales, es una felicidad de pista de atletismo 🙂

De esto me di cuenta, digamos, que a partir de los treinta, más o menos. Cuando era más joven —y había leído menos— quizá pensaba de otra forma (cuando somos más jóvenes la motivación de estatus nos hace buscar un hueco en la jerarquía social, y pretendemos éxitos que reflejen nuestra valía ante el resto de personas), pero lo cierto es que los pensamientos, prioridades y deseos cambian a lo largo de la vida, por más que de jóvenes nos cueste reconocerlo, la ciencia ha demostrado que es así.

Buscando el equilibrio tiempo/dinero/felicidad
Recuerdo mis primeros años trabajando en Madrid (Orange), y recuerdo a mis compañeros de oficina, mayores que yo, que me decían que «no iba a heredar la empresa», y me preguntaban porqué trabajaba tanto. Trabajaba hasta tarde en la oficina, buscaba libros para aprender más, y me tiraba estudiando TCP/IP los fines de semana, para conseguir dar soluciones a las necesidades de conectividad a internet de nuestros clientes. Muchos días no salía a comer y me quedaba trabajando en la oficina. Algunos me decían: «Angel, el trabajo envilece» y yo les decía que para mi era todo lo contrario, el trabajo era mi fuente de inspiración y crecimiento personal. En aquel momento, creo que realmente lo era y en muchas ocasiones lo ha sido. Pero llega un día en el que ves que quizá no merece la pena currar tanto; ganas mucho dinero, sí, pero con el coste de dejarte otras cosas en el camino. Por supuesto que el trabajo es necesario, no estoy hablando de eso, y es cierto que hay muchísima gente que su trabajo la hace feliz, porque han encontrado en él «su elemento» y «fluyen» en él cada día. Esto está genial y no deberían cambiarlo por nada, ya que el objetivo de ser feliz, lo tienen cumplido. Pero hay otras personas a las que quizá el trabajo no les hace tan felices, y realmente éstas sí están dejando pasar un tren con vagones llenos de posibles fuentes de felicidad, pero «aguantan» en el curro porque necesitan dinero para mantener su «tren de vida».

La clave en este punto, está en darse cuenta de si todas esas «necesidades» que tenemos, son necesidades reales, básicas, o son necesidades creadas por patrones sociales, quiero decir: como el vecino tiene un Volvo XC60, yo tengo que tener otro, al ser posible el XC60 sport full equipt megachachi; como el vecino ha ido a París de viaje, yo tengo que ir a Nueva York; como mi cuñado se ha comprado el último smartphone de Samsung (el que se quema), yo voy a comprar el Aifon 8…

Las marcas, por supuesto, tienen probablemente la mayor responsabilidad por crear esta necesidad de «gastar» constantemente. Con su obsolescencia inducida, nos hacen pensar que realmente necesitamos el último modelo de cada cosa: necesitamos el último modelo de teléfono o de ordenador o de televisor; necesitamos las últimas zapatillas con suela de mega-super-hiper-gominola, necesitamos el último GPS, necesitamos probar las últimas galletas hiperenergéticas que no engordan, necesitamos… gilipolleces, vamos. Y las marcas están felicísimas con que nosotros entremos al trapo.

Obviamente, para estar a la última en todo, necesitamos mucho dinero, y para conseguir mucho dinero, o somos unos genios, o bien tenemos que trabajar mucho, por lo que nos queda poco tiempo para hacer otras cosas que quizá podrían hacernos más felices. Supongo que ya sabéis hacia donde quiero ir, ¿no?… La clave está en encontrar aquel equilibrio entre dinero y tiempo que consiga maximizar nuestra felicidad.

Consume más, consume distinto, compra, tira compra
Pero esto no siempre fue así. A principios de siglo —y desde el comienzo de la historia humana— consumiamos productos principalmente por necesidad. Necesitábamos una vaca, la comprábamos; rompíamos unos pantalones, los cosíamos, se rompían de nuevo, y los volvíamos a coser; se rompía el Ford-T (bueno, en España años después el SEAT 600), íbamos al taller y lo arreglábamos 50 veces; comprábamos alimentos a los productores de la zona; comprábamos harina y hacíamos nuestro propio pan; hacíamos matanza una vez al año y fabricábamos nuestros embutidos… Y esto era así, consumíamos por necesidad.

Pero en Estados Unidos algo cambió a principios del siglo pasado. Para salir de la crisis de los 20, algunos gurús tuvieron la genial idea de «inventar el marketing» y la manipulación de masas (algunos ven a Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, como el padre de la propaganda y la manipulación), y del marketing vino la diferenciación, estimulando directamente la parte irracional de los individuos y sus necesidades psicológicas fundamentales. Ahora lo que comprabas era una parte más de ti, de tu personalidad, y te definía como individuo social (como aún sigue siendo).
Ya no todos los productos eran similares, sino que el cliente podía elegir qué producto deseaba. Incluso le hicimos creer al consumidor que debía exigir productos diferentes para conseguir diferenciarse del vecino, y lo más importante, que lo que consumías decía mucho de lo que eras. Ya no tenías que comprar el Ford-T negro, porque General Motors te permitía elegir entre rojo, gris, amarillo, granate, verde e incluso el negro. Había comenzado la era del consumismo.
Incrementar el consumo a través de la creación de necesidades «no reales» en los consumidores, era el bálsamo de fierabrás para sacar al mundo de la recesión. La industria necesitaba más mano de obra para hacer más tipos diferentes de productos, más gente trabajaba, la renta aumentaba, el consumo aumentaba, y así todos «felices». Pero esta espiral creó en nosotros necesidades artificiales, no reales, que las empresas estaban encantadas de satisfacer. Esto pudo estar bien cuando éramos  menos de 2 500 millones de habitantes en el mundo (en los años 20), pero la población mundial se ha disparado de forma exponencial en las últimas décadas. Ahora somos unos 7 500 millones. Y continuar con este nivel de consumo (sobre todo con el nivel de consumo de Estados Unidos), parece conducirnos a un punto sin retorno.

Crecimiento insostenible
Aquí podemos ver cómo los humanos hemos ido poblando nuestro planeta Tierra.

Fuente: Wikipedia

Fuente: Wikipedia

De por sí, todo esto del consumo no es tan malo. Las personas compran, tiran, compran y con ello creen ser felices (recordemos que el punto de partida que hemos puesto es que la pretensión es conseguir ser lo más feliz posible en el poco tiempo que cada uno de nosotros vamos a estar en este mundo). A mayor consumo, más trabajo, hay más dinero y la gente es aparentemente más feliz. Esto sería ideal, sí, si los recursos fuesen infinitos, pero no lo son. Estamos acercándonos a unas tasas de explotación de los recursos disponibles nunca antes conocidas en la historia. Sobre esto hay multitud de teorías. Thomas Malthus (1766-1834) ya hipotetizó sobre la escasez de recursos a la que nos íbamos a enfrentar en el planeta, debido al crecimiento de la población. La predicción malthusiana no se ha cumplido, probablemente debido a los avances tecnológicos —agricultura intensiva— que nos han permitido sobreexplotar los recursos disponibles, es decir, producir más cantidad en menos espacio.

Pero un grave peligro nos acecha. De los 7500 millones, más de 3000 millones (1250 India, 1350 China…) son países que se están aproximando cada vez más al nivel de consumo de los países más desarrollados. Si India y China, y algún día los países de África, alcanzan el nivel de consumo de Estados Unidos, nos cargaremos sin duda el planeta Tierra, y desgraciadamente, sobre esta afirmación sí que hay un consenso mundial de toda la comunidad científica. Stephen Hawking ha escrito reciéntemente que la humanidad tendrá que poblar otros planetas si desea sobrevivir…

La obsesión por crecer
Y el problema está en la obsesión por crecer. En un sistema donde los recursos son limitados, no es posible crecer de forma permanente. Las escuelas de negocios han enseñado a los directivos de las empresas que la forma de garantizar el «éxito» es creciendo. Cada trimestre hay que facturar más, hay que tener más clientes, más volumen… y si algún año no superas las cifras del año anterior, el mercado te castiga devaluando tu cotización en bolsa. Pero no solo pasa en las empresas. Como individuos, la cultura actual parece arrastrarnos también a crecer de forma permanente. Vives con tus padres cuando eres pequeño, compartes piso cuando estudias en la universidad, luego te vas a vivir solo de alquiler, luego compras un pequeño apartamento, luego un piso más grande, hasta que por fin consigues tener un pequeño chalet en la urbanización de las nuevas parejas jóvenes y exitosas (¡enhorabuena a todas las parejas jóvenes y exitosas que vivís en esa urbanización tan chula, sois lo más de la sociedad!). Después del chalet, vendrá la casita en la sierra o en la playa y luego tal vez, otro chalet ya no adosado sino independiente, con una gran parcela alrededor y con una gran piscina, muy probablemente climatizada, para poder usarla también en invierno.

¡Crecer, crecer, crecer!, sí, crecer está bien, siempre y cuando no agotemos los recursos disponibles y no estemos creando más perjuicio que beneficio al mundo que nos rodea.

Si volvemos al inicio, podemos comprender porqué nos obsesionamos con crecer. Obtener bienes, comprar cosas, es una fuente de felicidad; pero la felicidad que conseguimos con estos bienes materiales es de paja, de esa felicidad que se viene abajo con dos soplidos del lobo feroz.

La fórmula que me ilumina
Así que con todo lo que hemos visto hasta ahora, la fórmula no parece demasiado complicada. A saber: por un lado, hemos visto que probablemente lo inteligente es intentar ser felices el poco tiempo que vamos a estar en este mundo; para esto, la ciencia nos dice que los bienes materiales no dan una felicidad de calidad, pero que sí que nos puede llenar de felicidad y propósito en la vida hacer buenas acciones por los demás y por el mundo —conseguir dejar un legado positivo que nos trascienda—. También hemos visto que para llevar el elevado nivel de consumo que supuestamente nos hace felices, necesitamos mucho dinero, pero a no ser que seamos unos genios —o unos estafadores— conseguir ese dinero nos va a llevar mucho tiempo, tiempo que vamos a dejar de disfrutar de nuestra familia, de nuestros amigos, o de otras actividades con las que quizá podríamos maximizar mejor nuestra felicidad.
También hemos hablado sobre el daño que este nivel de consumo está ocasionando al planeta. Los recursos son finitos, y a pesar de la tecnología, si seguimos así, las próximas generaciones nos acusarán de nuestra avaricia y nuestra codicia, y de nuestra hambre voraz e inconsciente que está desolando el planeta.

¿Cuál es la fórmula entonces? Sencilla: ¡disminuir nuestro nivel de consumo!

Si disminuimos nuestro nivel de consumo, necesitaremos menos dinero. Si necesitamos menos dinero, tendremos más tiempo libre para estar con nuestra familia y con nuestros amigos o con nuestra/o amante y disfrutar de las cosas que nos hacen felices, porque tendremos que trabajar menos. A la misma vez, disminuyendo nuestro nivel de consumo, convirtiéndolo en un consumo responsable, contribuimos a mejorar la salud del planeta y aportamos nuestro grano de arena al objetivo de conseguir dejar un mundo mejor a las futuras generaciones. Esta buena labor que realizamos incrementará nuestra felicidad de largo plazo, porque estamos ayudando a los demás, estamos ayudando al mundo y son buenas acciones que nos trancenderán en el tiempo —dejamos un legado y tenemos un buen propósito de vida.

Por todo esto —y por alguna cosa más, pero tampoco quiero extenderme demasiado—, desde hace unos años decidí adoptar esta filosofía de vida «low cost» en mi día a día, y creo que de momento no me va demasiado mal y estoy consiguiendo unos niveles de felicidad aceptables (aunque últimamente, los hombres de negro de mi doctorado, estén consiguiendo disminuir mis tasas de felicidad a cero, pero esto será algo puntual que pasará pronto!!).

Con estas explicaciones espero haber aclarado cuál es la causa de mi frugal estilo de vida y cada vez el de más gente (ahora ya podéis criticarme con argumentos!! 😀 ) . Pensad en vuestro nivel de consumo y en la cantidad de cosas que compramos de forma absurda. El mercado nos ha comido el tarro haciéndonos creer que multitud de productos son necesarios, cuando en realidad no lo son. Es una realidad que estamos trasvasando parte de nuestra personalidad a los objetos que nos pertenecen, porque pensamos —de forma inconsciente la mayoría de veces— que esos objetos dicen mucho de nosotros(**). Y no nos damos cuenta que con nuestro elevado consumo, nos estamos cargando el mundo y sobre todo, estamos consiguiendo una felicidad de paja. Probablemente, si disminuyésemos nuestro nivel de consumo, encontrando un equilibrio entre tiempo y dinero, conseguiríamos ser mucho más felices. Piénsalo 😉 .

Una besa y un beso para todos y gracias por estar ahí!
Angel.

PDTA: si quieres saber de forma práctica en qué consiste mi forma de vida low cost, déjame un comentario, escríbeme por twitter o facebook y así me motivarás para seguir desvelando mis secretos 🙂

———–
¡Si te gustan mis reflexiones sígueme!:
Facebook: https://www.facebook.com/paginadeangelabril/
Twitter: https://twitter.com/aabrilru
Youtube: https://www.youtube.com/user/aabrilru?sub_confirmation=1
Suscríbete al aviso por email: ¡Quiero que me llegue un email cuando haya un nuevo artículo!
———-

 

Epílogo: Las corrientes
Como ya os dije al principio, aunque todo esta locura que os he contado he ido rumiándola de forma pausada y sosegada con el paso de los años, leyendo muchísimo y observando el entorno y a las personas que nos rodean (me fijo mucho, como un búho), sí que es cierto que no os he contado nada original que no esté inventado ya (¡siento no ser original, jaja!), puesto que hay diversas corrientes que aglutinan de una u otra forma parte de lo que os he contado (aunque en realidad ninguna de ellas refleja fielmente la idea que he compartido con vosotros). Aquí van algunas:

· La Economía del Bien Común: la economía del bien común es un proyecto económico parido por el austriaco Christian Felber (habla español perfectamente, menos mal, jeje), que basa su idea en ciertos principios como el de maximizar el bien común que las organizaciones brindan a la sociedad, frente a la búsqueda constante de beneficios económicos (ver más aquí).

· Frugalidad: Según Wikipedia, «frugalidad es la cualidad de ser ahorrativo, próspero, prudente y económico en el uso de recursos consumibles (como la comida o el agua), así como optimizar el uso del tiempo y el dinero para evitar el desperdicio, el derroche y la extravagancia. En la ciencia del comportamiento, la frugalidad ha sido descrita como la tendencia a adquirir bienes y servicios de manera restringida, así como el uso optimizado de los bienes económicos y servicios que ya se poseen con la finalidad de lograr uno o varios objetivos a largo plazo.»

· Decrecimiento: El decrecimiento es una corriente que apuesta por encontrar un nuevo equilibrio entre los recursos naturales y el sistema económico: https://es.wikipedia.org/wiki/Decrecimiento

· Economía circular: Es una nueva forma de considerar la producción de bienes y servicios. Trata de diseñar los productos de forma tal que se minimice el uso de recursos, y que todos los recursos utilizados puedan volver al inicio de la cadena una vez consumidos: https://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_circular

· Movimiento slow: Johnjo Ortega me apunta por facebook que el movimiento slow también está bastante relacionado con esta filosofía y así es. Es una propuesta que aboga por vivir la vida de una forma más pausada que la actual, saboreando los instantes y valorando mucho más el tiempo que pasa, que nunca volverá a pasar. Aquí sobre el movimiento en la wiki en Inglés: https://en.wikipedia.org/wiki/Slow_movement_%28culture%29

· (22DIC16) Incorporo a las referencias este artículo titulado La economía del bien común: en busca de un nuevo paradigma económico», de Joan Ramón Sanchís. > http://nuevarevolucion.es/la-economia-del-bien-comun-busca-nuevo-paradigma-economico/

· Vida sencilla: (13ENE17) Incorporo como referencia el enlace al concepto de «vida sencilla» (o minimalismo), como un estilo de vida en el que las personas eligen vivir con pocas cosas para disfrutar más del tiempo que les deja el hecho de necesitar poco dinero para vivir: https://es.wikipedia.org/wiki/Vida_sencilla

(**) Que los objetos que poseemos dicen mucho de nosotros es un hecho real (un sesgo cognitivo bien estudiado por la psicología social). En realidad, es cierto que juzgamos a los demás por su forma de vestir, por el coche que tienen o por el teléfono que poseen. Pero como digo, es un sesgo cognitivo, un mal funcionamiento de nuestro sistema de inferencias, del que la evolución nos ha dotado; hace miles de años era una ventaja para sobrevivir, pero hoy, nos puede llevar a engaño con mucha facilidad (y si no, recuerdo el caso del pequeño Nicolás o del español Francisco Javier González Álvarez, que estafó cientos de millones de dólares haciendo creer que era un magnate del petróleo, porque «aparentaba ser un magnate del petroleo».)

—————————
Aquí puedes ver el debate que estamos teniendo en facebook. ¡Únete!:




Te lo doy todo por un euro… (la promoción de moda)

Probablemente a todos nos pasa. A cada uno en su parcela. El herrero observa las barandas de hierro de cada ciudad que visita, las nuevas técnicas, los nuevos materiales; el pintor de obra va por el mundo captando los nuevos colores, acabados, calidades… cada uno en su mundillo tiene sensibilidades especiales que son ajenas al resto (mi padre, por ejemplo, podría ser capaz de identificar desde la carretera la especie de cualquier tipo de árbol frutal mientras que yo podría tardar horas en averiguarlo).

Tenemos sensibilidades más afinadas que el resto en las facetas relacionadas con nuestros oficios o pasiones (nuestro cerebro se especializa) y algo concreto que para otros puede pasar inadvertido, para nosotros puede ser muy significativo.

Supongo que este efecto será el culpable de mi sensibilidad por la promociones publicitarias. Al fin y al cabo, la publicidad es una parte del marketing; es tan parte del marketing que incluso hay personas que a veces confunden los términos y utilizan «marketing» como sinómino de «publicidad», ¡qué indecencia, pardiez! 🙂 .

Tengo gran afición por los anuncios de las marquesinas de autobús y las vayas de las estaciones de metro. Llamadme friqui pero tal vez sea una de las cosas que más echo de menos cuando ando fuera de Madrid una temporada.

Aunque normalmente estas promociones que vamos a comentar, por el tamaño de los anunciantes, no suelen estar en medios masivos sino más bien en el escaparate de cada local, también son santo de mi devoción y les presto bastante atención -en realidad, me divierto analizando cualquier acción de marketing que intente comunicar cualquier mensaje en cualquier medio, ¡es muy divertido!.

La primera campaña que quiero comentar es la de los «calderos de quintos«; comenzó a ponerse de moda hace uno o dos años. Al menos en Madrid fue un efecto contangio bárbaro. Una epidemia. El bar que no tenía su pizarra con la cotización «del caldero» estaba fuera de onda.
Tal vez la mecha la encendió «La Sureña«, de los amigos de Restalia (que son también los de 100 Montaditos).
Otro día comentaremos las promociones de los calderos con más calma, que tienen su miga…

Hoy nos toca hablar de la promoción del euro.

Hace unos meses comencé a pensar que podría estar siendo víctima de algún delirio (volviéndome un poquito majara, vamos). Preocupado por estar llegando a la obsesión salí varios días a la calle armado con la cámara fotográfica. Quería tener pruebas irrefutables ante mi terapeuta: lo que le contaba en cada sesión era real y a veces, muchas veces, «veía promociones a un euro». El resultado lo podéis ver en el vídeo de la promoción a un euro que hice la otra tarde.

Ante la evidencia, reflexiono sobre estas cuestiones:

1) ¿Podemos considerar la promoción «euromanía» que 100 Montaditos lanzó en 2008 (y sigue manteniendo) como la pionera en la industria de los bares?

2) Si es así, ¿deberíamos pagar rollalties a los marketinianos del Grupo Restalia o hacerles una especie de monumento por usar su idea? 🙂

3) ¿Hemos llegado a un punto de «valor» del euro tal que el consumidor lo considere como algo «despreciable» -similar a la gratuidad- de forma que su cerebro procese algo así como: «anda, por algo con tan poco valor como un euro, me dan la jarra grande de cerveza… merece la pena pagar un euro más»?

4) ¿Ha llegado el «efecto arrastre» y la agresividad de las promociones de otras industrias típicamente agresivas como la telefonía a la industria de los bares -en telefonía, la promoción creativa es copiada rápidamente por los competidores?. ¿Recurrir a las promociones está siendo una necesidad provocada por el descenso de las ventas que obliga incluso a los barecitos que tan cómodos vivían con su clientela habitual a subirse «al carro de las promociones» y realizar acciones de publicidad?

5) ¿Es posible que a los chicos de marketing que en todas las empresas son los más chachis de la creatividad se les esté marchitando el captus?

Supongo que en todas las industrias tenemos efectos similares: existen unos pocos innovadores/creativos que tienen las ideas y luego el montón que las adapta y las copia. No entro a valorar si es algo bueno o malo, tan solo es una forma más de trabajar.
Hay cierto tipo de personas que habitualmente consumen (Also Known As consumer 🙂 ) que incluso pueden llegar a agradecer la homogeidad de ofertas y promociones entre las empresas de la competencia porque así no tienen tanto que pensar a la hora de tomar la decisión de compra (aquí podríamos hablar largo y tendido).

En el vídeo podemos ver bastantes ejemplos que usan la promoción «del euro»; aunque os parezca increible, la promoción la podemos encontrar incluso en la industria del automóvil (Toyota).

Moraleja: si andas corto de ideas y quieres colgarte una medalla ante tu jefe haciéndole ver que no has estado durmiendo la siesta al son de las chicharras durante el verano, bien puedes invertarte la promoción a un euro de alguno de tus productos. ¡Estarás a la moda!.

 

Besas y besos para todas y todos,
(agradezco vuestras sugerencias y comentarios, sobre todo si son contrarios a mi opinión general 😛 )

Angel (aabrilru)
———–
¡Si te gustan mis reflexiones sígueme!:
Facebook: https://www.facebook.com/paginadeangelabril/
Twitter: https://twitter.com/aabrilru
Youtube: https://www.youtube.com/user/aabrilru?sub_confirmation=1
Suscríbete al aviso por email: ¡Quiero que me llegue un email cuando haya un nuevo artículo!
———-

PDTA:
Si te gusta la idea de que siga compartiendo chorraditas marquetinianas, dale a los «Me gusta» de abajo, al del facebook, al twitter, al google plus, a todo lo que veas… ¡será un feedback interesante para seguir divirtiéndonos con estos temas!.

.




Sobre Línea directa y «la venta perfecta» (el cochito rojo, leré…)

Esta tarde he hablado con Línea Directa. Confío en ellos desde hace más de seis años (tengo mi coche con ellos y algún que otro coche de casa de mis padres también); son de Bankinter y eso se nota.

línea directa cochecito rojo

Hace poco días recibí la renovación del Scenic; me pareció un poco caro, así que he llamado para ver si me lo podían rebajar. Son muy majos, y tras una «tensa negociación» (me encanta este juego) he conseguido una rebaja de 60€ (dicen que soy buen cliente, más de seis años de antigüedad, dos coches a mi nombre como tomador, pocos partes…).

En la negociación del seguro del coche, le he comentado a Sonia (así se llamaba la chica que me ha atendido) que el miércoles me iban a llamar unos compañeros suyos para ver la renovación del seguro de casa de Madrid que ahora lo tengo con Mapfre (por cierto, muy buenos); intentaba mostrarle que era un buen cliente, evangelizador, en el que merecía la pena «invertir».
Al terminar la negociación del seguro del coche, Sonia ha insistido sutílmente en que me podía pasar con un compañero de hogar  y ver lo del seguro de la casa hoy mismo, sin esperar al miércoles.

Como justo tenía la renovación de la poliza de Mapfre delante, me ha parecido buena idea. A los pocos segundos, he comenzado a hablar con Aitana. Una crack del arte, la Ronaldo de la venta telefónica, la Fernando Alonso de las pólizas, la Rafa Nadal de los seguros…

Técnica 1. Comparar «racionalmente» con la oferta de la competencia.
Sonia me ha pedido que le fuese diciendo uno a uno los item de la actual póliza que tenía con Mapfre. Uno a uno los ha ido comparando con los de Línea Directa. Los que eran superiores los ensalzaba; en caso de que fuesen inferiores, les quitaba importancia.
Después de comparar sosegada y racionalmente, ha comenzado el segundo acto: presentar las innumerables ventajas y «aturdir» al cliente con datos.

Técnica 2. Infinidad de datos y prestaciones.
Tras el primer acto, tranquilo, paciente, sosegado, de comparación, tocaba imprimir ritmo. Ha comenzado a contarme las infinitas cosas que cubre la póliza de Línea Directa, con datos, ventajas, prestaciones, un ejemplo con cada una de ellas…
El objetivo del vendedor en este momento es crear en el potencial cliente la sensación de máximas prestaciones ante la compra. Intentar que la experiencia sea superior a sus expectativas iniciales para incrementar su satisfacción: «estás comprando lo mejor, objetivamente es el mejor producto, fíjate cuántas cosas lleva…» comienza a pensar nuestro cerebro.
Y claro, inconscientemente, vamos creando nuestra opinión al respecto.
Primero nos dan los juicios racionales que son el comodín que luego usaremos para justificar nuestra decisión de forma «racional» (nos gustará justificarnos a nosotros mismos como que ha sido una decisión «racional»), una decisión que casi con total probabilidad, ha venido tomada por nuestra parte emocial. Comienzan a jugar con la amígdala…

Técnica 3. Apoyo social.
Dice Aitana: «Señor Abril, mire si es tan bueno lo que le estoy ofreciendo, que es el seguro que tenemos TODOS los empleados de Línea Directa para nuestras casas». Cataclap: mi cerebro automáticamente piensa:
1) si ellos mismos lo usan, será que es el mejor.
2) si tanta gente lo usa, será que es muy bueno.
3) no estoy solo si lo elijo, hay más gente que lo usa (a esto lo llamo sentimiento del «ser borrego», al que le da miedo probar cosas nuevas y para el que el hecho de que mucha gente lo use es un plus a la hora de tomar su decisión de compra)

Técnica 4.1. Precio menor que la competencia.
Como inicialmente yo había dicho a Aitana el precio que me cobraba Mapfre, su primera oferta «teniendo en cuenta que soy un cliente con dos coches asegurados, cliente desde hace más de 6 años, etc, etc», ha sido 169€ (frente a 202€ de Mapfre), un precio realmente bueno. Pero bueno, tocaba rizar el rizo.
Como realmente hoy no quería tomar la decisión de compra, porque quería llamar primero a Mapfre para ver qué me cuenta ellos, le he dicho a Aitana que en un par de semanas contactaría de nuevo con ellos, porque iba a mirar más precios, porque «el precio no es lo principal, pero pesa bastante en mi decisión», le he comentado.

Técnica 4.2. Descuento excepcional irrechazable.
Bien. Dice Aitana que si el precio era tan importante para mi, que iba  a «hablar con un supervisor» para ver si me podían hacer un descuento especial. Efectivamente, así ha sido: me descontaba un 20%. Una oferta especial que no podía rechazar (oferta irrechazable, uno de los brazos de la tenaza en el ataque de la venta 🙂 )

Técnica 4.3. Escasez.
Por supuesto no hay buen intento de venta en el que no aparezca este argumento. «Sr. Abril, le ofrecemos el 20% de descuento adicional pero no se lo podemos mantener por mucho tiempo. Nos tiene que solicitar hoy la poliza, se la enviamos, aunque no le cobremos nada hasta el 31 de Marzo que es el día posterior a cuando le vence la de Mapfre. Es hoy o no puede aprovechar el descuento (o esta semana…)». Magistral Aitana…

Técnica 5. Cerrar siempre la cita.
Como no quería dar el sí, porque realmente quiero mirar en otras aseguradoras, me ha insistido (sin llegar a ser desagradable) en que le diese una fecha para volverme a llamar, y que me llamaba para ver si había tomado ya la decisión. Sí, le he dado un próximo día para que me llamase, se ha salido con la suya.

Qué quereis que os diga…, me ha parecido magistral, he estado a punto de aplaudirle y hacerle la ola conforme iba desgranándome sus argumentos de venta.
Desde aquí tengo que felicitar a Aitana de Línea Directa y a Línea Directa por formar tan, tan, tan bien a su fuerza de ventas. Son unos máquinas.

Y es que vender, es difícil, pero si tienes una formación adecuada, no lo es tanto.

Un abrazo y un abraza para todos y todas :),

Por twitter estoy: @aabrilru




SIMULCOM – Publicidad comparativa – David contra Goliat

NOTA: este artículo es de abril de 2012. A día de hoy (2014), no creo que el servicio de conferencias de smartic sea uno de los mejores -como menciono en el artículo-. Desde entonces a esta parte han mostrado en diversas ocasiones no tener al cliente en el centro de su estrategia además de ser una empresa lejos de la excelencia profesional y responsabilidad social, una meta que debería estar en la base de toda organización.
Hoy en día creo que el mejor servicio de conferencias en España y gran parte del mundo es ARKADIN: www.arkadin.es
No obstante, como ejemplo de caso de éxito de marketing operativo aún sirve 🙂 .

Don SIMON vs PASCUAL
El nuevo paradigma de los negocios, lo digo por el hecho de que internet haya cambiado las reglas de juego en la mayoría de las industrias, nos permite cada día ver luchas de Davides contra Goliates 🙂 (y lo que te rondaré, morena) . Vemos cosas que en la anterior economía eran impensables, luchas de «igual a igual» entre pequeños y grandes. En la nueva economía, el pequeño puede hacer cosas grandes, y el grande, derrumbarse hasta quedar pequeño, independientemente de sus EBITDAS o sus CASH FLOWS: el tamaño ya no importa, importa el ingenio, la capacidad de innovación y el conocimiento.

Volando por estas reflexiones, pensé en uno de los productos de smartic (una de las empresas en las que participo): ¿y por qué no compararnos directamente con nuestro principal competidor en multiconferencia, el servicio SIMULCOM de Telefónica?. Tenemos un servicio más barato y con mayores prestaciones (sí, increible), con mayores prestaciones que el servicio de una de las principales multinacionales españolas, Telefónica. ¿Por qué no hacer una comparativa y que la gente lo sepa?.

Recordé el caso de DON SIMÓN vs MINUTE MAID (de Coca-Cola) (o vs Pascual…), uno de los más sonados de publicidad comparativa en España, donde esta práctica no suele ser habitual, frente a otros países donde es el pan nuestro de cada día.

Nos pusimos manos a la obra. Testeamos el servicio de Telefónica, recopilamos información y operamos con bisturí para hacer un análisis de sus facilidades técnicas y sus tarifas; lo dejamos reflejado en un artículo de nuestra área de comunicación, así como en una sección específica de la web del producto.

Luego, lanzamos una nota de prensa con la comparativa (como benchmarking de la industria) a los medios, y diseñamos una oferta específica para los clientes de SIMULCOM que decidiesen dar el salto al nuevo plan: primera conferencia gratuita y 3 meses de cuotas gratis (y siempre con la garantía de satisfacción total: si no queda satisfecho, le devolvemos el importe de la multiconferencia).

Al segundo día, ya salían varias referencias a nuestro trabajo en la primera página de google al buscar «SIMULCOM». La idea es que cuando alguien busque «SIMULCOM», se tope con la comparativa y siga el viejo: «Busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo».

Espero que Telefónica no se cabree y nos tire de un soplido 😀 .

Os contaré el resultado 🙂

Gracias por pasarte por aquí,
aabrilru,
Twitter: @aabrilru




Los consumidores necesitan una referencia: la máquina de hacer pan

Allá por los 80, salió al mercado la primera máquina automática de hacer pan, al precio de 270$. La gente se preguntaba, ¿es cara, es barata, comparado con qué, con un Mercedes, con una tostadora?. El caso es que la gente la compraba.
Al poco tiempo apareció un fabricante que sacó al mercado una máquina de lujo de hacer pan, que tenía opciones y funciones adicionales, al precio de 500$. Adivina qué ocurrió. Las ventas de la máquina barata se dispararon, porque ahora la gente sabía que 270$ no era mucho dinero para gastar en una máquina de hacer pan, porque podían gastar 500¢. Evidentemente, la empresa que sacó la máquina cara al mercado, no lo hizo para aumentar las ventas de la barata; resultó ser que la cara fue un punto de referencia para la gente sobre lo que era caro y entonces la otra le pareció una ganga lo que provocó que se disparasen sus ventas.

Consumidores

*Contado por Barry Schwartz en el programa de «Redes para la ciencia»,
de Eduard Punset, «Por qué más es menos» (programa parte 2)

Para entender el comportamiento del consumidor, necesitamos llevar nuestra mochila cargada de psicología 🙂 .

Un placer,
En twitter estoy por aquí: @aabrilru




21 posturas para hacer el amor con tus clientes

Si estás viviendo como empresario una de esas malas épocas en las que las ventas caen y todo el mercado es apatía, tal vez te interese tomar un punto de vista innovador en la relación con tus clientes.

Hay un pequeño ensayo por internet titulado «21 posturas para hacer el amor con tus clientes» que toma un punto de vista alternativo. Te puede resultar interesante.

PDTA: Si quieres puedes seguirme en twitter 🙂 : @aabrilru


Post reeditado el 07/DIC/2011




CRTICNRM, es un placer co-crear en un entorno así

Últimamente paso aquí la mayor parte de mi tiempo, co-creando con un gran equipo de innovadores. Cuanto más veo este vídeo, más admiración tengo por el Centro de Referencia TIC Noroeste Región de Murcia! @crticnrm.

Gracias!,
aabrilru




los early adopters

early_adopters

De: http://mindmug.wordpress.com/2009/03/18/early-adopters/




La persona como marca. Mi marca: aabrilru

Hace tiempo que oí hablar del tema por primera vez; fue en el primer o segundo iniciador al que asistí, en Madrid, allá por finales del 2007. Aún se hablaba de los blog (ni twitter ni facebook habían llegado), y de cómo un blog se convertía en la herramienta para «crear la marca de una persona».

Cuando decidí crear mi blog personal (antes administraba y escribía en otros corporativos, pero no personal), decidí que era el momento de «cuajar» aquella idea. Lo primero que hice, como toda marca que se precie, fue diseñar mi logo:

logo_aabrilru_horizontal_243x49

en varias versiones, claro:

aabrilru_angelabrilruiz

pero evidentemente, una marca no es un logo. Básicamente, una marca son una serie de valores que se intentan transmitir a una segunda parte.
Estamos hartos de hablar de marcas empresariales, pero, ¿y de la marca de una persona?, ¿qué transmite esa persona?, ¿te genera confianza?, ¿agradable a la vista?, ¿deportiva?, ¿competitiva?, ¿comprarías sus servicios?, ¿le dejarías como canguro de tu hijo?…

Aquí podemos ver en castellano, lo que la wikipedia nos dice al respecto: http://es.wikipedia.org/wiki/Marca_personal

y aquí en Inglés, el personal branding: http://en.wikipedia.org/wiki/Personal_branding

Sobre todo si nos movemos en el mundo de los negocios, debemos tener claro, cuáles son los valores que transmitimos con nuestra imagen y nuestro comportamiento, cuál es nuestra marca, dónde estamos posicionados, y sobre todo, dónde los demás nos ven posicionados.

Buceando por ahí, he encontrado este artículo de Luis Huete, Profesor de IESE Business School, de mayo de 2008, del que copio un fragmento:

Profesionales con marca propia

Cualquier persona debería crear su marca personal para vender y diferenciarse del resto. Pero, para triunfar en ese proceso es necesario mejorar el producto que somos cada uno de nosotros. La diferencia entre el código genético de una persona y el de cualquier otra es menor del 0,0003%; algo que choca con la experiencia que todos tenemos sobre los cauces tan dispares por los que transcurre la vida de las personas que tenemos a nuestro alrededor. La genética influye más bien poco a la hora de convertirse en un personaje mejor o peor.

Los estudios que maneja el divulgador de la inteligencia emocional Daniel Goleman concluyen que el coeficiente intelectual es un factor que influye en menos de un 10% de la varianza entre los elementos que determinan el éxito de las personas.
Tampoco parece que la inteligencia sea el factor determinante de lo bien o mal que transcurren los días o los logros que hacemos en nuestra vida.
Lo que de verdad marca la diferencia son las ganas de aprender, el cultivo de las buenas ideas, el afán de ir a más, la construcción de una personalidad centrada, la profesionalidad como principio irrenunciable, el cultivo de las redes de amistades, el deseo de servir y, sobre todo, la habilidad de venderse bien.

Está demostrado que estos factores influyen de manera decisiva cuando se combinan de manera inteligente con los condicionantes genéticos y educativos.De poco serviría lo conseguido si no se ambicionara una mejora. Estas cualidades permiten hacer de nuestra profesión una inmensa fuente de satisfacción personal.

Hay que saber venderse.Vender es digno si se hace con profesionalidad. El prestigio profesional y la calidad humana son productos que se venden bien, y mucho. Vender nos obliga a mejorar el producto que somos cada uno de nosotros. Una persona es un gran producto cuando sabe integrar lo relacional y la tarea de manera natural. Cuando sabe pasar de la visión global al detalle, y viceversa, con igual destreza.

Las marcas ayudan a la venta. Cualquiera de nosotros debe hacer su marca personal para vender, para expresar su identidad y diferenciación en el mercado. Si eres respetado y sabes conectar emocionalmente con los demás, se crea por arte de magia la marca personal; una marca emocionalmente atractiva. Y es que ayer había nobles y plebeyos, después patronos y obreros, y mañana lo que habrá serán personas con marca y personas sin marca [. .]

El trabajar tu marca, no está motivado tan solo por «vivir en el mundo de los negocios»; el párroco del pueblo, el hombre de la basura, el maestro, el médico, el mecánico, el colega… todo el mundo «tiene una marca» que le posiciona en «el mercado» de las relaciones sociales.

He encontrado una referencia a este libro, que puede ser interesante (me gustaría poderlo comprar en pdf, y no contribuir a la tala de árboles…): Tu marca personal. Cómo conseguir gestionar tu vida con talento y convertirla en una experiencia extraordinaria.

Al igual que en las empresas, uno puede pretender «vender unos valores» de palabra, y luego, al cabo del tiempo, demostrar con los hechos que esos valores vendidos son humo, ya que las pautas de comportamiento son totalmente distintas.
Esto es muy típico en las empresas, es algo que me cabrea bastante: «el cliente está en el centro de la organización», «el cliente es lo más importante», «nos vamos a orientar hacia el cliente», algo que queda muy bonito en el powerpoint de turno, de cara al auditorio, pero tras el cocktail del final, todo el mundo olvida, nadie escucha al cliente; lo peor es que quien lo dijo, luego no pone los medios materiales (ni ideológicos) necesarios para que así sea, i.e., intentan vender «unos valores de marca» cuando en el día a día, practican otros.

En fin, ¿te has parado a pensar qué valores vendes con tu marca? 🙂

un abrazo,
aabrilru




campaña marketing nespresso – cosas de Madrid – micropost

Venía de cenar del VIPS de Velazquez, subiendo por la Castellana, cuando de repente he visto que había un tio subido en una grúa, haciendo algo en la fachada de El Corte Inglés de Castellana. No hubiese llamado la atención, de no ser porque había un foco intenso (del tipo «cañón» que iluminan a los cantantes en los conciertos desde atrás), que le iluminaba perfectamente y marcaba un círculo, cuál luna llena de verano, en la fachada del edificio, con este «operario» en el centro.

Grafiteros pintan lona gigante para Nespresso

.

Tanto me ha sorprendido que no he dudado en aparcar y bajarme para ver qué era. Al aproximarme, ya andando, he visto que el colega, con un bote de spray grafitero, estaba dale que te pego pintando una pancarta desorbitadamente grande, tanto como que cubre la fachada del edificio principal del corte de Castellana. Al poco, he recordado que la semana pasada leí la siguiente noticia en Marketing and news: Siete grafiteros profesionales pintarán una lona gigante para Nespresso.

Y como llevaba ya más de un mes sin estar en Madrid, me ha dado por pensar las cosas que hay en Madrid, entre otras, «que las noticias las vives en directo»…

un abrazo,
aabrilru